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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 09, Mayo de 2004

../images/blanco.gifEl síndrome de Chiquitos



Susana Seleme Antelo

“Alcides Pareja tiene el síndrome de Chiquitos” , dijo Cecilia Kenning cuando presentó el último libro del historiador: ‘Chiquitos: un paseo por su historia’ .
Si síndrome es un conjunto de signos y síntomas que hacen un cuadro clínico, no se equivocó Cecilia, pues tanto el pasado como el presente de Alcides llevan los signos de Chiquitos. Del ayer le vienen con sus bisabuelos y abuela paternos, chiquitanos de San Javier. El presente asume su máxima expresión en el Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana ‘Misiones de Chiquitos’ que hoy concluye su exquisita V versión.
¿Y cuáles los signos y síntomas de ese síndrome chiquitano? El amor y respeto a la cultura de los pueblos chiquitanos y guarayos.
Bienaventurado síndrome de Chiquitos, que se ha reproducido con obstinada audacia y perseverancia en Marcelo, Cecilia y René, que con Alcides, son los cuatro perfectos engranajes de la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC), gestora y responsable de esta amable quinta locura , de las anteriores y de las que vendrán.
Este festival sería impensable sin el Padre Piotr Nawrot, su director artístico. Él también tiene el síndrome: vino desde Polonia, hace 10 años, a ‘desencantar’ no la tierra, como Ñuflo de Chávez, sino las 5.500 partituras chiquitanas que lo estuvieron esperando durante más de 2 siglos, como lo esperan en Moxos.
Ni la paciencia de Job aguantaría para nombrar a todas las personas a quienes el síndrome de Chiquitos ha enamorado, desde patrocinadores, pasando por Paula, gerente infatigable de APAC, hasta las personas de administración y apoyo permanente o voluntario ¡Qué decir de Ejti Stij! Hizo del austero templo de San Roque una sinfonía de colores: del techo desnudo caían enormes telas de vivos colores, algunas con partituras musicales pintadas, que combinaban con los largos y también coloridos cojines de los bancos. Policromía contrastada con un fondo sobrio e impactante: un Cristo blanco, al que cubría un extenso velo transparente.
¡Qué hazaña cuajada de amores, afanes y desvelos se han conjugado en los 119 conciertos de óptima calidad, interpretados por 928 músicos de 43 grupos y 21 países, en las 17 sedes de esta quinta versión! En esta capital y en todos los pueblos de las antiguas misiones jesuíticas, la gente llenó y rebasó iglesias y locales. Escuchó y disfrutó hasta la emoción cada interpretación. Aplaudió con alegría y pasión a todos los grupos. El festival llegó a la gente, mucha gente joven, y la gente le dijo presente al festival. Los medios de prensa también.
Qué locos adorables estos de APAC, desde que hace 8 años apadrinaron al Coro y la Orquesta de Urubichá, de la mano de Rubén Darío Suárez, que ha multiplicado esa proeza en otros siete pueblos de las misiones.
No basta decirles a Alcides, Cecilia, Marcelo, René y Padre Piotr, gracias por este regalo a Santa Cruz. No basta, pero hay que decirlo: gracias por este amor que enamora. Algo así le hace falta a Bolivia.

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