65 años atrás: Franco toma Madrid
Agustín Saavedra Weise
A principios de 1939, la larga y cruenta guerra civil española estaba
llegando a su fin. Iniciada el 18 de julio de 1936 con el levantamiento en
Marruecos del general Francisco Franco (1892-1975), la guerra duró tres años con
enorme mortandad y destrucción, atrayendo además huestes de intervenciones
extranjeras de toda laya a favor de nacionalistas y republicanos. El conflicto
fue también triste ‘conejo de indias’ de la Alemania de Adolfo Hitler para
preparar futuras tácticas de combate basadas en la ‘Blitzkrieg’ (guerra
relámpago), mientras ayudaba a Franco en su enfrentamiento. No faltaron
bombardeos aéreos y atrocidades de toda naturaleza, pero en fin, esta breve nota
no pretende de ninguna manera recapitular un decisivo episodio de la historia de
España –como sin duda lo fue la guerra civil– sino más bien rescatar el carácter
casi anecdótico del fin de la lucha y el ingreso del Caudillo en la capital, a
Madrid.
Luego de la batalla del Ebro –librada entre los meses de julio y septiembre de
1938– la suerte de la república quedó echada. Con más de 70.000 bajas en su
contra, ya no pudo reponer fuerzas para repeler a las tropas franquistas, que
prosiguieron tomando ciudad tras ciudad, en su marcha incontenible hacia la
ocupación total del país y el fin de la contienda.
La importantísima región de Cataluña cayó en febrero de 1939 y con ella
Barcelona, centro industrial clave. Solamente Madrid resistía. Las propuestas de
paz de su Junta de Defensa no fueron escuchadas por los franquistas, que
simplemente querían la rendición del último bastión republicano.
Las fuerzas nacionalistas ocuparon la capital hispana el 28 de mayo de 1939 y
pocos días después (1º de abril), Franco declaró el fin de la terrible lucha
fratricida.
Se cuenta una anécdota personal del Caudillo (no sé a cabalidad si es verdadera)
en vísperas de la toma de Madrid. Con su victorioso ejército formado en
columnas, poco antes de partir y con la parquedad que lo caracterizaba, Franco
le dice a sus inmediatos colaboradores: “Hoy tomo Madrid con mis cinco
columnas”. Y ellos le responden: “Pero Generalísimo, solamente hay formadas
cuatro columnas”, a lo que el Caudillo responde: “Yo sé bien lo que les digo
hombres, son cinco columnas, cuatro que tengo aquí y la quinta que ya está en
Madrid desde hace rato”. Y este parece ser el origen del término ‘quinta
columna’, que implica la infiltración de enemigos encubiertos en determinado
lugar, ciudad o país y que facilitan la labor de destruir la moral interna para
provocar más rápidamente una derrota al debilitar al rival desde dentro.
El victorioso líder nacionalista, el gallego Francisco Paulino Hermenegildo
Teódulo Franco Bahamonde (aunque jamás usó su apellido materno ni sus otros
nombres) y que fuera conocido en vida como Caudillo de España por la gracia de
Dios, Generalísimo de las fuerzas de mar, aire y tierra, murió el 20 de
noviembre de 1975 luego de 36 años de gobierno de mano dura pero modernizador y
progresista. Restauró la monarquía y dejó instrucciones en su testamento para
que Juan Carlos de Borbón fuera su sucesor en la jefatura del Estado como Rey,
pero ésa –como se dice usualmente– es otra historia.
Hoy quise tan sólo recordar los 65 años de la caída de Madrid y el fin de la
República española, aunque en la hora presente lo más probable es que la gente
olvide este aniversario, sobre todo teniendo en cuenta el terrible impacto de
los infames atentados terroristas del pasado 11 de marzo que sacudieron y
enlutaron a la capital hispana.
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