Melendres abrió sus puertas
y Laura Oliva salió en libertad
Apertura. Una de las nuevas enfermeras ayudadas por el guardia de seguridad retiró el letrero de suspensión
Roxana Escóbar
Salud. El centro privado contrató licenciadas
en enfermería y sólo puede brindar asistencia de primer nivel
Después de casi un mes de permanecer cerrada,
ayer reabrió sus puertas la clínica Melendres, tras recibir la resolución
(134/2004) del Servicio Departamental de Salud (Sedes) que autoriza la
reapertura de funcionamiento por el lapso de un año calendario. El documento,
que fue entregado a las 14:30 por Roberto Tórrez, de la comisión de auditoría
médica del Sedes, señala también que el organismo sanitario se reserva el
derecho de hacer inspección, y de presentarse cualquier situación anómala se
emitirá la sanción administrativa que corresponda, como ser: la clausura
temporal o definitiva y otros de conformidad con lo establecido en el Código de
Salud en actual vigencia.
Se ha incrementado recursos humanos graduados; las licenciadas en enfermería han
acreditado con documentos su formación y de igual forma los médicos presentando
todos sus certificados respaldados por el Colegio Médico, afirmó Tórrez. Hay que
recordar que la auditoría médica realizada por el Sedes desnudó fallas en cuanto
a la elaboración de las historias clínicas, órdenes médicas, cargos y formación
del personal.
Tórrez indicó que la clínica está catalogada como de tipo A. Es decir, puede
prestar atención de primer nivel, donde se brinda asistencia, generalmente, a
pacientes que no sean graves, como casos de neurocirugía o intervenciones
quirúrgicas renales, ya que los casos complejos deben ser derivados a centros
asistenciales de tercer nivel. Lo mismo sucederá con los casos de terapia
intensiva.
Por su parte, Aroldo Melendres, propietario de dicha clínica, dijo que se
completó el proyecto que se tenía previsto, contratando cinco licenciadas en
enfermería. Las nuevas enfermeras retiraron el letrero de suspensión del frontis
del edificio y se aprestaron para recibir a los pacientes.
Mientras el Sedes elaboraba la resolución para habilitar la clínica Melendres, a
las 10:30, la enfermera practicante, Laura Oliva (23) abandonaba la PTJ
acompañada por su madre, hija y esposo; después de haber presentado dos garantes
solventes.
Voy a luchar
para lograr mi inocencia
Disfrutando de su pequeña en los brazos, Laura
Oliva volvió a su hogar después de 26 días de permanecer detenida en la PTJ por
disposición del fiscal asignado al caso, Juan Edmundo Jacobo.
Dijo que fueron días duros los que vivió entre rejas, ya que es difícil
sobrevivir dentro de las celdas; aunque manifestó no haber sufrido maltrato
físico, pero sí psicológico. “Fue injusta mi detención porque fui la única
detenida, los otros tres están libres, lo que tengo claro es que voy a luchar
hasta lo último para lograr mi inocencia”, aseveró a tiempo de insistir que sólo
siguió instrucciones del médico por lo que la justicia deberá encontrar al
verdadero responsable.
Oliva tendrá que presentarse todos los sábados en la fiscalía. Por su parte,
Jacobo indicó que en 2 ó 3 meses presentará la acusación para luego llevar el
caso a juicio oral.
La clínica
Saavedra será investigada por el Sedes
Fernando Gil, director del Servicio Departamental
de Salud, instruyó a la comisión de auditoría médica y establecimientos de salud
investigar la denuncia de supuesta negligencia médica ocurrida en la clínica
Saavedra el pasado sábado. “El caso lo sé por prensa, porque no hemos recibido
ninguna denuncia por escrito”, precisó Gil, a tiempo de indicar que alrededor de
cinco son los casos de negligencia médica que ha atendido el Sedes, aunque sólo
uno se ha podido comprobar que hubo mala praxis. Tampoco se sentó la denuncia en
la Policía Técnica Judicial.
La familia de Máximo Echalar (40), que fue enterrado ayer, denunció a los medios
de comunicación que lo llevaron a la clínica Saavedra debido a que éste sentía
un agudo dolor abdominal, ya que el viernes había ingerido bebidas y comidas
festejando el día del padre. Agregaron que allí, después de que el médico y una
enfermera le colocaran una inyección se dieron cuenta que Echalar se puso morado
e hinchado por lo que tuvo que ser derivado al hospital San Juan de Dios donde
posteriormente falleció.
El director de la clínica Saavedra, Emil Saavedra, negó que se trate de un caso
de negligencia médica, argumentando que se le suministró los medicamentos
indicados para ese tipo de patologías. “Ninguna de las tres ampollas, (bucapina
compuesta, atropina y klosidol) que el médico Ángel Camacho que lo atendió
instruyó suministrar, pueden provocar una ruptura vascular cerebral”, precisó.
Añadió que cuando Camacho se percató que el paciente no reaccionaba llamó al
neurólogo, cardiólogo y a su persona. Después de un examen neurológico el
especialista indicó que debía ser trasladado a terapia intensiva, previo
sometimiento a una tomografía para confirmar posible hemorragia cerebral.
De aquí se fue con vida, tenía signos vitales; aunque presentaba dificultad para
respirar motivo por el que se le colocó oxígeno.
Al día siguiente (domingo) nos comunicaron que el diagnóstico dio hemorragia
cerebral, aneurisma (nudo que se forma dentro de las arterias, el cerebro o el
estómago), afirmó Saavedra.
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