Congresistas y cívicos proponen abrir mercados para el gas
Desarrollo. Las autoridades dicen que las petroleras deben seguir operando
La Prensa
Hidrocarburos. Los mercados se volverían de
difícil acceso debido a las limitaciones de las empresas estatales como
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos de escasa credibilidad y músculo
financiero
Entre las voces importantes para decidir sobre la
nacionalización está la de los prefectos, dirigentes cívicos y directivas
regionales de los parlamentarios de los nueve departamentos. Ellos, luego de una
reunión con el ministro Xavier Nogales, el último día de mayo, descartaron la
nacionalización del petróleo y el gas.
Plantearon sin embargo, la recuperación de los hidrocarburos, el aumento de las
regalías, ajustes en el Impuesto Complementario a los Hidrocarburos, el
fortalecimiento de YPFB y la industrialización del gas natural. Los
departamentos del oriente y el sur insistieron también en la necesidad de
exportar el gas.
La inviabilidad de la nacionalización, según el cívico tarijeño Roberto Ruiz
Bass Werner, se debe al hecho de que la industria petrolera es cada vez más
competitiva y no sólo requiere de capitales en una escala a la que no puede
acceder en el corto plazo un país quebrado como Bolivia, sino tambien de
tecnología, know-how y relaciones mercantiles. A diferencia del petróleo, el
negocio del gas natural requiere grandes inversiones en el desarrollo de campos,
la construcción de ductos e infraestructura de transporte y, por ello, requiere
contratos de largo plazo que aseguren la posibilidad de que los inversionistas
recuperen sus recursos y obtengan utilidades.
“En el contexto de una nacionalización, los mercados se volverían de difícil
acceso debido a las limitaciones intrínsecas de las empresas estatales como YPFB,
de escasa credibilidad y músculo financiero, a pesar de lo que puedan opinar los
nostálgicos que sueñan con resucitarlas”, dice Ruiz.
Para este dirigente, en el hipotético caso de nacionalizar los hidrocarburos,
Bolivia tendría que encontrar $us 6.000 millones para indemnizar a las empresas
petroleras y desarrollar los campos. Por tanto, los sectores radicales deberían
establecer la viabilidad de su propuesta.
“Deberían explicar cómo conseguir los recursos para ello. Presentar un esquema
convincente de desarrollo de la industria petrolera nacional estatizada, basado
en los recursos actuales del TGN, en los niveles actuales y futuros del riesgo
país y que tomen en cuenta la situación de aislamiento geográfico y político en
que nos colocaría una acción de este tipo”, sostiene.
Agrega que deberían explicar a los tarijeños por qué se resisten a aplicar la
misma lógica con que se piensa el gas a la minería del occidente boliviano, por
qué no se exige la industrializacion previa del estaño o de la plata, por qué no
se prohíbe su exportación como materia prima, por qué no se exige la
recuperación de los minerales para los bolivianos, por qué no se sube la regalía
minera del cuatro al 50% y, en general, por qué la lógica de mercado y la
técnica económica sólo deben usarse para la minería paceña, orureña o potosina y
en cambio para los otros no.
El Chaco tiene
otra visión petrolera
La ‘media luna’ también tiene sus divisiones. Los
dirigentes del Chaco, donde está el 80% de las reservas hidrocarburíferas del
país, critican constantemente la visión de los departamentos del sur.
Hace poco se conformó el Comité de Defensa de los Hidrocarburos del Gran Chaco.
Su propuesta apunta a la industrialización a gran escala, algo que sólo sería
posible con la recuperación de la propiedad del gas.
Para lograrlo, sugieren que Bolivia, en apego al artículo 30 de la Ley de
Hidrocarburos, revierta las parcelas declaradas comerciales en las que las
empresas petroleras no hayan perforado un pozo de explotación o inyección cada
cinco años.
Con esta medida, que consideran plenamente legal, se recuperaría el 60% de los
hidrocarburos. Para recobrar el resto, el Gobierno debe ver la manera legal de
anular los contratos de riesgo compartido y de capitalización, por vicios e
incumplimiento de contrato.
Si aun así, quedaran hidrocarburos en manos privadas, éstos deberían ser
nacionalizados. Posteriormente habría que suscribir un nuevo tipo de contrato
con las empresas que estuviesen dispuestas a industrializar el gas boliviano.
Como se recordará, la dirigencia del Chaco ya amenazó con la creación de un
nuevo departamento y mantienen la idea de ser autónomos, sin embargo la decisión
no es fácil y es un problema que involucra a todo el territorio nacional.
NFR
plantea la reversión al Estado de las concesiones
El ex ministro de Hacienda y diputado de NFR,
Dante Pino, entregó un proyecto de ley de nacionalización de las empresas
petroleras, que en siete artículos plantea, principalmente, la reversión al
Estado de todas las concesiones dadas a las empresas Chaco, Andina y Transredes
(pero no la participación de Petrobras), la nacionalización de todas sus
instalaciones, inmuebles, medios de transporte, estudios, planos, proyectos y
todos sus bienes, sin excepción alguna.
Establece el control por parte de las Fuerzas Armadas de los campos,
instalaciones y demás pertenencias de las empresas señaladas y la creación de un
Consejo Nacional del Petróleo para determinar montos, condiciones y términos de
las indemnizaciones a las empresas petroleras.“Bolivia está siendo obligada a
asumir esta decisión”, dice.
Carlos Villegas / Economista
Es un tema netamente político
Las normas jurídicas nacionales e internacionales
(acuerdos de protección recíproca a las inversiones) posibilitan una
nacionalización por causa de utilidad pública, dando lugar a indemnizaciones a
las empresas afectadas por la expropiación.
La privatización y capitalización prácticamente cercenaron la soberanía
boliviana y la captación del excedente. Con suficientes respaldos legales es
posible una nacionalización en Bolivia, que tendría que estar orientada no sólo
a la recuperación del derecho de propiedad, sino fundamentalmente a un objetivo
expreso, que también es de utilidad pública: promover la industrialización del
gas natural.
La nacionalización es una decisión estrictamente política que requiere de un
componente fundamental: un apoyo social genuino, consciente de la necesidad, las
implicaciones y las repercusiones de esta medida.
Antes de nacionalizar hay que dar pasos previos: Primero, recuperar las parcelas
que no han sido perforadas o inyectadas por las empresas petroleras, al tenor de
la Ley 1689, lo que implicaría quedarse con el 40% de los 55 TCF de reservas
existentes. Segundo, establecer si las empresas petroleras no cumplieron con sus
compromisos de inversión. Para las empresas capitalizadas (Chaco, Andina y
Transredes), en las que los bolivianos tienen un 49% de acciones habría que
hacer lo siguiente: Siendo insuficiente la propuesta gubernamental de pedir que
el referéndum determine la transferencia de estas acciones a YPFB, habría que
lograr un cambio cualitativo en el contrato de administración. También se
tendrían que fusionar las acciones de los bolivianos (49%) y de los ex
trabajadores de YPFB (1 ó 2%) para lograr una presencia eficaz del 50% en los
niveles de decisión.
Para las otras empresas, se pueden dar dos salidas. La primera es la
nacionalización del 51% de las acciones, de modo que el Estado participe en las
decisiones, negocios y ganancias en todas sus fases.
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