Ocho siglos de masonería
Credo. Un ejemplar de la Constitución masónica, que se basa en la tolerancia
Alonso de Contreras
Hermandad. La organización celebró su séptima reunión mundial de Grandes
Logias esta semana en Santiago
Ochocientos años después de que los constructores de las catedrales crearan
el primer gremio libre, sus sucesores, los francmasones, analizaron en una
reunión mundial en Chile el papel de la masonería en el siglo XXI.
La VII Reunión Mundial de Grandes Logias comenzó el miércoles en Santiago de
Chile con una reunión a puerta cerrada a la que siguió, el jueves, la
inauguración pública por parte del presidente de la república, Ricardo Lagos.
La reunión terminó ayer con la asistencia de Grandes Maestros o sus
representantes de más de 80 Grandes Logias nacionales de todo el mundo, fue la
continuación de la VI reunión celebrada en Nueva Delhi en 2002.
El tema central de la asamblea, presidida por el Gran Maestro de la Gran Logia
de Chile, Jorge Carvajal, y el Secretario de la Conferencia Mundial, el
estadounidense Thomas W. Jackson, fue El universalismo masónico y la sociedad
mundial en los inicios del siglo XXI.
Bajo este epígrafe, los masones discutieron asuntos internos y externos de la
orden, buscando “el rescate de los valores éticos superiores y la recuperación
de un modelo ideal de hombre”, según dijo Jorge Carvajal.
La institución, que carece de un órgano rector en el contexto mundial -’no
tenemos un Vaticano’, según Carvajal- no hará públicos los resultados de la
reunión, aunque podría emitir una ‘declaración de Santiago’ con los ideales
generales de la masonería.
El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, antes de la reunión, destacó el
universalismo de la orden en dos sentidos: que está extendida geográficamente
por todo el mundo y que acoge a miembros de cualquier tendencia política,
pensamiento y religión, bajo el principio rector de la tolerancia.
La masonería actual, la especulativa, sucesora de la operativa del gremio libre
de los albañiles del siglo XIII, se define como “una alianza universal de
hombres ilustrados, unidos para trabajar en común en el perfeccionamiento
intelectual y moral de la humanidad”.
Calificada como secreta, la masonería se ve más bien como ‘discreta’, y defiende
su derecho a no hacer públicos los ritos y símbolos que utiliza para la
formación iniciática de sus miembros.
La masonería vivió periodos de persecución “en países o dictaduras donde se
consideraba que el libre pensamiento era peligroso”, según Carvajal, pero hoy su
actividad es lícita en todos los países democráticos e incluso está, como es el
caso de Chile, entre los organismos consultores del Estado.
Entre las cuestiones externas de la reunión estuvieron el terrorismo y la
desigualdad social, fenómenos que la masonería considera ‘antípodas’ de sus
principios de igualdad, libertad y fraternidad.
Esta reunión, que sigue a otras semejantes que se celebran cada 18 meses en
México (1995), Portugal, EEUU, Brasil, España e India, recupera la practica de
la Asociación Masónica Mundial, suspendida por culpa de la II Guerra Mundial.
Ese conflicto obligó a muchas grandes logias a cerrar sus puertas o exiliarse,
como ocurrió con la Logia de Hamburgo en Chile.
En un hecho inédito, el presidente Ricardo Lagos inauguró públicamente la
reunión. La orden, que prohíbe a sus miembros revelar los nombres de otros
‘hermanos’ hasta el día de su muerte, homenajeó en Chile al libertador Bernardo
O’Higgin’s.
El ex presidente Salvador Allende, muerto en el asalto al palacio de La Moneda
en el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, también pertenecía a la
masonería.
Grandes Maestros asistentes subrayaron que la orden es reconocida por sus
aportes a la conquista de los derechos civiles y las libertades públicas en el
mundo.
Agregaron que la masonería no es una religión, ni una secta ni un partido
político: “no es política, aunque hay masones en la política como en cualquier
otra actividad profesional”.
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