Informacionalismo, la
propuesta del cambio
(Ver infografía)
El gas como principal base
económica (Ver infografía)
Sociedad marginadora pero
nacionalista (Ver infografía)
Bolivia está
buscando el diseño de un nuevo perfil de país, que le permita tomar en
cuenta a todas las culturas que tiene su territorio, que deje de ser
centralista e incluya a los habitantes que, históricamente, fueron
marginados. En ese espectro, el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) plantea la formación de un Estado intercultural,
globalizado y en red para lograr desarrollo humano.
El organismo internacional sugiere “una vía boliviana hacia el
tecnoinformacionalismo con desarrollo humano”, es decir, un sistema en el
que los actores del desarrollo, de acuerdo con sus valores, desarrollen sus
capacidades y opten, respetando su diversidad cultural, por el tipo de
inserción al mundo que más les convenga.
La propuesta del PNUD fue sometida a la mirada crítica de tres profesionales
bolivianos: dos sociólogos y un economista, quienes coincidieron en
calificarla de irreal, ingenua y hasta peligrosa para la preservación de la
multiculturalidad boliviana.
Las Naciones Unidas plantea que Bolivia emplee sus recursos naturales con el
propósito de incluir a toda la sociedad en los beneficios de una economía
abierta e integradora; además, propone la inserción activa del país en la
globalización. Asimismo analiza las posibilidades de transformar las
estructuras del Estado en función de una nueva gobernabilidad, que aproveche
las ventajas de las nuevas tecnologías y cree un gobierno electrónico (en la
red de internet).
Gustavo Prado, director del Instituto de Investigaciones Económicas y
Sociales de la Universidad Gabriel René Moreno, quien considera que el
planteamiento del PNUD se inspira en el paradigma tecnológico e
informacional de Manuel Castells, observó que el documento abunda en el
señalamiento de las ventajas que obtendría el país con el uso masificado e
inteligente de Internet, pero carece de un marco analítico idóneo para
explicar la dinámica de los cambios institucionales que nos transformarían
en una sociedad de la información.
“El informe ofrece recetas de lo que se debería hacer, pero dice muy poco
del cómo lograrlo”, cuestionó el economista.
Por su lado, el sociólogo Álvaro García Linera, cree que la propuesta del
organismo internacional está marcada por “una alta dosis de voluntad y
cierta ingenuidad, de buena fe, de sus autores”. El analista respalda su
crítica con las cifras que cita el mismo estudio acerca del acceso mínimo
que tienen los ciudadanos bolivianos al uso de internet.
“Estamos hablando de una sociedad que en términos de su estructura
productiva está, todavía, anclada en sistemas tecnológicos de tipo
tradicional de los siglos XV, XVI y XIX, como es el arado egipcio que usan
casi cuatro millones de bolivianos para producir en el campo”, justificó.
Ambos profesionales concuerdan en sus argumentos críticos sobre lo utópico
que resulta pensar en un Estado informático (“gobierno e”, como le denomina
el PNUD).
“Eso pudiera funcionar en sociedades que ya tienen una base tecnológica más
o menos homogeneizada”, sostuvo García Linera; mientras que Prado se
pregunta y se responde al respecto: “¿Cómo logramos esta fenomenal reforma
del Estado? Ensayar respuestas es tarea de todos los bolivianos, pero
estaríamos agradecidos con el PNUD si en el próximo informe de desarrollo
humano nos ayudara a responderla”, ironizó.
A García Linera le preocupa que la idea de crear un gobierno electrónico
distraiga el verdadero fondo del problema estructural de Bolivia. “Eso puede
obstruir la capacidad de ver los problemas de la construcción de nuestra
gobernabilidad y procesos de control social”, dijo.
El PNUD reconoce tácitamente el fracaso del modelo económico neoliberal en
Bolivia, aunque a esa frustración prefiere denominarle “agotamiento”.
Utiliza el eslogan “globalización sí, pero no así” para sugerir que el país
deje de ser pasivo en el mundo globalizado, promueva el informacionalismo
para ser activo y fortalezca la capacidad de acción del Estado, los actores
y los movimientos sociales.
Gustavo Prado opina que esa tesis del PNUD es acertada, pero dice que el
país debe tener presente que “el margen de maniobra para cambiar las reglas
de juego es muy estrecho”. Al mismo tiempo agrega que “urge disminuir las
disparidades a través de un esfuerzo concertado para que la globalización
destruya menos empleo y formas tradicionales de ganarse la vida y para que
la transición sea gradual”.
El economista sugiere que Bolivia se sume a las voces de los países
subdesarrollados que reivindican igualdad de oportunidades, tanto económicas
como culturales e insista en la idea de que “el fardo del cambio sea
distribuido más equitativamente entre países pobres y opulentos”.
