El teatro toma su día. Las tablas de fiesta
Desde 1961 y por sugerencia de la Unesco se festeja cada 27 de marzo el Día Mundial del Teatro. Nueve personajes del quehacer teatral boliviano, actores, directores y dramaturgos, definen los elementos de su profesión
José Andrés Sánchez
Las tablas se mueven de alegría. Desde 1961 se festeja cada 27 de marzo el
Día Mundial del Teatro por determinación de la Unesco (Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) y los ‘teatristas’
nacionales le rinden tributo a su arte. Desde la elección de una obra hasta la
presentación final, el quehacer teatral en Bolivia es cuestión de fe y una
búsqueda de placer: para los directores, actores y dramaturgos, y para un
público cada vez mayor en número y ávido por vivir experiencias paralelas a la
realidad. Las conceptualizaciones teóricas acerca de los elementos que conforman
en las obras de teatro se pueden hallar en libros de aprendizaje, pero el alma
de este arte se encuentra en sus artistas-artesanos. Es por esta razón que
Brújula le da la palabra a los ‘teatristas’ para que definan las sensaciones y
los elementos de su profesión.
LA DIRECCIÓN
RENÉ HOHENSTEIN
Cuando me acerqué al teatro, no me interesaba para nada ser director, lo mío era
la actuación. Luego de seis años de actuar sin parar y realizar talleres, la
necesidad me hizo dirigir. Fue mi primer encuentro con un texto, no para que
represente a uno de los elementos de la obra, sino para mirar todo. Y cuando
digo todo, significa asumir todos los personajes, imaginarse todos los espacios,
leer todas las posibilidades. Me fascinó de entrada, me parecía que tenía la
posibilidad de hacer de ‘la casi nada, un todo’ y eso me maravilla hasta hoy,
cuando el día del estreno rememoro la primera leída del texto. Dirigir es,
además de una técnica teatral, un acto de dirección de un grupo humano, con
necesidades de afecto, con excesos de ego, con problemas económicos, con
embarazos en la mira, etc. Pues más allá de lo artístico está lo humano, y si
Casateatro ha sobrevivido durante 18 años, es por el aspecto humano. Y bueno, un
director es indispensable, es el piloto de un avión que parte y no puede parar
hasta que aterrice en su destino y en horario. La dirección en Bolivia tiene
rumbos distintos. Hay los que buscan algo, los que hacen lo mejor que pueden y
los que utilizan el teatro para ganar dinero. En el primer grupo está mucha
gente joven, Santa Cruz es un ejemplo de ello. En el segundo grupo están los que
tienen claro lo que hacen, que han creado una autocrítica en ellos. El tercer
grupo es la pesadilla del teatro boliviano, son directores que no han superado
lo que hacían hace más de 20 años y utilizan el teatro sin autocrítica y están
destruyendo un público potencial. Cada uno tiene que encontrar su camino. Unos
serán actores, otros se convertirán en dramaturgos o técnicos y otros dirigirán,
todos saldrán adelante si miran, ante todo, al público.
EL ACTOR
MIGUEL ÁNGEL ESTELLANOS
El actor trabaja mediante acciones. La actuación es un tramado de acciones
físicas encontradas a partir de impulsos, sensaciones y asociaciones.
Stanislavsky hablaba de la actuación como un viaje de tren: así como el viajante
atraviesa una diversidad de paisajes guiado por un tendido de rieles, el actor
atraviesa una diversidad de emociones, sentimientos e imágenes guiado por las
acciones físicas. Quizá la mejor definición nos viene del francés ‘Jue’, que
quiere decir jugar. Jugamos teatro. El actor son vísceras, es un médium que le
empeña durante la función su cuerpo a la muerte, un jugador impulsivo, un
instrumento afinado por el oficio, un atleta afectivo, el cuerpo diseccionado,
latiendo en la mesa de operaciones, respirando, caliente, desangrándose.
Transparente.
LA DRAMATURGIA
MARTA MONZÓN
Concibo la creación, realización y el montaje de una obra de teatro siempre a
partir de un texto. Escribir un texto es otra cosa, ya que generalmente la
primera frase tiene que ver siempre con una imagen real de la vida cotidiana,
pero no me interesa escribir sobre lo que veo, sino sobre algún detalle
particular que pueda captar: una mirada, un timbre particular de voz, un zapato,
una boca, la manera que se respira, un cierta forma de abrazarse, y sobre todo
un código de habla. Es esa particular relación la que me interesa. Es esa manera
de complicidad lo que quiero descubrir y develar y poner en boca de los
personajes que entran al papel. Cuando trabajo en la enseñanza, lo hago
fundamentalmente transmitiendo un método muy riguroso de lectura, de una lectura
lenta, muy lenta. Enseño a leer teatro, dando pistas para que podamos escuchar
lo que el autor nos dice y lo que les hace decir a sus personajes y a sus
historias, despojándolo de todas las interpretaciones por las cuales solemos ser
muy afectos. Primero asimilamos la información que está en el texto, luego
transgredimos, corregimos, adaptamos o quizá hasta la destrozamos, pero sabiendo
por qué y justificándolo.
