Militares y mallkus
Paulovich ®®La noticia de perfil
Conocida mi amistad con Felipe Quispe (el Mallku, para sus intimeits) y mi
afiliación honoraria en el Movimiento Indígena Pachakuti que él dirige y también
en la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, recibí
en mi casa una extraña invitación del Comandante del Colegio Militar para
asistir a un seminario sobre Democracia, Interculturalidad y Fuerzas Armadas. A
pesar de que la invitación iba dirigida al señor Paulino Huanca alias Paul Anka,
reconocí que el destinatario era yo, aunque la mayor parte de la gente me llama
Paulovich, y me dirigí al instituto militar de Irpavi, cuyas instalaciones no
visité desde que me expulsaron de la Banda Militar del Colegio donde actué de
niño como tamborero, siendo dado de baja porque me sorprendieron una noche
tocando batería en una casa alegre del barrio de Caiconi. Como habían pasado
muchos años de ese triste suceso, entendí que las autoridades del Colegio
Militar ya lo habían olvidado, pero yo no porque frustró mi carrera
músico-militar y me dirigí a mi ex colegio, donde me presenté al mencionado
seminario con la idea de que siempre aprendería algo nuevo y que el saber no
ocupa lugar, como siempre dice mi tía Encarna. Grande fue mi sorpresa cuando me
encontré a varias decenas de indígenas alternando con mayores, coroneles y
generales, entre éstos al general Marco Antonio Vásquez, y el general César
López, actualmente Comandante General del Ejército, además del coronel
Prudencio, que me saludó en quechua. Como mi invitación fue dirigida a Paulino
Huanca, me puse entre los campesinos invitados al seminario, reconociendo
inmediatamente al jach’a mallku de Jesús de Machaca, Teófilo Condori, y al jach’a
mallku de Carangas, Pedro Choque, con quienes intercambiamos abrazos,
felicitándonos entre todos por haber tenido la suerte de ser invitados a este
encuentro entre militares y campesinos que me hizo recordar al Pacto
Militar-Campesino organizado por el general René Barrientos Ortuño hace cerca de
cuarenta años. Conversando con mis compañeros campesinos les pregunté qué les
parecía esta invitación de los militares, y todos ellos se respondieron que se
encontraban muy felices por hallarse en las instalaciones del Colegio Militar
Gualberto Villarroel y que abrigaban la esperanza de que pronto los indígenas
podrían ingresar al hermoso Colegio Militar para convertirse en el futuro en
coroneles y generales. Esa idea me entusiasmó, aunque les aclaré que jamás había
estado prohibido el ingreso de los indígenas. Aproveché de la oportunidad para
preguntarle al Jach’a Mallku de Jesús de Machaca si mi jefe el Mallku Felipe
Quispe aceptaría ingresar como cadete al Colegio Militar, respondiéndome otro de
los indígenas: “No sé si le gustaría vestir el uniforme de Caballero Cadete
porque está muy gordo, pero nada se perdería invitándole y dándole el grado de
Coronel”. Me gustó este seminario y pude ver que algunas cosas están cambiando
en nuestro país, de poco en poco.
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