Con una intención no muy clara, que no nos
atrevemos a calificar de mala, pero que resulta muy difícil, imposible casi,
tomarla por buena, no pocos portavoces de sectores sociales y políticos,
especialmente del interior de la república, tratan de mostrar al empresariado
cruceño como si fuese otra cosa, algo diferente, de lo que en conjunto llamamos
cruceñidad.
Al parecer conciben que hay una línea divisoria o que se la puede trazar e
incluso profundizar, entre los empresarios y los demás sectores sociales de
Santa Cruz de la Sierra. Se maneja, con intención más o menos sospechosa, la
idea de que el empresariado de nuestra región está allí, bien arriba, ciego y
sordo frente a los problemas penosos de la crisis, de la pobreza, enfrascado en
lo suyo que, se supone también maliciosamente, no es otra cosa que el desmedido
afán de hacer plata, de enriquecerse a como dé lugar.
Pues, consideramos que es de estricta justicia aclarar que no es así. El
empresariado cruceño nunca ha estado divorciado de los sectores sociales y tan
es así que hoy, cuando la crisis económica y la pobreza golpean fuertemente no
sólo a la región, sino a todo el país, hay muchos empresarios cruceños que si no
están sintiendo en carne propia los rigores de la pobreza, la están orillando y
a punto de precipitarse de cabeza en ella.
El empresariado cruceño empezó y se formó con mucho esfuerzo personal. Puso en
juego un gran caudal de energías, una sorprendente visión de futuro y una
apreciable inteligencia. Se cimentó, casi en la generalidad de los casos, sobre
los sudores, las iniciativas, los emprendimientos de sus antecesores familiares,
acometió sin vacilaciones la tarea de bregar por la eficiencia y la calidad,
modernizando aquí, mecanizando allí, en fin, dando pasos hacia adelante, sin
contar con políticas de apoyo, de estímulo, de protección, cuando menos, de las
instancias gubernativas llamadas a cumplir esta parte inexcusable del servicio
público.
Resumiendo, el empresariado cruceño tomó su espacio, asumió desafíos muy serios,
creció y alcanzó dimensiones internacionales significativas sin contar con el
estímulo ni con el apoyo de los mecanismos competentes del Estado nacional.
Y con puntualidad respondió a las citas del civismo. No se hizo rogar dos veces
cuando se lo convocó para ser parte de las santas y de las legítimas rebeldías
cruceñas en el tema de las reivindicaciones que tan sañudamente les eran negadas
a nuestra región. Sin perder de vista la necesidad vital de afianzar su
consolidación, el empresariado cruceño fue a toda hora un combatiente de primera
línea de todas las lides reivindicacionistas que tuvieron su apogeo a finales de
la década de los años cincuenta.
Se habla hoy de autonomías, de gobiernos regionales, de ese proyecto sencillo y
patriótico al que se ha bautizado, no sin ánimo peyorativo, como “la media
luna”. Y tras hacer mención de esos temas, se involucra al empresariado, no como
parte interesada, sino en disidencia supuestamente, con los demás sectores
sociales.
Pues, así no es la cosa. Todos, no sólo en esta región, sino a lo ancho del
país, queremos probar una experiencia nueva que coloque al país nuestro
boliviano en el camino de sus destinos superiores. ¡Ni más ni menos!
La payasada de los feriados
Dominicus
Durante la administración Banzer–Quiroga se
aprobó una norma referida a los feriados y a la manera de aplicarlos. La
disposición no tenía mucho de original; copiaba elementos de sentido común ya
aplicables en naciones vecinas. Básicamente, se trataba de darle flexibilidad a
algunos feriados y “correrlos” hacia el viernes o el lunes, para darle así
continuidad a la semana evitando el feriado “sandwich”, como también para
incentivar el turismo con la perspectiva de fines de semana más largos. Se
mantenía la inamovilidad de ciertas fechas que no pueden cambiarse, tales como
Navidad, Año Nuevo y otras.
Por lo que he visto en Argentina, este sistema ha funcionado y funciona bastante
bien. Es más, a principios de año se saca una cartilla que orienta a empresas y
trabajadores acerca de los feriados, ayudándoles a planificar sus actividades.
Al principio, pensé que algo así sucedería en Bolivia, pero está visto que este
es el país de la dimensión desconocida, donde todo sale al revés. Poco a poco,
por presión de diversos sectores, la flexibilidad de los feriados se ha ido
achicando hasta casi no ser tomada en cuenta. Por otro lado y cada vez que hay
algún feriado como el del pasado 1º de mayo –que cayó en sábado– se suceden
disputas, reclamos y propuestas a favor o en contra hasta que, en el último
minuto, recién se sabe si habrá o no feriado.
Todo esto me parece una barbaridad. Una muestra más del absoluto desprecio de
los gobernantes de turno hacia su pueblo, al que teóricamente deberían servir y
no utilizar, como habitualmente sucede.
Mientras en otros países –que tampoco son dechados de virtud pues tienen sus
propios problemas graves– por lo menos se le otorga transparencia a la gente
para que planifique sus feriados, acá ni el empresario más copetudo ni el más
humilde trabajador saben lo que sucederá hasta la hora nona. Resultado:
incertidumbre y por supuesto menos turismo, ya que mucha gente pierde la
oportunidad de viajar por no poder planear con antelación su mini vacación.
Yo exijo que se acabe esta payasada. O volvemos al sistema tradicional y el
feriado que caiga el día que caiga, o brindemos al soberano una transparencia
adecuada con respecto a qué jornadas serán laborables y cuáles no lo serán. Así
de simple.