EL PÚBLICO
DAVID MONDACCA
Hay un triángulo de fuerzas teatrales: autor, actor y público. Ninguno puede
existir sin los otros dos. El teatro, si no es representado frente al público,
no existe, es sólo literatura. Esa trilogía es importante de tal manera que toda
crisis teatral proviene de la falla de uno de estos tres elementos. Ahora, es
claro que tenemos autores y actores, pero recién estamos formando a la
audiencia. El público es peligroso, es un monstruo que hay que reducir. Creo que
este miedo es parte inherente en el actor y nos permite enfrentarnos a un
público que siempre se esconde en la oscuridad. Tengo también mis críticas al
respecto: el público paceño es difícil porque es huraño, retraído, no tiene la
apertura del Valle o del Oriente. En general, el público boliviano es necrófilo,
ama a sus muertos. Para reconocer la labor de alguien necesita que se muera y
luego hace monumentos y nombra calles en su honor. Me viene a la memoria una
frase del actor Vittorio Gassman: si se daba la magia del teatro, el actor se
tornaba en un sacerdote, un intermediario entre Dios y los hombres. Si no
ocurría eso, se sentía como una prostituta que intentaba seducir con su voz y su
supuesta belleza física.
LA PUESTA EN ESCENA
HUGO FRANCISQUINI
Es ese espacio que el director y el actor crean para desarrollar todo lo que
está dentro del artista: sueños y fantasías. Otorga la posibilidad de trascender
lo concreto y recrear una realidad que nos lleva a otra dimensión y produce una
satisfacción estética. La puesta en escena es la culminación de toda la parte
creativa. En nuestro país esta labor es un poco inmediatista, son pocos los
directores que trabajan con la suficiente anticipación para la elaboración de la
puesta de una obra. Muchas veces, después de trabajar la puesta y al momento de
darle vida, nos encontramos con una cruda realidad: todo aquello que habíamos
soñado se limita con la falta de recursos, así recortamos tanto que llegamos con
un 30 por ciento de lo planeado. Desde luego que es una creación filosófica,
primero hay que trabajar con el autor, con el texto, entrar a la casa teatral
que ha construido el guionista para hurgar, buscar lo que está adentro. Para eso
hay que entender al autor en su tiempo y espacio y luego llevar esa realidad a
tu contexto. Es una labor que requiere sensibilidad superior, por eso es
solitaria. El director debe volar con la imaginación, crear espacios para que
afloren las sensaciones entre los actores y el público
EL ESCENARIO
ANDRÉS CANEDO
El escenario es el espacio donde se ubica el mundo, y por tener el mundo ahí
adentro nacen y maduran todos los personajes. El escenario no tiene límites,
como el universo, porque todo existe en función de lo que se crea. Allí el
actor, sin dejar de ser él, es muchos otros, cada uno de los personajes. Y al
ser otro, el actor vive en otros tiempos y en estados diferentes, por eso es que
es un espacio infinito. Los escenarios siempre responden a esa concepción de que
por un lado está el público y por el otro el elenco, entonces no te puedes
imaginar un escenario sin público, ya que vive en función de la platea. Se ha
hablado mucho de la famosa cuarta pared del escenario. En realidad es un
concepto ideado para que el actor ingrese a un estado de soledad en medio del
público, para que no tenga conciencia de la audiencia. El escenario, en Bolivia
y en general, se usa bien. Lo que pasa es que cada director tiene su manera de
desplazar a su gente dentro de ese espacio.