Un aspecto fundamental del informe del PNUD está referido a uno de los
problemas sociales más cruciales del país: la exclusión social. El documento
debate la necesidad de construir una sociedad intercultural, que equilibre,
creativamente, el valor de la diversidad étnica y social del país.
A la socióloga Esther Balboa no la convence la iniciativa de las Naciones
Unidas de que la sociedad boliviana transite de lo multicultural (forma de
convivencia cultural entre distintos) a la interculturalidad (diversidad
cultural en términos étnicos, religiosos, regionales, etc.). “Ese proceso es
muy restringido. Pasar de la multiculturalidad, que es diversa y está en
diversas regiones, a una interculturalidad ciudadana, es limitante porque
nuestro país no sólo es ciudad, sino que la mayoría es área rural”,
sustentó.
La ex ministra de Educación y estudiosa de las culturas aimara y quechua,
considera que el informe del PNUD no tiene un contenido para el desarrollo
humano en Bolivia. “Es un planteamiento de modernidad más que de desarrollo
humano y está impulsado por occidente”, criticó. Argumentó que a los países
occidentales lo que les interesa es el pensamiento liberal centrado en un
mercado consumista. “Desde el punto de vista indígena, el desarrollo no es
el consumo y la mayoría en este país somos originarios. La globalización no
entiende eso”, apuntó.
El informe del PNUD está sustentado en una base de información primaria,
resultado de un amplio proceso de consulta, donde se utilizaron herramientas
metodológicas cuantitativas y cualitativas. Esa documentación, es una
especie de fotografía de la realidad social, política, cultural y económica
de Bolivia.
Los resultados fueron utilizados como cimiento para que el organismo
internacional proponga que el país impulse un nuevo modelo de desarrollo
humano sustentado en la explotación de sus recursos naturales (sobre todo el
gas), con un nuevo Estado descentralizado e informatizado (gobierno en red)
y organice una sociedad bajo pautas interculturales.
Conflictos son por recursos
naturales
Los diversos recursos naturales que tiene el país son
la causa de la mayoría de los conflictos sociales registrados en los últimos
23 años. Así lo revela una recopilación de demandas publicada por el PNUD.
Durante 2003, el conflicto por la coca reportó más eventos, le siguió la
denominada guerra del gas y enseguida estuvieron los conflictos por la
tierra y el territorio protagonizados por el Movimiento Sin Tierra.
Según el análisis de Naciones Unidas, el conflicto en Bolivia es el
principal factor de convulsión social en su historia democrática. Sostienen
que las convulsiones sociales están asociadas, en gran medida, con el inicio
de la crisis económica.
En 2003 se registraron 287 conflictos en el país, de los cuales 31 fueron
protagonizados por campesinos, 59 por aparatos centrales del Estado, 25 por
autoridades municipales, 18 por la población civil, 13 por los comités
cívicos, 12 por maestros, 11 por transportistas, 10 por indígenas, 10 por
obreros, 10 por universitarios y 88 por otras organizaciones.
Plan de “gas informacional”
no convence
Si en algo coinciden las conclusiones del informe
del PNUD y las posiciones de los críticos, es en que el gas natural es el
área que Bolivia debe impulsar para lograr desarrollo económico. Lo que
observan y no les convence es la idea del desarrollo informacional del
energético.
El informe del organismo internacional sugiere que Bolivia promueva el
informacionalismo como sustento de una transformación productiva de mediano
y largo plazo en el sector del gas natural. Utilizan el concepto de “gas
informacional” y consideran que podría ser la base del despegue para
acelerar un informacionalismo económico en el país.
García Linera sonríe cuando se le pide un criterio respecto de esta
sugerencia. “Creo que hay un uso medio fetichizado del concepto de
informacionalidad, que está bien para entender ciertas cosas, pero el uso
excesivo impide ver una serie de problemas”, apuntó. Argumentó que el debate
en Bolivia, respecto del gas, está concentrado en saber quiénes van a
gestionar el excedente gasífero que tiene el país. “Tal vez (el PNUD) está
eludiendo el tema de fondo, que es dirimir quién controlará la propiedad del
gas”, insistió.
Gustavo Prado considera que la propuesta del organismo internacional es
demasiado optimista cuando propone una relación profunda entre el Estado,
las transnacionales y la sociedad civil para que el gas se constituya en la
base del desarrollo informacional de la economía nacional. “Históricamente,
este tipo de pacto es difícil de lograr. Recordemos que el forcejeo por la
renta hidrocarburífera entre el Estado y las empresas extranjeras se
resolvió dos veces por la vía de la nacionalización en el siglo XX”, apuntó.
