‘Cuando el tiempo urge, la historia ruge’
Susana Seleme Antelo
El título corresponde a un personaje de El naranjo, un libro de cinco novelas
cortas con las que el mexicano Carlos Fuentes cierra el ciclo de lo que él mismo
denomina La edad del tiempo. Recurro a esa magnífica frase, convencida de que,
como nunca antes, el tiempo nos interpela a gobernantes y gobernados con
urgencias impostergables que hacen rugir a la historia.
Todo indica que los necesarios pactos políticos y sociales, amén del impuesto
solidario a las transacciones financieras, no solucionarán el abismo estructural
del déficit fiscal y de la terminal crisis económica. Tampoco con más
austeridad, como propone el MAS, porque no se trata de socializar la pobreza ni
de igualar para abajo con más miseria. No es eso lo que quiere la ciudadanía. Lo
que quiere es salir de la crisis económica, crecer, tener empleo estable y un
salario digno. Sanear el régimen simplificado, bajo el que se cobijan muchos que
deberían estar en ‘Grandes Contribuyentes’, sería una medida adecuada para tener
recursos permanentes. Pero, ¡quién se anima frente a más de un millón de
gremialistas en las calles!
¿Qué hacer, qué hacemos? La urgencia del tiempo y los rugidos de la historia
exigen dar un giro de 180 grados. ¿Por qué no mirar, entonces, a los vecinos
gobernantes de Brasil y Argentina? Los presidentes Lula y Kirchner han suscrito
un documento en el que piden a los organismos internacionales de crédito que no
ahoguen su crecimiento económico en aras de pagar la deuda externa. Y no han
dicho que no van a pagar. Lo harán, pero a largo plazo. El acuerdo firmado bajo
el nombre “Sobre la cooperación para el crecimiento económico” me llenó de sana
envidia, sana, pero mucha. Nuestra deuda es una ‘michi’ deuda comparada con la
de estos dos grandes que tienen las más poderosas economías de Sudamérica, pero
es una enorme deuda acorde con nuestra economía. ¿Ha intentado Bolivia pedir una
moratoria temporal? ¿Puede hacer algo similar? Esa alternativa es mucho más
digna que estar sujetos a la humillación de seguir pasando el sombrero.
Busco otras salidas y cito al Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz. En un
marco heterodoxo y de flexibilización económica, Stiglitz señala que “una
política fiscal expansiva para el gasto público es un desafío y en esos casos sí
se puede echar mano de las reservas, porque están ahí para épocas de crisis. Las
reservas pueden disminuir o crecer”. Los ortodoxos pondrán el grito en el cielo.
Pero si Stiglitz lo propone, ya podrían pensar en la propuesta para salir de la
crisis y la bancarrota. Por la ortodoxia de aplicar a ciegas las recetas
neoliberales, el 5% del déficit fiscal se lo lleva la malaventurada reforma de
pensiones.
Que los dioses iluminen al Presidente para que la imaginación creativa le gane a
la ortodoxia. Los gobernados lo acompañamos, Presidente, pero escuche las
‘urgentes urgencias’ del pueblo boliviano y los desgarradores rugidos de su
pobreza con otras miradas.
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