LA MÚSICA
GONZALO CALLEJAS
La música es otro personaje, una parte esencial de la puesta. En el Teatro Los
Andes, siempre procuramos que la música se presente al vivo, trabajamos mucho en
ese sentido. Durante todas las obras la música debe estar presente y lo
importante es darle vida, por eso es que cada uno se encarga de tocar un
instrumento, para hacer evidente la presencia de melodías. Hay ciertas escenas
en las que la música debe tener un peso fuerte, porque se encarga de sostener
momentos importantes de la obra. Todas las cadencias musicales dentro de una
producción provocan un sinfín de emociones en el actor, crea una atmósfera y
ayuda a mantener el hilo dramático de la obra, lo importante es que el público
también sienta los ritmos. Muchas veces un actor se emociona y el público no,
por eso hay que tener mucho cuidado al elegir la música, por momentos puede
tener el papel protagónico y en otros ser sólo acompañamiento. Creo que los
grupos teatrales conocen la importancia de este elemento, pero no aprovechan al
máximo su riqueza. La mayoría no tiene mucho cuidado con su uso y la manejan
como truco para arrancar aplausos. Ahora, no he visto con frecuencia que se
componga la música para una obra, como pasa con el cine. El crear temas para la
producción acrecienta el interés en la puesta y la música se adapta a la
personalidad del trabajo.
EL TELÓN
GUILLERMO SICODOWSKA
Se abre el telón, el portal hacia un mundo mágico, fantástico. Una conexión
entre el espectador y la historia a ser vivida mediante una cuarta pared
‘invisible’ a los ojos del público, creando el ambiente fantástico que sólo
vivimos en el teatro. Se cierra el portal y el retorno a la realidad y a la
conciencia es manifestada en los aplausos. El telón se ha cerrado para volver a
abrirse una vez más presentando a aquellos responsables por el espectáculo.
Luego se vuelve a cerrar hasta la próxima función donde un telón, un simple
abrir y cerrar, determina el pasaje hacia una nueva experiencia. El telón no
deja de ser, quizás, el elemento más importante y fundamental del teatro, aquel
que te invita a creer, a pasar a una segunda dimensión, aquel que con un sólo
abrir y cerrar, nos traslada al corazón del arte.
LA ILUMINACIÓN
UBALDO NALLAR
Iluminar la escena es tan importante para el director, como la gama de colores
lo es para el pintor. Con la luz se hace evidente lo que se quiere mostrar y se
esconde lo que no queremos ofrecerle al público. Cada director necesita un
iluminador que trabaje en comunión con los demás diseñadores (vestuario,
escenografía, etc.), para lograr sus propósitos. En los montajes de Panicum
Teatro he realizado el diseño de iluminación, tarea que no es fácil ya que
siempre se busca que la producción sea un todo. Cada obra exige una luz
diferente. La luz es un personaje más en mis puestas, tanto así que en Cómo los
elefantes aprendieron a jugar a las canicas, la luz encarnada corre en pos de
los actores, logra ángulos y movimientos difíciles de conseguir con la
iluminación tradicional. En Penélope: La espera, es la luz la que hace de médium
entre las tres Penélopes rescatadas de diferentes tiempos y lugares. Tal vez la
luz sea la única compañera de estas tres mujeres en su albo espacio. En Eva
Perón es totalmente diferente; marca momentos específicos, realidades y
ensueños; nos ayuda a hacer aparecer el espectro de la Eva histórica en el
espejo de la Eva de la ficción. En Eduardo II, la oscuridad y la luz convertida
en imagen (diapositivas) nos ayudan a narrar un capítulo de la oscura Inglaterra
medieval, En nuestro medio casi no se ‘ilumina’ por dos factores: primero, no
hay mucha formación en el tema técnico, y segundo, que los ‘teatristas’
desconocen las otras artes y por ello sus iluminaciones son limitadas. La
iluminación toma prestado elementos de la pintura, de la fotografía, del cine,
de la naturaleza y principalmente de la imaginación del iluminador.
EL APLAUSO
PAULA LÓPEZ
Los actores somos gente de espectáculo. Hacer teatro es vivir una aventura
mágica, cuya finalidad es tocar el alma del público a través de cada imagen y
cada texto, que preparamos y ensayamos con detalle, para alcanzar la perfección.
Por eso el aplauso es tan importante para nosotros. El último texto y la última
acción de la última escena, anteceden a esos dos o tres segundos de silencio, en
los que el actor sólo escucha los latidos de su propio corazón. De pronto el
aplauso llega con su sonido tan parecido al de la lluvia, que limpia y refresca.
Es un premio intangible que recibimos con humildad y por eso inclinamos la
cabeza en una venia, agradecidos. ¿Y qué otra cosa podemos sentir si no es
agradecimiento? El aplauso es un gesto espontáneo que nos recarga de energías. A
pesar de que tenemos un público fiel al teatro muy reducido, es un público con
criterio y su aplauso es sincero. Cuando una obra no colma sus expectativas,
aplauden con respeto y con cariño, porque aquí todos nos conocemos y somos
amigos. Mas, si la obra le toca alguna fibra íntima y lo emociona, estalla en
eufóricos aplausos y se pone de pie.
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