El viaje de Chihiro. Animación con precisión japonesa
Mangá. Con Chihiro, Miyazaki vuelve a sus historias de viajes iniciáticos
Séptima fila ©
El filme de Hayao Miyazaki llega después de tres años de haber sido
estrenado. En ese tiempo ganó el Berlinale y estuvo nominado a un Oscar. Se
exhibe en el cine Bella Vista
Los filmes de Hayao Miyazaki (Tokio, 1941) no son ni muchos, ni sencillos.
Aunque parezca increíble, hasta la fecha sólo dos de sus películas se han
distribuido comercialmente en países de habla hispana: Porco rosso y La princesa
Mononoke. Con tres años de retraso llega ahora El viaje de Chihiro.
Avalada con el Oso de Oro en Berlinale, el filme de animación de Miyazaki se
adentra una vez más en el territorio de las divinidades japonesas, con un
sentido universalista evidente (resulta fácil tender puentes con la Alicia de
Lewis Carroll). La pequeña Chihiro se verá privada de sus padres y de su nombre.
Desde ese momento comenzará un viaje iniciático (un elemento recurrente en la
obra del director) en el que vivirá multitud de experiencias que cambiarán su
vida. Tras el impresionante éxito mundial de La princesa Mononoke, Miyazaki ha
vuelto a los orígenes de su filmografía. El viaje de Chihiro tiene abundantes
reminiscencias narrativas de Laputa, el castillo en el cielo y se sitúa a medio
camino entre la ternura y la inocencia de Mi vecino Totoro, y la acción
trepidante y las innovaciones técnicas de La princesa Mononoke. Y siempre con
una profundidad psicológica y una calidad narrativa que no se encuentra en
ninguna otra cinta de animación.
El director parece sentirse a gusto con la tecnología digital pero no descuida
su proverbial calidad en el dibujo y el prodigioso movimiento que adorna a sus
personajes. Por aquello de renovarse o morir, Miyazaki introduce importantes
cambios en el diseño de la protagonista (todas suelen ser muy similares) y deja
intacta la esencia narrativa que tanto prestigio le ha otorgado.
Para muchos, el padre animado de Heidi es en la actualidad el máximo baluarte
del cine de animación dentro y fuera de Japón. La meticulosidad de su labor, su
preciosista planificación y la capacidad de hacer parecer real algo que se
instala en los linderos de lo sobrenatural, le han hecho valedor de un gran
número de adeptos.
El viaje de Chihiro supone además un prodigio de ritmo, de diseño de personajes
y de colorismo, aunque es necesario añadir que para aquellos que no estén
habituados al cine oriental, el film les puede resultar algo pesado y largo,
pues cuenta con dos horas de metraje, algo inusual en el género. Para todos
aquellos que conozcan la obra del director, El viaje de Chihiro cubrirá
ampliamente sus expectativa. Los neófitos no deben dejar pasar la oportunidad de
descubrir un horizonte insospechado de la mano de uno de los grandes de la
historia del cine, que obligará a hacer cambios en el capítulo del cine japonés
de los manuales, que tendrán que insertarle con letras mayúsculas junto a Ozu,
Mizoguchi y Kurosawa. Con ellos comparte una mirada honda y poética sobre la
condición humana
Miyazaki lleva 20 años en la vanguardia de cineastas de animación en Japón. Fue
uno de los pioneros de la industria y actualmente es su creador más destacado.
Su filmografía muestra una asombrosa unidad de visión y una enorme integridad a
pesar de la gran variedad de trabajos que ha llevado a cabo. Esta honestidad
puede ser la clave del éxito del que disfruta hoy día. Productor, diseñador,
director, dibujante y escritor, Miyazaki es un artista genial y de los más
brillantes de su generación. Su carrera abarca 39 años y durante este tiempo ha
abordado todos los temas y ha explorado todos los registros.
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