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| EDITORIAL |
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 27, Marzo de 2004
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Mal pagada la justicia |
La administración de justicia en nuestro país está muy mal pagada. Eso lo
sabemos todos. Eso es cosa que no se discute para nada. En realidad, toda la
administración pública en Bolivia está mal pagada. Consecuencia de la pobreza en
que lamentablemente nos debatimos.
Pero la administración de justicia es una de las más importantes ramas del
Estado. En manos de la administración de justicia están depositados los bienes,
la vida y la seguridad de las personas públicas y privadas. Y no constituye una
exageración, desde luego, asignarle a la administración de justicia tantas
responsabilidades.
Los bienes de las personas son su responsabilidad incuestionablemente. De lo que
la justicia prohíba o mande, en medida plena depende que podamos disfrutar de
nuestros bienes materiales. La justicia garantiza que no seremos perturbados en
el disfrute de nuestros bienes legítimamente adquiridos. Y a la vez, es la
justicia la valla que impide que con el empleo de nuestros bienes materiales
causemos daños, molestias o perjuicios a terceras personas.
De igual manera la vida, el disfrute de ella dentro de los marcos de nuestras
leyes, están garantizados por la administración de justicia. Desde luego, no
precisamente porque la administración de justicia tenga potestad para
arrebatarnos la vida, pues en Bolivia no está vigente la pena de muerte, pero
sí, a ella, a la administración de justicia, le está asignada la atribución de
normar nuestros actos, de sancionar lo que no debemos hacer y de dar vía libre a
lo que sí debemos hacer. En otras palabras, la administración de justicia
encauza nuestras vidas con vistas al bien común. De ahí que nuestra vida pública
tenga tanta relación de dependencia con la tantas veces mencionada
administración de la justicia.
El papel que ésta tiene asignado por el lado de la seguridad de las personas es,
del mismo modo, sobresaliente. A la administración de justicia corresponde
prever la seguridad general de las comunidades. Por sí solos los individuos no
podemos definir qué es lo que material y moralmente pone en riesgo nuestra
seguridad y la seguridad de los que dependen de nosotros. Si estuviese en
nuestras manos definir qué es lo que nos lastima, qué es lo que nos coarta en
determinadas circunstancias y lugares, pues generaríamos una situación de caos
absoluto inconcebible en los tiempos en que estamos viviendo. A la
administración de justicia, entonces, le está reservada, la definición del
concepto de seguridad individual y de su aplicación racional, sin lastimar la
del prójimo.
De enorme trascendencia, sin duda, las responsabilidades de la administración de
justicia y al margen de otros argumentos igualmente válidos, sólo este género de
responsabilidades justifican un mejor trato en materia de remuneraciones para
los funcionarios del sector. A mucho nunca podremos aspirar mientras no tengamos
gente pagada según la naturaleza de sus responsabilidades. |
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