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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 28, Marzo de 2004

Faena. Este es el cuarto año que Tomás Vargas y Eusebia López se dedican a plantación de Tabaco. Desde hace una semana ambos están ocupados en tender las hojas para que se sequen al sol

La producción de tabaco de Mairana se hizo humo a causa de la sequía


Humo. De 1,2 millones de kilos de tabaco que se produjeron en 2003, este año apenas se sacarán 100.000 kilos. La lluvia no llegó aún a Mairana y las plantaciones de la materia prima fueron afectadas


Santa Cruz ganó una tabacalera

Aún no aprendió a fabricar bocanadas de humo con un cigarrillo, pero es un ‘tipazo’ para producir nicotina. Se llama Modesto Toledo y tiene 67 años de edad. Planta tabaco desde antes que tenga uso de razón. Es un experto. No lo dice él, lo afirma su mujer Leoncia (57), y varios de sus compañeros de jornadas.
No llueve desde hace cuatro meses en Mairana. La gente asegura que es la más dura sequía de los últimos 12 años. Los campos están secos y los campesinos están tristes. Las plantas de tabaco que hasta el año pasado rompían los 2,5 metros de altura, hoy están enanas, miden 0,80 cm.
El cielo no fue generoso este año. Mairana, la mayor región productora de tabaco negro del país sufre las consecuencias de la sequía. La gloria de producir más de $us 1,2 millones de kilos de tabaco en una cosecha se está haciendo humo. Este año apenas se cosecharán 100.000 kilos de la materia prima, lamenta Fernando Muñoz, gerente técnico en Mairana de la Compañía Industrial de Tabacos (Citsa).
La falta de agua afectó de dos maneras. No llegó cuando más se la necesitaba: en el momento en que los plantines debieron dejar los viveros para ser llevados a los campos, por eso el área sembrada bajó de 500 hectáreas a poco menos de 150.
Las pocas plantas que fueron llevadas al campo soportaron la sequía pero no crecieron como antes. Es decir, este año bajó la cantidad de hectáreas sembradas y el rendimiento de las plantaciones.
En Mairana no hay una persona que se jacte de ser el mayor productor de tabaco. El minifundio es el común denominador en la región. Según el último informe de Citsa, el promedio de tierra que tiene cada campesino es de 1,2 hectáreas.

Daño. Fernando Muñoz, de Citsa, muestra el efecto de la sequía

Muchos no pudieron plantar tabaco este año. Uno de ellos es don Modesto Toledo, un hombre de 67 años que sabe todos los secretos de la materia prima. Toledo no puede ni quiere estar sin hacer nada. Ahora está casi obligado a vender su mano de obra. Le pagan Bs 30 el jornal. En la mañana cosecha las hojas de las plantas de tabaco, lo hace con Leoncia Peña, su mujer. El es charlatán. Ella le huye a los forasteros. Modesto mostró sus manos negras engomadas con la resina de las hojas de tabaco. Ella pidió que no le tomen fotos. El hombre contó que tuvo que sembrar maíz en vez de tabaco. Dijo que la culpa fue de la sequía y del gobierno que hasta ahora no le paga el Bonosol. "Con esa platita iba a realizar inversiones en mi terreno. Yo no tengo papeles pues, y ya no intento cobrar porque dicen que soy mañudo".
Su mujer trabaja sin rezongar. Zigzaguea por las plantaciones. Por entre las hojas de tabaco su mano izquierda se mueve como lengua de rana que salta hacia su presa. Entre su brazo derecho y su costado aprieta la materia prima hasta acumular un montón razonable.
Luego, marido y mujer, se van con la carga hasta el tendedero de hojas. Dejan el producto en ese lugar durante 30 días. Una vez terminada la cosecha, los productores ruegan que no llueva porque el agua echa a perder la materia prima del cigarrillo.
En la tarde, los esposos Toledo Peña se ocupan de otros quehaceres del campo, y en la noche duermen como piedras.
Los de Citsa recomendaron a los campesinos que se compren hule para tapar el tabaco antes de que caiga la primera gota de agua.
Hay productores que no tienen terreno. Lo que hacen es alquilar un espacio para producir tabaco. Tomás Vargas (19) y Eusebia López (23), arrendaron dos hectáreas y se dispusieron a entrar al rubro. Llevan ya cuatro años en el negocio. "Aún les falta experiencia", ha reconocido Fernando Muñoz, el encargado de la estación de Citsa en Mairana. Se dio cuenta porque el tabaco estaba siendo mal atado en los alambres que sirven de secadero.
La planta tarda en madurar entre cuatro y seis meses y es cosechada hasta seis veces. Las hojas de abajo, las que están cerca del suelo, se van secando y son retiradas por los campesinos. Las de arriba, las que tardan en madurar, son las que tienen mayor cantidad de nicotina. Estas últimas son las más cotizadas.
Las fabricantes de puros artesanales viajan desde Santa Cruz hasta Mairana con el fin de conseguir el producto.

Mairana quedó como la solitaria productora

En Mairana existen 10.000 hectáreas de diferentes cultivos, de las cuales, cerca de 500 corresponden al tabaco. Siempre y cuando no exista sequía.
Lupe Cajías, en su libro Historia del tabaco y de su industrialización, da cuenta que Mairana quedó como la solitaria productora de tabaco. Actualmente, llegan campesinos de otras zonas como de Moromoro, Bermejo y Mataral, a aprender el cultivo del tabaco.
"En el pueblo muchas actividades están relacionadas con el tabaco. Las cortejas (enamoradas) mandan a sus chicos cigarros en chalas pintadas con colores vegetales. En las fiestas populares, en los carnavales se regalan tabacos, se hacen carros alegóricos y se recuerda toda la importancia del producto que da vida a la región", dice Lupe Cajías en una parte de su libro.
El año pasado, Citsa compró 26.000 quintales de tabaco a los productores de Mairana. Por cada bolsa pagó Bs 250 aproximadamente, lo que significa Bs 6,5 millones.
Este año, el quintal del tabaco de primera costará Bs 270 y el de tercera Bs 170.

Las pureras se comen parte de la torta

La Compañía Industrial de Tabacos (Citsa), consume el 60% de la producción de Mairana. No es la única que demanda la preciada hoja. Sus principales competidores son los comerciantes punateños que llegan del occidente en busca de la materia prima del cigarrillo.
A Mairana también llega gente de Tarabuco. Viajan en camiones y flotas. Por lo general es gente humilde que fabrica charutos artesanalmente y los venden en las bocas de las minas, explicó el gerente técnico de Citsa, Fernando Muñoz.
Pero también hay personas de Santa Cruz que llegan a los valles cruceños para hacer trato con los productores de tabaco.
A ellas se las denominan las “pureras”. “Esta gente se lleva la crema innata del tabaco”, ha explicado Muñoz.
Héctor Ipolitti, gerente regional de Citsa, afirmó que en la región de Okinawa se está poniendo en ejecución una estación experimental de tabaco rubio. “El objetivo es comprar cada vez menos materia prima de Estados Unidos y Brasil”, dijo el ejecutivo.

 

 

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