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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 28, Marzo de 2004

../20040328/images/sa9.jpgCongoja en las exequias de monseñor Luis Rodríguez


Procesión. Los sacerdotes del clero diocesano cargaron el ataúd caminando alrededor de la plaza central


Oswaldo Ramos Astibena

Monseñor Luis Rodríguez Pardo fue la máxima autoridad en la Iglesia católica cruceña, como primer arzobispo de la región, pero ningún funcionario gubernamental fue a despedirlo en la hora de su sepelio, cuando sus restos fueron bajados a la cripta de los obispos, en la nave derecha de la Catedral, como el prelado número 12 en ser sepultado en ese sitio.
Pero fue mucha gente y dirigentes de entidades, como el Comité pro Santa Cruz, Unión Juvenil y Excombatientes, organizaciones de religiosos y laicos, y todos los obispos que conforman la Conferencia Episcopal Boliviana.
La Basílica Menor de San Lorenzo se colmó de personas que acudieron a darle el último adiós al sacerdote cochabambino que después de su jubilación como autoridad eclesial, decidió quedarse en esta tierra, “hasta el día de mi muerte”, como una vez lo confesó a la prensa.
El reloj marcaba las 18:15 cuando el Cardenal Julio Terrazas, el clero diocesano de la Arquidiócesis y todos los obispos del país, iniciaron la procesión presidiendo al grupo de sacerdotes que alzaron el ataúd y recorrieron las calles alrededor de la plaza 24 de Septiembre, en medio de una llovizna intermitente. “El cielo llora”, dijo una señora vestida de negro. En medio del presagio de tormenta un trueno efímero apagó los sonidos de las campanas de la torre y la banda de música del Ejército que acompañaron a la procesión.
“Hermano y padre, tú conoces nuestras debilidades y necesidades, te pedimos que nos acompañes siempre”, expresó con voz entrecortada con un amago de llanto contenido, monseñor Tito Solari, quien trabajó con Rodríguez.
Se recordó el rol de este sacerdote que fue presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, en la creación del seminario para alentar las vocaciones sacerdotales.
Y en la calle, cuando llegó el general Lucio Añez, alguien comentó que monseñor Rodríguez evitó un derramamiento de sangre al mediar, pese a los riesgos de su propia vida, cuando Luis García Meza amenazó con sofocar el alzamiento de Busch y de Añez contra la dictadura, enviando efectivos militares a Santa Cruz. Él viajó con Lucio Añez a La Paz y posibilitó una salida pacífica.
Monseñor Rodríguez fue capellán del Ejército en la Guerra del Chaco, y entre sus grandes satisfacciones, como lo comentó muchas veces, fue haber recibido al Papa Juan Pablo II en su visita a Bolivia en 1988.
“En vida fue una lección permanente de fe, hoy pasa a ser leyenda del bien que todos recordaremos”, fue uno de los testimonios laicos pronunciados ante su féretro en la Catedral al finalizar la misa concelebrada por los obispos del país y el clero diocesano regional.
El Cardenal Terrazas bendijo el ataúd con agua bendita y humo de incienso rogando “que Dios lo tenga en su gloria”.

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