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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 28, Marzo de 2004

../images/blanco.gif¿Tendencia a mero síndrome?



Mario Rueda Peña

¿Cuáles son los factores que determinan lo que parece una tendencia adversa en América Latina a epílogos electorales orlados de banderas rojas y puños en alto?
¿La crisis? ¿La desconfianza que ahora promueven opciones radicales en masas votantes para las cuales el dulce ya no es la ideología, sino los ingresos y el empleo, así como las condiciones de seguridad y paz social que hagan posibles estos preciados bienes?
Tras los resultados electorales de El Salvador, cobran actualidad las anteriores interrogantes. Desde el punto de vista económico-social, este país centroamericano confronta uno de los peores momentos de su historia. La desocupación y el hambre hacen presa de un gran porcentaje de su población. La inseguridad ciudadana se apunta uno de los registros más altos de América Latina. Globalmente, si nos atenemos a la vieja lógica revolucionaria, se daban condiciones óptimas para que el domingo 21 de marzo, en el cuadrilátero electoral, la izquierda, representada por el Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí, pusiera fuera de combate al candidato presidencial de la derechista ‘Arena’. Pero el ‘nock-out’ fue más bien para el ex guerrillero Schafik Handal. Elías Antonio Saca , un empresario sin antecedentes políticos, (tiene apenas 43 años), le ganó con casi el 58% del total de sufragios. Tras este potente ‘round’ electoral, el Fnlfm quedó no sólo tendido en la lona, sino partido en dos. Luego del cierre del escrutinio, se dividió entre renovadores y ortodoxos, que ahora se acusan recíprocamente por la derrota sufrida.
Conste que al de El Salvador antecedieron en la región desenlaces electorales igualmente desfavorables a partidos o corrientes de ultraizquierda. Algunos podrían oponer los casos de Brasil y Argentina a la tendencia aludida. Pero es obvio que tanto Lula como Kirchner ya no son identificables con aquel rótulo. Apuntaban más al centro que a la izquierda las agujas del cuadrante programático con el cual llegaron al poder. Ambos líderes, si tomamos en cuenta lo que dicen y hacen hoy desde el poder político, encajan con más precisión en la imagen de un socialdemócrata.
Saca derrotó a Handal a punta de cantaletas electoreras alusivas a ingresos, empleo y seguridad que poco menos que apagaron el discurso del segundo, recargado de ideologismos y de viejas consignas revolucionarias. Merece ser tomado en cuenta que en gran parte debe su victoria al voto de los jóvenes, entre los cuales se acrecienta el desengaño en los viejos políticos, sean de izquierda o de derecha, por lo que prefieren opciones inéditas o nuevas como la que veían en Saca. Quieren ingresos y empleo, no utopía...
Definitivamente, el factor que determina la tendencia aludida es asociable a la crisis que actualmente castiga a casi todos los países de América Latina. La masa electoral atribuye a la política sistémica la causa de sus actuales padecimientos y cada vez que va a las urnas resuelve castigarla con el voto, inclinándose por recién aparecidos que, por cierto, tampoco le garantizan la luz al final del túnel. Una segunda causa tiene que ver con el desvanecimiento casi total de las viejas utopías. Estas ahora son luces apenas perceptibles en un variopinto horizonte de etnoculturalismos, territorialismos, regionalismos y nacionalismos, con eje impulsor en minorías furiosas atrapadas en corrientes regresivas que más bien promueven desconfianza e inseguridad en la gente.
¿Tendencia o mero síndrome? El transcurso del tiempo responderá en forma afirmativa o negativa a esta pregunta. Sobre todo, entre nosotros, los bolivianos, cuando acudamos a las urnas en 2007.

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