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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 27, Marzo de 2004

../20040327/images/sa8.jpgLa Iglesia Católica llora la muerte de monseñor Luis Rodríguez


Velorio. Los feligreses llegaron ayer hasta su féretro para darle el último adiós. Dolor y llanto por su muerte


Elizabeth La Fuente

Después de recibir ayer en la mañana el sacramento de la unción de los enfermos, monseñor Luis Rodríguez Pardo cerró sus ojos para siempre. Aquejado por los dolores de un cáncer terminal, el sacerdote falleció en la clínica Foianini a sus 89 años.
Quienes lo conocieron fueron a darle el último adiós a la Catedral Metropolitana. Ramos de rosas rodean el féretro donde descansan los restos mortales de quien fue el primer arzobispo de Santa Cruz de la Sierra. Lágrimas mezcladas con cantos de alabanzas estuvieron presentes en las diferentes novenas que se rezaron a lo largo de toda la jornada y esta madrugada como antesala a lo que será hoy su entierro después de la misa de cuerpo presente a las 16:30 en la Basílica Menor de San Lorenzo.
“Un hombre que entregó toda su vida al servicio de Dios y la iglesia. Le recuerdo con mucha vitalidad y entusiasmo por la vida; amó a Santa Cruz como a su propia tierra y se sintió parte de ella. No dejó de ser un servidor; como emérito después de sus 75 años siguió colaborando pastoralmente en una parroquia”, dijo el padre Hugo Ara al recordarlo.
El párroco del templo San Roque, Rául Arrázola, que lo conoció desde que era un niño, confiesa que el sacerdote conocía el proceso de su vida y de su vocación. “Me animó a seguir adelante en el servicio a la iglesia. Fue una persona muy cercana a la gente y al pueblo desde la religiosidad. Estuvo presente en el cambio de Santa Cruz. Después de ser arzobispo se quedó como un servidor ayudando en diferentes parroquias. Supo hacer con mucha discreción el paso y la recepción de su sucesor. Era una persona detallista, humilde y sencilla. Nunca se olvidaba de los cumpleaños, fiestas navideñas”, expresa Arrázola que asegura que Santa Cruz perdió un testigo de su transformación.
Marcial Chupinagua, de la parroquia Virgen de Fátima, comenta que en los nueve años que lo conoció pudo ver una persona fuerte física y espiritualmente. “Amaba profundamente a la iglesia, nunca se quedó como espectador. Pese a que renunció en 1991, estuvo presente en todos los eventos eclesiales dando su testimonio de optimismo y esperanza para seguir adelante.
Su vida se apagó lentamente como una vela, presa de una mortal enfermedad. Pese a su partida, su legado de amor y servicio quedarán en la memoria de los que lo conocieron. Paz en su tumba.

Perfil

Una vida al servicio de Dios

Nació en Punata, Cochabamba, el 12 de enero de 1915. Se ordenó sacerdote el 15 de mayo de 1938, cuando tenía 23 años. En 1949 fue comisionado a Santa Cruz de la Sierra para colaborar activamente en la organización del Congreso Eucarístico Mariano. Fue consagrado Obispo en 1952. Durante 33 años desempeñó ese cargo en la capital cruceña colaborado por los monseñores Carlos Brown y Tito Solari. De su labor pastoral surgió la base de la iglesia cruceña que ha acompañado el desarrollo de la ciudad. Durante su servicio como pastor de la iglesia se crearon 13 parroquias, se fundó el Seminario Menor de San Lorenzo y en 1990 el Seminario Mayor de Santa Cruz. Autorizó la refacción de la catedral. En 1991, por su límite de edad, renunció al gobierno de la iglesia cruceña ante el papa Juan Pablo II.

 

Pedro Rivero Mercado

Se fue un santo varón

Una profunda conmoción sacudió ayer al pueblo católico de Santa Cruz de la Sierra tras conocerse la noticia del fallecimiento de su Obispo Emérito Monseñor Luis Rodríguez Pardo. La noticia, que de igual modo fue sentida incluso por los que no profesan la fe católica, impuso una pausa en el rutinario quehacer ciudadano. Y es que, quien más quien menos algo tenía que recordar en relación con ese digno hombre de Dios que se consustanció tan vivamente con la cruceñidad, por la que expuso hasta su preciosa vida.
Monseñor Luis Rodríguez Pardo, que tanta prestancia dio a los cuadros de los pastores de almas, fue asimismo un combatiente gallardo de las primeras filas del civismo cruceño. Con su actitud militante, con su verdad a flor de labios, con los símbolos de su fe en alto, el Obispo marcó rumbos a las sagradas rebeldías cruceñas. Un rayo luminoso en medio del fragor de las tormentas fue siempre Rodríguez Pardo en las horas cruciales en que se jugaban la suerte y el destino de la región.
Jamás midió los riesgos a la hora de salir por los fueros de la verdad y del bien. Y si fue preciso pagar por su valentía y por su temeridad, asumió responsabilidades como quien se siente seguro de ser un intérprete de la voluntad del Salvador. El Obispo Rodríguez Pardo, que compartió nuestros calvarios terrenales con el Credo jugueteando entre sus labios, se asoció asimismo a nuestros fastos triunfales. Fue el amigo, el guía, el padre, el confidente que robusteció nuestra fe con su verbo y se hizo cargo de nuestras flaquezas con amor. Si algún lugar nos tenemos ganado en el Reino del Señor, sin duda que lo debemos a su piadosa intercesión.
Vamos a llorarlo tristemente Monseñor Luis Rodríguez Pardo porque santos varones de su talla desde hace tiempo empiezan a ser raros en estas viñas del Señor. ¡Alcáncenos su mano llena de amor desde la Eternidad!

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