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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 25, Marzo de 2004

../images/blanco.gifEl Dr. Jekyll está clonando



Rodrigo Barahona Lara

Definitivamente, el original no es lo mismo que la fotocopia, como lo verifico a diario con los textos ‘truchos’ que se venden en la universidad o las prendas de vestir de marcas falsificadas con las que se comercia en el mercado Los Pozos. Con la clonación pasa lo mismo y quizás peor todavía.
El escepticismo que tengo no se origina por predilecciones religiosas o cosas parecidas. Es más, me declaro un admirador de la ciencia porque gracias a ella la humanidad ha dado pasos gigantescos en estos últimos 200 años. Siempre me llamaron la atención los grandes cambios que se produjeron en esa gloriosa época conocida como la ‘modernidad’, desde la aparición del Estado republicano, hasta la secularización de la educación, la consagración de los derechos civiles y, por supuesto, los avances de la ciencia. A ésta se le debe mucho, pero otra cosa muy distinta y peligrosa es comenzar a usar al ser humano como ‘conejillo de indias’ de sus propios experimentos.
En mi criterio, lo que se hizo con la clonación fue abrir la mismísima Caja de Pandora, de la cual comenzaron a salir el Kraken, Escila y otros monstruos mitológicos hechos realidad. Los científicos que cuestionan esta técnica de reproducción han estimado que, en el mejor de los casos, la vida de un clon llegará a sólo 30 años. ¿Es éste un progreso? En Bolivia, la esperanza de vida asciende a los 62 años en las ciudades y bordea los 50 en el campo. Mientras en unos países se brega por elevar este indicador, en otros se juega a ‘Dios’ y a los jinetes del Apocalipsis.
Que yo sepa, nadie, ni los defensores a ultranza de la clonación, está en condiciones de asegurar que la vida del clon será la misma que la de un humano. Algunos de los argumentos que se esgrimen son que esta técnica traerá beneficios para aquellas personas que no pueden concebir hijos o padecen enfermedades congénitas. Lo curioso es que sus auspiciantes sólo informan de “los implantes que llegaron a desarrollarse normalmente” y no de las consecuencias imprevistas que se producen (‘daños colaterales’, dirían los gringos).
Habrá entonces que batir palmas para celebrar la inauguración oficial de la ‘fábrica de repuestos humanos’, como si se tratase del comercio de partes de automóviles o computadoras. Se argumenta también, con pueril ingenuidad, que la clonación es una actividad ‘sin fines de lucro’. ¡Por favor...! De seguir así, el negocio de la clonación desplazará en unos años a la venta (i)legal de armas, el narcotráfico y la trata de blancas, formándose así una nueva casta de ‘financiadores’ de campañas políticas. Y lo peor de todo es que con la clonación llegará el día (¿habrá llegado ya?) en que podremos hacer pedidos por catálogo de los hijos que queramos tener: con ojos verdes, dos metros de estatura y contextura física fina (éstas son apetencias nazis).
Mi defensa intransigente del ser humano, del ‘sujeto’, es por su integridad, conciencia, razón y voluntad. A comparación de ‘los que vinieron del cielo’, los que ‘nacimos y vivimos en esta tierra’ somos conscientes de que el hombre es la medida de todas las cosas y que no se puede alterar tan ligeramente su unicidad. Dolly era una oveja, un experimento, pero el ser humano no es ningún borrego.

* El Dr. Jekyll es el personaje de una novela que simboliza al científico loco: barahonalara@yahoo.es

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