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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 28, Marzo de 2004

Material. El tabaco está apelmazado en las bolsas de yute

Santa Cruz ganó una tabacalera


Humo. Antes de cumplir 70 años, la Compañía Industrial de Tabacos decidió mudarse al oriente boliviano


Roberto Navia Gabriel

Avenida Montes 515, ciudad de La Paz. Quedan los vestigios de la colosa Compañía Industrial de Tabacos. La empresa ya no va más. Las máquinas y los seres humanos que la hacían funcionar han migrado a la región más fumadora de Bolivia: Santa Cruz.
"Aquí se fuman más de mil millones de cigarrillos al año", revelaron Jorge Pareja y Héctor Ippoliti, los hombres más fuertes de la industria tabacalera del país. Las cifras gritan. En Santa Cruz está el 45% de los amantes al tabaco, le sigue La Paz con el 26% y Cochabamba apenas llega al 15%.
Citsa quiso retribuirle a Santa Cruz el amor que le tiene al cigarrillo invirtiendo $us 5 millones en el traslado de la planta a Warnes. Ippoliti dijo que todo estará listo para el 23 de abril. Ese día la compañía cumplirá 70 años de vida y se realizará la inauguración oficial en Santa Cruz.
"Hemos hecho una mudanza total, hemos comenzado con la maquinaria y luego con la gente que es especializada en la fabricación de cigarros", dijo Ippoliti.
Citsa ganará por partida doble. Funcionará en el departamento que más consume cigarrillos y estará a sólo 135 km de Mairana, lugar donde se produce el tabaco negro, el que se utiliza para fabricar Astoria, Camba y Casino.

Detalle. Las cajetillas para colocar los cigarrillos son milimétricamente fabricadas en La Paz, vale decir, requieren de una precisión en su diseño

Sus costos de producción bajarán. Antes, el tabaco viajaba a La Paz para ser industrializado y luego retornaba al oriente en producto terminado, lo cual daba un costo elevado en los fletes. Pero esa historia ya no se repetirá más. Todo el proceso de producción se lo hará en Santa Cruz y desde este lugar se lo distribuirá al resto del país. "En noviembre de 2002 comenzamos a trabajar en Warnes y calculamos que el próximo mes estemos inaugurando la planta", adelantó Pareja.
“Se trata de una fábrica modelo a nivel latinoamericano, nada que ver con la que existía en La Paz y muy poco que envidiar con alguna otra de la región”, ha dicho uno de los trabajadores que caminaba por entre medio de la maquinaria que aún estaba quieta y a medio engrasar.
La nueva fábrica está levantada sobre una superficie de 10.000 metros cuadrados. Los albañiles están en la obra fina. "Es la que más cuesta terminar", dice Pareja, mientras camina y muestra a su izquierda la subestación de electricidad, y sigue caminando y enseña esta vez a su derecha los equipos generadores de aire acondicionado. "Es que el tabaco tiene que mantenerse con una temperatura y humedad templada", explica.
El semblante de Pareja pierde su brío cuando empieza a hablar del contrabando. El comercio informal copa el 47% del mercado nacional y el monto defraudado por el contrabando es de $us 14 millones. Son cifras que Pareja las dice de memoria porque considera que no es justo que el contrabando se lleve una importante tajada del mercado nacional.
La temperatura del cuerpo de Héctor Ippoliti aumenta cuando añade a las cifras que arroja Parejas. "El monto defraudado por el contrabando durante los últimos 20 años es de aproximadamente $us 190 millones". Pero la industria nacional no se rinde. El último año facturó $us 22 millones y aportó en impuestos al Estado $us 14 millones. Parejas e Ippoliti tienen fe que la institucionalización de la Aduana se note en una disminución del contrabando. Mientras tanto, la tabacalera seguirá funcionando, esta vez, desde Santa Cruz.

Cifras

Trabajadores 90 vinieron

Fueron los que apostaron por la nueva aventura. Muchos se vinieron aún sin familiares

Empleados 20 se quedaron

Le tuvieron miedo al calor y prefirieron cambiar de trabajo pero no salir de la sede de gobierno

Aniversario 70 años

En abril de este año la Compañía Industrial de Tabacos cumplirá un año más de producir cigarros

Tienen seis meses para acostumbrarse en tierra ajena

Lo primero que hizo Jorge Nina, (56), fue comprar una bicicleta. Llegó de La Paz a Warnes hace cuatro meses, trajo pocas cosas, lo que más le dolió es haber dejado a su mujer. Ya intentó traerla, se vino hace un par de meses pero sólo aguantó una semana. El calor le hizo salir unos granitos en las axilas y se fue con una tristeza que dejaba escapar su carita quemada por el sol. Pero lo intentará de nuevo el próximo mes hasta que se acostumbre.
Nina es uno de los 90 trabajadores que experimentó un cambio en su vida a raíz del traslado de la Compañía Industrial de Tabacos (Citsa).
Este hombre, que ya lleva más de 20 años haciendo cigarrillos, ni siquiera pestañeó cuando le dijeron que debería hacer maletas y dejar la altura porque sabe que trabajo no se encuentra en cualquier lado, y mucho menos en una tabacalera. Confía en que más podrá el amor que el calor y que su mujer tarde o temprano llegará a Warnes para no retornar nunca jamás a La Paz.
Los fines de semana, cuando la nostalgia ya no se la puede ocultar con el trabajo, los empleados se buscan los unos a los otros. Casi todos son vecinos. Citsa les alquiló viviendas y les compró ventiladores para que mitiguen el calor.
Angel Julián Quispe (38), ha fortalecido su amistad con Nina. Era algo impensable. En La Paz, cada uno estaba en lo suyo. De la fábrica a la casa y los fines de semana con la familia.
En Warnes es diferente. Nina comenta que por las noches juegan cartas y conversan como loros, cuentan historias y recuerdan a los suyos.
"Estamos más unidos que nunca, somos una nueva familia. En la paz todos teníamos familia, y acá estamos alejados", comenta y ríe en silencio porque se acuerda de la cara que ponen sus amigos cuando les gana una o más partidas de billar.
Héctor Ippoliti, gerente regional de Citsa, dijo que un grupo de médicos y visitadoras sociales están trabajando en la planta para ayudar en el tema sanitario como en el aspecto social. Los ejecutivos de la tabacalera saben que para mucha gente no es fácil cambiar de ciudad, de clima, de gente.
"En un principio pensábamos que nadie iba a venir, (a Warnes), pero todos quisieron embarcarse en el proyecto", afirmó Ippoliti, quien dijo que el compromiso es darles seis meses para que vean si se pueden acostumbrar, y los que no logren aclimatarse pueden irse sin problemas.

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