Cada año se repite un dilema
Willi Noack
Los bachilleres -y sus padres- enfrentan cada año el mismo gran dilema: la
elección de su futuro. Miles salen de los colegios cada año y tienen que tomar
una decisión trascendental: ¿y ahora qué?
Mientras que en otros países se investiga científicamente cómo será el futuro de
la demanda laboral, ofreciendo una orientación responsable sobre cuáles serán
las profesiones con buenas perspectivas en el futuro, en Bolivia predomina la
confusión. No hay financiamiento –dicen- para instalar un sistema permanente de
análisis del futuro mercado laboral que tienda a terminar con esta confusión.
Es loable pero no suficiente que desde hace ya casi diez años, la Federación de
Profesionales de Santa Cruz – FPSC - ofrezca con sus ya reconocidas ‘Jornadas’
una cierta orientación en cuanto a la vocación personal de los participantes. El
resultado de este trabajo es útil para un bachiller, pues escucha una opinión
acerca de sus dotes y dones que le sirven en mayor grado para ejercer una
determinada profesión, pero que no son útiles para triunfar en otra.
Las universidades organizan campañas para vender su producto, la formación
superior, que hoy en día no termina con la licenciatura, pues sin un ‘postgrado’
el licenciado no es competitivo. Y de esta manera se insinúa al bachiller que
entre nomás a la casa de estudios superiores, y si sale después de largos años
de sacrificio personal y de sus papás (financiando el estudio), en muchos casos
tiene que sufrir por haberse formado en una profesión sobresaturada.
Muchos padres tienen una culpa directa en esta frustración. En el afán de tener
hijos académicos en la familia, mejor que sea un ‘doctor’, permiten y los
motivan a elegir carreras sin futuro. Mientras, Bolivia precisa con urgencia
mano de obra calificada, a lo mejor preparada mediante la ‘formación dual’, que
en Santa Cruz se conoce como el método de Infocal o de Incoocap (y quizás
aplicado en algunos otros institutos); la carrera de un técnico medio o técnico
superior no goza del prestigio merecido. Según información conocida desde hace
un tiempo, el 90% de los estudiantes de Infocal cuentan con un trabajo
permanente una vez terminados sus estudios teóricos y prácticos. ¡Cuántos
licenciados en abogacía, los ‘doctores’, deben ganarse su vida con empleos
ajenos a sus estudios! No obstante, esta carrera y otras ‘tradicionales’ siguen
estando entre las preferidas. Es necesario insistir en la necesidad de aumentar
el ‘estatus social’ de los técnicos, y una ayuda para ello sería el
reconocimiento del colegio de técnicos en la FPSC.
He aquí un serio problema para Bolivia. Sus mejores recursos humanos, su capital
humano, se capacita en vano, y muchos no ven otra solución que emigrar. Esta
fuga de cerebros – probablemente se van los más dinámicos, los más audaces, los
más emprendedores – causa un déficit enorme de potenciales empresarios en
grandes empresas y Pymes, a escala de mandos medios, y eso es perjudicial para
el logro de altos niveles de competitividad.
Si los profesionales salen de una universidad estatal, el daño para Bolivia es
aún más grande: ellos fueron ‘becados’ por la sociedad, el Estado invirtió en
ellos pero no recibe el retorno de esta inversión. ¡Mal negocio!
Finalmente, un consejo: sea cual sea la elección, hay que dominar el inglés y
las TIC, las tecnologías de la información y de la comunicación.
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