¿Tendencia a mero síndrome?
Mario Rueda Peña
¿Cuáles son los factores que determinan lo que parece una tendencia adversa
en América Latina a epílogos electorales orlados de banderas rojas y puños en
alto?
¿La crisis? ¿La desconfianza que ahora promueven opciones radicales en masas
votantes para las cuales el dulce ya no es la ideología, sino los ingresos y el
empleo, así como las condiciones de seguridad y paz social que hagan posibles
estos preciados bienes?
Tras los resultados electorales de El Salvador, cobran actualidad las anteriores
interrogantes. Desde el punto de vista económico-social, este país
centroamericano confronta uno de los peores momentos de su historia. La
desocupación y el hambre hacen presa de un gran porcentaje de su población. La
inseguridad ciudadana se apunta uno de los registros más altos de América
Latina. Globalmente, si nos atenemos a la vieja lógica revolucionaria, se daban
condiciones óptimas para que el domingo 21 de marzo, en el cuadrilátero
electoral, la izquierda, representada por el Frente de Liberación Nacional
Farabundo Martí, pusiera fuera de combate al candidato presidencial de la
derechista ‘Arena’. Pero el ‘nock-out’ fue más bien para el ex guerrillero
Schafik Handal. Elías Antonio Saca , un empresario sin antecedentes políticos,
(tiene apenas 43 años), le ganó con casi el 58% del total de sufragios. Tras
este potente ‘round’ electoral, el Fnlfm quedó no sólo tendido en la lona, sino
partido en dos. Luego del cierre del escrutinio, se dividió entre renovadores y
ortodoxos, que ahora se acusan recíprocamente por la derrota sufrida.
Conste que al de El Salvador antecedieron en la región desenlaces electorales
igualmente desfavorables a partidos o corrientes de ultraizquierda. Algunos
podrían oponer los casos de Brasil y Argentina a la tendencia aludida. Pero es
obvio que tanto Lula como Kirchner ya no son identificables con aquel rótulo.
Apuntaban más al centro que a la izquierda las agujas del cuadrante programático
con el cual llegaron al poder. Ambos líderes, si tomamos en cuenta lo que dicen
y hacen hoy desde el poder político, encajan con más precisión en la imagen de
un socialdemócrata.
Saca derrotó a Handal a punta de cantaletas electoreras alusivas a ingresos,
empleo y seguridad que poco menos que apagaron el discurso del segundo,
recargado de ideologismos y de viejas consignas revolucionarias. Merece ser
tomado en cuenta que en gran parte debe su victoria al voto de los jóvenes,
entre los cuales se acrecienta el desengaño en los viejos políticos, sean de
izquierda o de derecha, por lo que prefieren opciones inéditas o nuevas como la
que veían en Saca. Quieren ingresos y empleo, no utopía...
Definitivamente, el factor que determina la tendencia aludida es asociable a la
crisis que actualmente castiga a casi todos los países de América Latina. La
masa electoral atribuye a la política sistémica la causa de sus actuales
padecimientos y cada vez que va a las urnas resuelve castigarla con el voto,
inclinándose por recién aparecidos que, por cierto, tampoco le garantizan la luz
al final del túnel. Una segunda causa tiene que ver con el desvanecimiento casi
total de las viejas utopías. Estas ahora son luces apenas perceptibles en un
variopinto horizonte de etnoculturalismos, territorialismos, regionalismos y
nacionalismos, con eje impulsor en minorías furiosas atrapadas en corrientes
regresivas que más bien promueven desconfianza e inseguridad en la gente.
¿Tendencia o mero síndrome? El transcurso del tiempo responderá en forma
afirmativa o negativa a esta pregunta. Sobre todo, entre nosotros, los
bolivianos, cuando acudamos a las urnas en 2007.
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