Para que nadie atente contra nadie…
Mario Rueda Peña
No hace mucho, la avenida 16 de Julio de La Paz se le convirtió a la COB en
una suerte de calle de la amargura. La marcha de protesta encabezada por Solares
fue víctima de la furia de los viandantes. La gente no solo rechifló a los
participantes sino que le lanzó agua desde ventanas y balcones. Algunas
escuadras de manifestantes optaron por emprender las de Villadiego ante el
riesgo de que de los insultos los transeúntes pasaran a mayores. Sobre todo, a
partir del instante en que el máximo dirigente de la muy venida a menos matriz
sindical de los trabajadores empezara a responder con dinamitazos a las
provocaciones. Una anciana estuvo a punto de perder la vida en medio de las
detonaciones. Cabe destacar que el mismo día, en horas de la mañana, había
pasado lo mismo con una manifestación de maestros. Atemorizados por la forma en
que reaccionaba el público contra ellos, los docentes resolvieron disolver la
marcha. Al día siguiente, en Tarija, reconocido en las calles, Solares estuvo a
punto de ser agredido por viandantes, tras ser increpado duramente por una
señora de avanzada edad que le reprochaba en forma furiosa las afrentas a
miembros de su familia. No de ahora aquellas, sino de los tiempos cuando el
dirigente sindical, según la mujer, trabajaba para la dictadura de García Meza.
Lo de La Paz tiene su clave en la actual estructura social de la ciudad. Se ha
reducido en forma drástica el porcentaje de la población sujeta a relaciones de
tipo obrero-patronal. En cambio, conforman la inmensa mayoría los denominados
“trabajadores por cuenta propia”, particularmente concentrados en la economía
informal. Específicamente, en la de tipo ferial. El resto es clase media
dedicada a todo tipo de actividades que van desde el empleo público (La Paz es
el epicentro burocrático del país) hasta el transporte con vehículos de
propiedad personal o familiar (micros, buses y taxis), pasando por las asociadas
a la artesanía, oficios menores y servicios. Podría cuantificarse en más del 75%
la población paceña concentrada en estas áreas. A esta mayoría le revuelve la
bilis cada vez que un paro con bloqueos de calles le merma ingresos. Quienes más
se enfurecen son los que a consecuencia de los referidos excesos no pueden
llegar a tiempo a su trabajo. De ahí que no solo ellos sino todos los
perjudicados reaccionen con creciente violencia contra los gremios que ganan la
calle para pisar y pasar sobre los derechos de los demás.
El asunto es que los choques entre quienes se manifiestan y quienes les repudian
pueden alcanzar consecuencias trágicas en el futuro inmediato si desde el
gobierno y el Parlamento no se hace lo que se debe. Nos referimos a la necesidad
de reglamentar los derechos de manifestación y protesta que el Art. 7 de la
Carta Magna reconoce a favor de todos los bolivianos. Tenemos leyes que hacen
eso con todos los demás derechos, menos con aquellos, por lo que urge de una vez
por todas rayarles la cancha, a fin de que los bolivianos sepamos cómo debemos
movernos en la misma. Al respecto, hay normas de vigencia universal que nosotros
no podemos pasar por alto. Por ejemplo, la de recabar autorización previa para
salir a la calle a manifestarse, con especificación de motivo (el cual tiene que
ser lícito) y señalamiento de recorrido. Esto último, para que la fuerza pública
proteja a los marchistas y evite, al mismo tiempo, la comisión de excesos que
lesionen los derechos de los demás. Así se garantiza el carácter pacífico que
debe tener toda manifestación de protesta. La policía detiene y pone a
disposición del Ministerio Público y la PTJ a cuantos incurran en actitudes
tipificadas como delitos por el Código Penal, sea quienes sean los autores.
Es el paso a dar antes de que sea demasiado tarde. Que nadie atente contra
nadie...
|