Fátima Soria Fernández / Madre de Karla Lorena Guzmán Soria «No tengo derecho a comer ni a sonreír»
Alicia Bress Perrogón
El 10 de diciembre de 2003 su vida dio un
vuelco completo. Su hija quedó en estado de coma, por supuesta negligencia
médica. Ella no bajó los brazos. Lucha día tras día para alcanzar el sueño de
que su hija vuelva a ser una niña normal. En momentos de dolor encuentra
consuelo en Dios
Es una mujer de temple, que transmite fortaleza.
Así es Fátima Soria Fernández (35), una madre que pese al sufrimiento y al
dolor, tiene el coraje de luchar día a día para que su hija Karla Lorena Guzmán
(11), que el 10 de diciembre de 2003 quedó en estado de coma, después que le
practicaran una cirugía de adenoides en la Clínica Santa María, vuelva a ser una
niña normal. “Karlita es mi única razón de vivir, después de Dios, por eso he
dejado todo para dedicarme a ella por completo y sé que lo vamos a lograr”, dijo
con lágrimas en los ojos.
- ¿Qué pasó con su vida?
- Dio un vuelco de 90 grados. Llevaba una vida normal. Siempre viví sola con mi
hija. Mientras Karlita estudiaba, hacía ya dos años que trabajaba en el
consorcio jurídico Paniagua, que es como mi segunda familia. No sé qué pasó con
mi vida. No lo entiendo. Salí de mi casa un 10 de diciembre a las 6:30 y no
volví más. No sé qué pasó con mi perro y mi gato, no sé de la oficina, ni de las
causas que llevaba. No tengo cabeza para nada. Mi vida es mi hija, es mi
compañera y mi razón de vivir. Paramos de hospital en hospital y de clínica en
clínica. Espero que Dios me dé sabiduría y fortaleza para que Karlita se
recupere.
- ¿A quién se aferra?
- A Dios, cuando estoy sola con mi hija, hablamos con Él. Sé que ella habla con
Diosito y Él nos da fuerzas para seguir de pie todavía y será hasta cuando Él
quiera y decida.
- ¿Le reclamó a Dios?
- Sí lo hice. Al principio le reclamé. No lograba entender, siendo que hay
tantos niños en la calle que no tienen para comer, tantas madres que abandonan a
sus hijos y ella que es mi única hija, que yo sólo vivo para ella. No me casé
nunca, porque me dio miedo darle un padrastro, por eso le decía: ¿Por qué
Diosito? ¿Por qué a ella?
¿Lo ha aceptado?
- No sé si lo he aceptado, pero entiendo que Dios tiene una misión para mí y
para mi hija y todos los días le pido que me ilumine y me guíe hacia el camino
para dejar se sufrir, volver a sonreír y que mi vida vuelva a ser normal con mi
hija.
- ¿Dejó de sonreír?
- No tengo ganas de sonreír, porque me duele. Si me ven un poco más delgada es
porque siento que no tengo derecho a comer, porque veo que mi hija no come, no
tengo derecho a reír, porque ella no ríe. Siento que no tengo derecho a nada, ni
a enfermarme, porque ella me necesita.
-¿Dejó todo?
- Sí, sólo tengo cabeza para mi hija. Por eso pido ayuda. Yo ganaba y vivía
bien. He vivido siempre sola y de mi trabajo. Me vine de Argentina porque no
sabía qué hacer. No tenía dinero, pensé trabajar de empleada o de lo que sea,
porque mi profesión todavía no podía ejercerla, pero no había quién cuide a mi
hija.
¿Cómo se sustenta?
- Vivo de la ayuda de mi familia y, sobre todo de la solidaridad de la gente.
Recibí mucho de mi pueblo. No logro entender el amor tan grande que tiene el ser
humano acá en Santa Cruz y en todo Bolivia.
- ¿Se sintió débil alguna vez?
