Aún no aprendió a fabricar bocanadas de humo
con un cigarrillo, pero es un ‘tipazo’ para producir nicotina. Se llama
Modesto Toledo y tiene 67 años de edad. Planta tabaco desde antes que tenga
uso de razón. Es un experto. No lo dice él, lo afirma su mujer Leoncia (57),
y varios de sus compañeros de jornadas.
No llueve desde hace cuatro meses en Mairana. La gente asegura que es la más
dura sequía de los últimos 12 años. Los campos están secos y los campesinos
están tristes. Las plantas de tabaco que hasta el año pasado rompían los 2,5
metros de altura, hoy están enanas, miden 0,80 cm.
El cielo no fue generoso este año. Mairana, la mayor región productora de
tabaco negro del país sufre las consecuencias de la sequía. La gloria de
producir más de $us 1,2 millones de kilos de tabaco en una cosecha se está
haciendo humo. Este año apenas se cosecharán 100.000 kilos de la materia
prima, lamenta Fernando Muñoz, gerente técnico en Mairana de la Compañía
Industrial de Tabacos (Citsa).
La falta de agua afectó de dos maneras. No llegó cuando más se la
necesitaba: en el momento en que los plantines debieron dejar los viveros
para ser llevados a los campos, por eso el área sembrada bajó de 500
hectáreas a poco menos de 150.
Las pocas plantas que fueron llevadas al campo soportaron la sequía pero no
crecieron como antes. Es decir, este año bajó la cantidad de hectáreas
sembradas y el rendimiento de las plantaciones.
En Mairana no hay una persona que se jacte de ser el mayor productor de
tabaco. El minifundio es el común denominador en la región. Según el último
informe de Citsa, el promedio de tierra que tiene cada campesino es de 1,2
hectáreas.
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| Daño.
Fernando Muñoz, de Citsa, muestra el efecto de la sequía |
Muchos no pudieron plantar tabaco este año. Uno de ellos es don Modesto
Toledo, un hombre de 67 años que sabe todos los secretos de la materia
prima. Toledo no puede ni quiere estar sin hacer nada. Ahora está casi
obligado a vender su mano de obra. Le pagan Bs 30 el jornal. En la mañana
cosecha las hojas de las plantas de tabaco, lo hace con Leoncia Peña, su
mujer. El es charlatán. Ella le huye a los forasteros. Modesto mostró sus
manos negras engomadas con la resina de las hojas de tabaco. Ella pidió que
no le tomen fotos. El hombre contó que tuvo que sembrar maíz en vez de
tabaco. Dijo que la culpa fue de la sequía y del gobierno que hasta ahora no
le paga el Bonosol. "Con esa platita iba a realizar inversiones en mi
terreno. Yo no tengo papeles pues, y ya no intento cobrar porque dicen que
soy mañudo".
Su mujer trabaja sin rezongar. Zigzaguea por las plantaciones. Por entre las
hojas de tabaco su mano izquierda se mueve como lengua de rana que salta
hacia su presa. Entre su brazo derecho y su costado aprieta la materia prima
hasta acumular un montón razonable.
Luego, marido y mujer, se van con la carga hasta el tendedero de hojas.
Dejan el producto en ese lugar durante 30 días. Una vez terminada la
cosecha, los productores ruegan que no llueva porque el agua echa a perder
la materia prima del cigarrillo.
En la tarde, los esposos Toledo Peña se ocupan de otros quehaceres del
campo, y en la noche duermen como piedras.
Los de Citsa recomendaron a los campesinos que se compren hule para tapar el
tabaco antes de que caiga la primera gota de agua.
Hay productores que no tienen terreno. Lo que hacen es alquilar un espacio
para producir tabaco. Tomás Vargas (19) y Eusebia López (23), arrendaron dos
hectáreas y se dispusieron a entrar al rubro. Llevan ya cuatro años en el
negocio. "Aún les falta experiencia", ha reconocido Fernando Muñoz, el
encargado de la estación de Citsa en Mairana. Se dio cuenta porque el tabaco
estaba siendo mal atado en los alambres que sirven de secadero.
La planta tarda en madurar entre cuatro y seis meses y es cosechada hasta
seis veces. Las hojas de abajo, las que están cerca del suelo, se van
secando y son retiradas por los campesinos. Las de arriba, las que tardan en
madurar, son las que tienen mayor cantidad de nicotina. Estas últimas son
las más cotizadas.
Las fabricantes de puros artesanales viajan desde Santa Cruz hasta Mairana
con el fin de conseguir el producto.
Mairana quedó como la
solitaria productora
En Mairana existen 10.000 hectáreas de diferentes cultivos, de las
cuales, cerca de 500 corresponden al tabaco. Siempre y cuando no exista
sequía.
Lupe Cajías, en su libro Historia del tabaco y de su industrialización, da
cuenta que Mairana quedó como la solitaria productora de tabaco.
Actualmente, llegan campesinos de otras zonas como de Moromoro, Bermejo y
Mataral, a aprender el cultivo del tabaco.
"En el pueblo muchas actividades están relacionadas con el tabaco. Las
cortejas (enamoradas) mandan a sus chicos cigarros en chalas pintadas con
colores vegetales. En las fiestas populares, en los carnavales se regalan
tabacos, se hacen carros alegóricos y se recuerda toda la importancia del
producto que da vida a la región", dice Lupe Cajías en una parte de su
libro.
El año pasado, Citsa compró 26.000 quintales de tabaco a los productores de
Mairana. Por cada bolsa pagó Bs 250 aproximadamente, lo que significa Bs 6,5
millones.
Este año, el quintal del tabaco de primera costará Bs 270 y el de tercera Bs
170.
Las pureras se comen
parte de la torta
La Compañía Industrial de Tabacos (Citsa), consume el 60% de la
producción de Mairana. No es la única que demanda la preciada hoja. Sus
principales competidores son los comerciantes punateños que llegan del
occidente en busca de la materia prima del cigarrillo.
A Mairana también llega gente de Tarabuco. Viajan en camiones y flotas. Por
lo general es gente humilde que fabrica charutos artesanalmente y los venden
en las bocas de las minas, explicó el gerente técnico de Citsa, Fernando
Muñoz.
Pero también hay personas de Santa Cruz que llegan a los valles cruceños
para hacer trato con los productores de tabaco.
A ellas se las denominan las “pureras”. “Esta gente se lleva la crema innata
del tabaco”, ha explicado Muñoz.
Héctor Ipolitti, gerente regional de Citsa, afirmó que en la región de
Okinawa se está poniendo en ejecución una estación experimental de tabaco
rubio. “El objetivo es comprar cada vez menos materia prima de Estados
Unidos y Brasil”, dijo el ejecutivo.