img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


logo_brujula.gif (1087 bytes)

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 25, Marzo de 2004

../images/blanco.gifSomos responsables



Federico Escobar Álvarez

Los humanos necesitamos imágenes fuertes para reaccionar. Movidos por los comentarios a escala mundial sobre la película de Mel Gibson, ‘llevamos el terror’ a nuestras casas en grabaciones piratas de La Pasión de Cristo. La Iglesia desde hace siglos nos predica el sufrimiento del Salvador ayudado de imágenes de sufrimiento. Pese a las escenas de paralelismo con algunas estampas que vimos en nuestra niñez, nunca sentimos ‘en diferido’ la barbarie cometida contra un hombre justo que en su fuero interno estaba seguro de que con ese escarnio Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo. No deseamos contrariar a quienes resaltan el excesivo derroche de crueldad, pero pensamos que las imágenes mostradas por Gibson son las más cercanas a la realidad en la pasión de Cristo.
Los judíos se pusieron susceptibles, los romanos también pusieron sus barbas en remojo, pero el mismo Salvador catequizó a sus seguidores para vernos individualmente como los verdaderos culpables de tamaña fechoría y no sólo como un conglomerado étnico. Estamos seguros de que si el hecho hubiese sucedido en nuestros días cometeríamos el mismo crimen, que se puede entender desde la fe. “Lo que hagas al más pequeño a mí me lo haces...” Desgarramos a Cristo en nuestros semejantes, colocando una bomba en el auto de una fiscal, con el conductor borracho que arrastra el cuerpecito indefenso de un niño por varias cuadras y luego de cerciorarse del suceso se da a la fuga, las guerras injustas intervencionistas en diferentes países. Tenemos mucho que decir sobre nuestra responsabilidad en la Pasión de Cristo; la lista de las causas son enormes. “Aguantó nuestros dolores... herido de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes... sus cicatrices nos curaron... Maltratado... no abría la boca... Sin defensa, sin justicia...” (compárese con Isaías 52).
Nuestra sociedad culminó en la creación del mundo de ciegos convencionales que, solo ven sus derechos y evitan mirar los derechos en sus semejantes. No hay plata en nuestras arcas, pero exigimos en las calles, con huelgas que perjudican a los ciudadanos, maneras de lacerar a Cristo. Nos escandalizamos por las imágenes de Gibson, pero somos incapaces de asombrarnos del escarnio que hacemos a nuestros semejantes. Nadie puede decir que está al margen. Uno de los peores errores es el de creernos inocentes cuando nuestras manos están manchadas de injusticias.
Lo sucedido hace veintiún siglos en unos días más lo recordaremos como una invitación a convertirnos y a acercar este mundo a Dios, construyendo nuestra sociedad en la justicia, la equidad y la democracia, abandonando nuestras ambiciones, construyendo más fuentes de trabajo permanente con salario justo. “Dando al César lo que es del César”, es decir pagando nuestros impuestos, no enriqueciéndonos a costa de nuestros semejantes ni del tesoro público.

< Anterior^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2003, El Deber. Todos los derechos reservados.