Pavimento de la Grigotá no soportó ni 15 meses
Suciedad. Este es uno de los huecos que se han formado a lo largo de la Grigotá
Christian Peña y Lillo H.
Problemas. Hay baches en diferentes puntos de
la avenida. Vendedores ambulantes ocupan algunas calles y la mayoría de las
aceras en la zona. El tráfico de micros y vehículos particulares es caótico
Los intentos del Municipio por mejorar la avenida
Grigotá quedaron en el recuerdo. El resellado de la capa asfáltica que se
construyó hace 15 meses, tiene baches en diferentes puntos de su trayecto; el
camellón central fue convertido en un basurero por los comerciantes que
continúan asentados en las calles y aceras, además del descontrol en el tráfico
vehicular.
Esta obra anunciada con bombos y platillos por el alcalde, Roberto Fernández, se
inauguró en diciembre de 2002. La empresa constructora Forti & León ejecutó los
trabajos por un monto superior a los $us 160.000, dinero que forma parte del
crédito de $us 23 millones que concedió la Corporación Andina de Fomento (CAF) a
la Alcaldía para la construcción de la doble vía a La Guardia.
En un recorrido realizado por EL DEBER se constató la existencia de siete huecos
entre las calle Muchirí y la avenida Omar Chávez, además de 10 puntos de
fractura del pavimento entre la rotonda del primer anillo y la tercera cuadra
hacia el Chiriguano. Entre las calles Regimiento Lanza y José Salvatierra se
evidenció que hay dos sumideros sin rejillas.
También se verificó el desborde de aguas mal olientes que salen de algunas
construcciones ubicadas en los alrededores del mercado La Ramada. Las aceras
fueron tomadas por algunos comerciantes -aquellos que tienen sus puestos legales
y los informales- y un deterioro total del poco ornato público que existe en el
lugar.
Representantes de sectores profesionales como la Cámara de la Construcción y el
Colegio de Arquitectos, se abstuvieron de emitir su criterio sobre las causas
que pudieron provocar los daños en la avenida, pero manifestaron su preocupación
por lo que sucede en la ciudad.
Lilian Roy, presidenta de los arquitectos, dijo que en Santa Cruz se tiene que
pensar en la calidad de vida de la población y el estado de muchas otras obras.
“En este caso se está tomando un hecho puntual, que debe ser analizado y
encontrarse responsabilidades. Hay que buscar soluciones”, agregó.
A su vez el gerente general de los constructores, José Jordán, opinó que la
Alcaldía debería hacer un control permanente de las obras para evitar su
deterioro. “En todo proyecto que se ejecuta hay un margen de error, pero se
tiene que hacer mantenimiento constante para evitar problemas. Particularmente
yo, no he visto cuadrillas de bacheo en la ciudad”, concluyó Jordán.
Marcelo Mamani, un vendedor ambulante de frutas, responsabilizó al Municipio por
el deterioro de la Grigotá y aseguró que no dejará de vender en las calles, ya
que es su única fuente de ingresos.
Cerca del espacio que comparte Marcelo con una tienda de muebles, Aurelia Huanca,
comentó que los huecos se formaron a pocos días de haberse concluido la obra.
Según ella, el agua sucia que sale de las viviendas ocasionó el problema.
Por su parte, el oficial mayor de Desarrollo Territorial, Fernando Álvarez,
aceptó cierta parte de la responsabilidad por el estado actual de la vía. “Debe
hacerse una intervención inmediata en los lugares deteriorados en la zona y
determinar las causas. Es posible que nos hubiéramos descuidado”, reconoció.
“El tiempo de vida útil del resellado está entre los cinco y siete años. No
debería estar así la avenida”, puntualizó Álvarez. Agregó que reparar la
avenida, tendría un costo entre los $us 800 y los 1.000 y demoraría una semana.
El tráfico
vehicular está sin control
El director de Tráfico y Transporte, Humberto
León, y el fiscal asignado a Tránsito, Jaime Soliz, admitieron que el tráfico de
los vehículos del servicio público y particular sobre la avenida Grigotá es tá
descontrolado.
EL DEBER recorrió el lugar y observó que los canales de circulación habilitados
para los microbuses, como parte de los trabajos para mejorar la zona, están
invadidos por vendedores ambulantes y la señalización está destruida.
La señalización fue hecha con pintura acrílica y, de acuerdo con León, ésta
tiene un periodo de vida útil de un año, sin que se haga mantenimiento.
“Es necesario volver a pintar las señales en la avenida. Hubiera sido mejor
utilizar pintura termoplástica, que es más cara, pero que tiene un mayor tiempo
de vida útil, como se puede observar en la avenida Cañoto o en el primer
anillo”, explicó la autoridad.
Según Humberto León, Tráfico y Transporte tiene un presupuesto de $us 500.000,
dinero que servirá para arreglar la Grigotá y señalizar otras vías más en la
ciudad.
De acuerdo con el jefe de Servicios Públicos de Tránsito, coronel Oswaldo
Gutiérrez, a lo largo de toda la avenida Grigotá son apostados una docena de
efectivos policiales que deben controlar la circulación de los vehículos y los
cruces peatonales.
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