Somos responsables
Federico Escobar Álvarez
Los humanos necesitamos imágenes fuertes para reaccionar. Movidos por los
comentarios a escala mundial sobre la película de Mel Gibson, ‘llevamos el
terror’ a nuestras casas en grabaciones piratas de La Pasión de Cristo. La
Iglesia desde hace siglos nos predica el sufrimiento del Salvador ayudado de
imágenes de sufrimiento. Pese a las escenas de paralelismo con algunas estampas
que vimos en nuestra niñez, nunca sentimos ‘en diferido’ la barbarie cometida
contra un hombre justo que en su fuero interno estaba seguro de que con ese
escarnio Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. No deseamos
contrariar a quienes resaltan el excesivo derroche de crueldad, pero pensamos
que las imágenes mostradas por Gibson son las más cercanas a la realidad en la
pasión de Cristo.
Los judíos se pusieron susceptibles, los romanos también pusieron sus barbas en
remojo, pero el mismo Salvador catequizó a sus seguidores para vernos
individualmente como los verdaderos culpables de tamaña fechoría y no sólo como
un conglomerado étnico. Estamos seguros de que si el hecho hubiese sucedido en
nuestros días cometeríamos el mismo crimen, que se puede entender desde la fe.
“Lo que hagas al más pequeño a mí me lo haces...” Desgarramos a Cristo en
nuestros semejantes, colocando una bomba en el auto de una fiscal, con el
conductor borracho que arrastra el cuerpecito indefenso de un niño por varias
cuadras y luego de cerciorarse del suceso se da a la fuga, las guerras injustas
intervencionistas en diferentes países. Tenemos mucho que decir sobre nuestra
responsabilidad en la Pasión de Cristo; la lista de las causas son enormes.
“Aguantó nuestros dolores... herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras
rebeliones, triturado por nuestros crímenes... sus cicatrices nos curaron...
Maltratado... no abría la boca... Sin defensa, sin justicia...” (compárese con
Isaías 52).
Nuestra sociedad culminó en la creación del mundo de ciegos convencionales que,
solo ven sus derechos y evitan mirar los derechos en sus semejantes. No hay
plata en nuestras arcas, pero exigimos en las calles, con huelgas que perjudican
a los ciudadanos, maneras de lacerar a Cristo. Nos escandalizamos por las
imágenes de Gibson, pero somos incapaces de asombrarnos del escarnio que hacemos
a nuestros semejantes. Nadie puede decir que está al margen. Uno de los peores
errores es el de creernos inocentes cuando nuestras manos están manchadas de
injusticias.
Lo sucedido hace veintiún siglos en unos días más lo recordaremos como una
invitación a convertirnos y a acercar este mundo a Dios, construyendo nuestra
sociedad en la justicia, la equidad y la democracia, abandonando nuestras
ambiciones, construyendo más fuentes de trabajo permanente con salario justo.
“Dando al César lo que es del César”, es decir pagando nuestros impuestos, no
enriqueciéndonos a costa de nuestros semejantes ni del tesoro público.
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