Las diferencias socioeconómicas incrementan
el racismo
El informe del PNUD prefiere denominarle
“intolerancia” a esa expresión de rechazo que hay entre las diferentes
culturas bolivianas. Desde la perspectiva del índice de tolerancia social
por estrato socioeconómico y adscripción étnica, el estudio muestra que la
tolerancia baja frente al otro distinto y considera que éste es un rasgo
relativamente generalizado en toda la población boliviana.
El sociólogo Álvaro García Linera, sostiene que estos resultados son el
reflejo de la realidad. “Sin duda la sociedad boliviana es profundamente
racista y esto explica el proceso de nacionalización incompleta que tiene
Bolivia, donde hay varias naciones, varias culturas y encima, culturas
jerarquizadas, idiomas jerarquizados, bajo mecanismos medio coloniales de
racismo”, afirmó.
Según el informe, el promedio de personas poco tolerantes en los distintos
grupos sociales encuestados es de aproximadamente 25%. Sin embargo, también
se observa que los sectores socioeconómicos altos y medios tienden a ser más
tolerantes que los medios-bajos y bajos. En tanto que los grupos indígenas
aparecen menos tolerantes que los criollos y otros grupos, mientras que los
mestizos aparecen más abiertos a la convivencia intercultural.
El documento también devela que los llanos muestran importantes márgenes de
tolerancia comparados con las otras regiones, mientras que en el altiplano y
los valles, la aceptación disminuye.
El sentimiento racista o de rechazo al otro que es distinto a uno, se
concentra en las regiones donde ha primado históricamente la discriminación
y la exclusión. Ese fenómeno está más asociado a las diferencias
socio-económicas que a las étnicas.
Establece que los niveles de aceptación en la vida cotidiana son
relativamente bajos entre los bolivianos, pero al mismo tiempo muestra una
alta autoestima y reconocimiento de las personas con quienes se comparte la
misma cultura, aunque advierte que esa tendencia no es plena. En general,
los mestizos tienen niveles elevados de tolerancia comparados con los
pueblos indígenas o los criollos.
Parece contradictorio, pero los resultados del estudio del PNUD revelan, al
mismo tiempo que el sentimiento racista, una profunda autoestima
nacionalista. El 97% de las personas consultadas expresaron estar orgullosas
de ser bolivianas; más del 92% dijo que “para que Bolivia progrese se
requiere pensar primero en el bien del país en su conjunto; y más del 70%
dijo que le gustaría ver, en el segundo centenario de la república, una
Bolivia abierta al mundo y que haya preservado su cultura.
Esther
Balboa Bustamante / Dra. en Ciencias Humanas
En 2025 no tendríamos ni un
indio
Cuando el informe
del PNUD habla de “mutar los valores, creencias, proyecciones, actitudes y
percepciones de la mayoría de los bolivianos que conforman comunidades”,
¿quiere decir que pretenden destruir todo lo que es la raíz cultural del
país? Yo lo he interpretado así.
Quiere decir que para 2025, Bolivia sería, definitivamente, un país sin
indios que es lo que, teóricamente, retrasa el ingreso a la modernidad.
Las conclusiones del documento no logran superar el tradicional
etnocentrismo de occidente en base a modelos que reflejan las preocupaciones
y las angustias que les causa el disfrutar de los beneficios de sus
sociedades industriales.
Indudablemente se nos está hablando de las nuevas formas en las que se ha
disfrazado el colonialismo que nos ha invadido hace 471 años. Así, nuestro
destino ha estado ligado primero, a las condiciones económicas, sociales y
culturales de España y hoy, a intereses internacionales difícilmente
identificables a través de las agencias de desarrollo y las instituciones
representativas del Estado, especialmente la educación.
De esta manera se nos presenta al Desarrollo Humano como algo estático,
sintetizado en indicadores que al fin de cuentas reflejan la superposición
de una visión del mundo sobre otra. Implica la "superioridad" de la cultura
occidental, frente a la "inferioridad" de los campesinos, de los indígenas y
de los trabajadores por cuenta propia.
Aún más, todos los esfuerzos están dirigidos a alcanzar los indicadores
determinados en los países centrales, como la "sociedad - red".
Este informe nos hace reflexionar que la penetración sistemática del
capitalismo en nuestro país ha logrado hacer surgir sentimientos nacionales,
una conciencia nacional y el anhelo de una identidad nacional: ser todos
bolivianos.
También podemos observar un retroceso a la ideología del liberalismo del
siglo XIX. Comparte su miedo a las masas y a
cualquier movimiento que estas puedan realizar, aunque claro está bajo una
forma cualitativamente más acentuada, como corresponde a las condiciones de
desarrollo de la tecnología, especialmente de la informática.