Hay una hermosa niña en lucha angustiosa, pero
tenaz por su salud. A la sombra de su valerosa madre que no pierde las
esperanzas, que confía en Dios, la niña hermosa, en medio de su inconsciencia,
no pierde su tierna sonrisa.
Según los antecedentes de este triste caso, la niña es una víctima de la
negligencia médica. Dilucidar si hubo o no negligencia médica ya está en manos
de la justicia ordinaria. En esta instancia se sabrá si realmente hubo omisiones
culposas en la atención de un ser humano o si obraron en el hecho factores
imprevisibles o incluso la insondable voluntad de Dios Todopoderoso.
Ningún comentario más, de nuestra parte, en torno de este doloroso tema. Como
orientadores responsables de la opinión pública, esperamos el juicio médico
definitivo que está pendiente y que, sin duda, habrá de darse, y más temprano
que tarde.
Pero nos parece que con ánimo prevenido se está queriendo crear un clima de
desconfianza, de recelo en torno del profesional médico y, de paso, o más bien
de manera directa, respecto de hospitales y clínicas, especialmente las del
sector privado. No es justo que tal cosa esté ocurriendo. Al menos ésta es
nuestra modesta y desinteresada opinión.
Errar, por supuesto que los médicos pueden errar, igual que erramos todos los
seres humanos, y no una sino muchas veces, en el curso de nuestras vidas. Pero
de ahí a que se atribuya al error, como parte insoluble de éste, la negligencia,
nos parece definitivamente desproporcionado.
La del médico es una profesión realmente esforzada y sacrificada. Con sobrada
razón, en muchas partes, incluyendo nuestro país, se habla de la medicina como
un apostolado. Para ser médico, se necesita sobre todo vocación y a más de esto,
costosos y largos estudios que nunca terminan prácticamente. El profesional
médico vuelve siempre a sus gruesos libros, y así tiene que ser hasta el último
día de su ejercicio porque el arte o la ciencia de curar avanzan tanto de hoy a
mañana, en la medida en que nuevos males atacan a nuestro organismo.
El profesional médico, por otro lado, no está generalmente sujeto a un horario
de trabajo ni puede disponer de sus días de descanso de ley ni de los feriados
especiales, puesto que las enfermedades no se declaran dentro de los marcos
laborables, ni respetan el sueño ni reconocen el derecho a la diversión. En fin,
el profesional médico debe estar en el puesto del deber y acudir con prontitud
cuando se lo requiere porque una vida humana pende siempre de su presencia.
El médico, por todo lo dicho y por lo mucho que todavía se puede decir, merece
el respeto y la alta consideración de su comunidad. ¿Qué se equivoca? ¡Pues
claro que suele ocurrir, sólo Dios es infalible!
La silla eléctrica
Oso Molino* ®® Sonría “Plis”
Ser
entrenador de un equipo de fútbol profesional es vivir sentado en una silla eléctrica.
Eso ocurre acá y en todas partes del mundo. Me corrijo, porque ocurre en todas
partes del mundo, nos copiamos para convertir al fútbol en algo tan importante y
apasionado, que a más de la silla eléctrica le agregamos una olla a presión,
siempre dispuesta a estallar.
Cuando yo veía la cara de miles de bolivianos confundidos y muy dolidos me
pregunté, ¿cómo será estar en los zapatos del técnico?
Grande fue mi sorpresa cuando me enteré que el asistente que sostenía el
paraguas de Acosta, resultó ser primo de una ahijada que tengo y que a la vez
está casada con un kinesiólogo, detalle que no importa mucho en este análisis.
Dicho primo, recogió los papelitos que iba anotando el técnico y me los hizo
llegar mediante mi ahijada. Sólo son fragmentos porque están borrosos y mojados
con lágrimas y con la lluvia.
Revisemos lo que anotó el DT.
No hay apoyo del medio campo. El medio campo no apoya. No hay medio campo.
Es que empezamos tarde. Los culpables son los dirigentes.
¿Por qué no enfrenté a Chile con el mismo equipo que ganamos a Colombia? Soy un
terco.
De aquí arriba no veo muy bien. Creo que nos hicieron un gol.
Van a decir “el entrenador no conocía nuestra realidad”.
El equipo está en formación. Esto recién empieza. Ya iremos sumando.
Esta es la realidad del fútbol boliviano.
Creo que nos hicieron otro gol.
Hay que empezar a trabajar en divisiones inferiores.
No pueden haber dos cabezas que manejen el fútbol nacional.
Paró la lluvia, pero siguen lloviendo insultos. La altura nos hizo mal.
El malagüero es Evo Morales. Había que jugar en El Alto.
Sacando cuatro puntos en el exterior nos ponemos al día.
La esperanza es lo último que se pierde.
Esperanza hay, lo que no hay es equipo, pero estos partidos son para tener roce
internacional.
El esquema confundió a los jugadores.
En la próxima vez lo llamo a Baldivieso, siempre y cuando haya “próxima vez”
para mí.
Hay que tener entrenador boliviano y jugadores extranjeros para clasificar al
mundial.
Bueno, ésos eran los apuntes más importantes. Otros son muy personales, como una
lista de cosas que le hizo su esposa para que el “Pelado” le compre en el
mercado, antes de volver a su casa.
* Bailarín de “La Diablada” que se enteró del resultado recién ayer, por
mantenerse 72 horas bailando en un mar de lagrimas.