- Muchas veces. Es más, hoy y todos los días me siento débil. Soy un ser humano,
¿no?
- ¿Qué le da fortaleza?
- Que mi hija esté viva y que siga respirando, me da la fuerza que necesito.
Cuando Karlita está bien, yo lo estoy también, cuando está sufriendo, igual
sufro y me desespero.
- ¿Tiene esperanza de que su hija se va a levantar?
- ¡Claro que sí! Tengo fe y tengo esperanza. Pero a Dios le digo: Ve Tú Dios
mío, si crees que mi hija puede seguir viviendo así, dame fortaleza para que
siga a su lado, y si no, manda un rayo de luz y llévanos a las dos para que
descansemos. Yo no vivo sin ella, ni ella sin mí.
-¿Son muy unidas?
- Sí. Siempre dije que cuando ella se vaya a estudiar a otro lado, me iba a ir
con ella. Cuando se case sería su empleada y cuando tenga hijos yo sería la
abuela que ayudaría a criar a sus hijos.
- ¿Qué piensa de los médicos que operaron a Karlita?
- No los odio. Son humanos y cometen errores, pero no tomaron precaución. Hay
muchas cosas, que me di cuenta en Argentina, que ellos debieron hacer en
quirófano y no lo hicieron. Quizá se asustaron o se confundieron. Me duele que
no reconozcan su error. Me imagino que deben estar mal por lo que pasó.
- ¿Los perdonó?
- Perdón no les puedo dar, sólo Dios. Pero soy sincera, cuando mi hija está mal,
me da dolor y rabia y digo: ¿Por qué llevé a mi hija, por qué la entregué y no
entré con ella, si nunca estuvo sola?
- ¿Cuál es su momento de mayor desesperación?
- Todos los días. Sólo encuentro consuelo en mis oraciones. Desde el 10 de
diciembre estoy desesperada, pero tengo que seguir adelante.
- ¿Cuál es el contacto que tiene con su hija?
- Siempre fuimos amigas y confidentes, antes que madre e hija. Ahora le hablo y
me escucha. Le transmito fuerza y energía. Cuando estoy mal, me salgo o me
encierro en el baño, lloro y me desahogo. A veces deseo gritar y descargarme.
Aunque tengo familia, me siento sola y la soledad en exceso mata y consume.
- ¿El padre de Karlita puede ayudarla?
- Sí, él siempre fue un hombre bueno, nunca se descuidó, le pagaba el colegio y
la llamaba por teléfono. Alguna vez la sacó a pasear y la llevaba al campo. Ella
lo quiere mucho. Pienso que bajó los brazos y cree que la niña quedará así.
- ¿Karlita necesita a su padre?
- Sí, cuando él llamó a Argentina, le puse el celular al oído y ella hacía
gestos de alegría al escuchar su voz. Creo que le haría bien que él pueda
tocarla y hablarle. Sé que tiene su familia y sus hijos, pero Karlita también es
su única hija mujer.
- ¿Por qué no va a visitarla?
- El se siente mal, piensa que la gente lo mira con desprecio, por no estar al
lado de su hija, pero sé que él quiere a su hija y tiene su modo de pensar y
respeta a su familia.
Perfil
Dejó todo por su
única hija
Fátima
Soria Fernández nació en Santa Cruz el 22 de noviembre de 1967. Sus padres, ya
muertos, son Mario Soria y Dora Fernández. De profesión abogada, abandonó todo
para dedicarse al cuidado de su hija Karla Lorena Guzmán (11) que se encuentra
en estado vegetativo, de acuerdo al diagnóstico de los médicos, definición que
ella no acepta.
Desde el 10 de diciembre a la fecha, adelgazó más de 12 kilos. Es que come y
duerme muy poco, por la preocupación de brindar a su hija los mejores cuidados.
Es amante de los animales y de las plantas. Además, disfruta de un buen fin de
semana en el campo.
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