En el Día del Mar
Paulovich ®®La noticia de perfil
Al llegar el Día del Mar, mi esposa me preguntó si me vestiría de marinerito
y le cortaría el suministro del agua al Cónsul General de Chile como lo hacía
cuando era niño, respondiéndole que ya no lo haría y que en cambio iría a
visitar al señor Ruiz Tagle, a quien conocí la otra noche en una recepción
diplomática.
Toqué la puerta con los nudillos porque no alcanzaba al timbre y a mi “toc, toc,
toc me preguntaron desde dentro quién era, respondiendo “soy el ángel de las
bolas de oro”, y volvieron a preguntarme qué quería, contestando: quiero ver al
señor Cónsul, y me franquearon la entrada.
Luego de los saludos protocolares dije al diplomático chileno: “vengo a
retribuirle la visita que sus paisanos nos hicieron en Antofagasta en 1874 un
día 14 de febrero”, preguntándome una secretaria de apellido Undurraga con su
voz de buen vino si se trataba de una visita de carácter armado, a lo que
repuse:”sólo traigo esta pistolita de madera”, como queriendo demostrar el
pacifismo de los bolivianos que es más producto de nuestra pobreza
presupuestaria que de nuestro desarme espiritual.
El diplomático chileno se estrañó de mi nombre que le sonaba a esclavo y tuve
que inventar la especie de que tuve un antepasado ruso que fue tripulante del
Alcorazado Potomkim, cuyo episodio histórico principal dio lugar a una famosa
película que forma parte de la Historia del Cine y que allí está registrado como
Fedor Paulivich de quien heredé valioso Manual de Instrucciones para Manejar un
Asorazado”. Un funcionario del Consulado me pidió una fotocopia del mismo y le
negué porque se lo tengo prometido a la Fuerza Naval Boliviana.
El Cónsul me invitó whisky y me preguntó si lo quería con agua, respondiéndole
prestamente que lo prefería puro porque me lo podían dar mezclado con aguas del
Silala o con aguas del río Lauca que sería peor, aprovechando de la
circunstancia para exponerle con firmeza mi posición sobre las aguas del Silala
que proceden de manantiales y no de ningún río de curso sucesivo e
internacional.
Aprovechando de un descuido del personal de vigilancia que no me quitaba un ojo
de encima, inscribí en una de las paredes la siguiente leyenda: “Bolívar 2- Colo
Colo 0” y cambié la fotografía del futbolista Salas que se hallaba en el living
por la mía cuando vestía la gloriosa camiseta del club celeste.
Cuando el Cónsul de Chile me preguntó acerca de mi opinión acerca de nuestro
problema marítimo le dije claramente “volveremos a la vecindad del mar y eso
será posible dialogando con Chile, con su gobierno y con su pueblo, pues somos
países que nos necesitamos mutuamente”.
Es por ello que hoy trabajaré como todos los días en lugar de vestirme de
marinerito y salir gritando por calles y plazas. Seamos más grandes para
dialogar con Chile y que los chilenos sean menos soberbios para dialogar con
Bolivia.
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