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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 23, Marzo de 2004

Enseñanza. Alejandro Kessi, profesor de Tocopilla, enseña que ahora, todo debe resolverse con el diálogo, no con guerra

Cambio en las aulas: la cultura de paz desplaza a la lógica bélica

Educación. Proponen que el culto al héroe acabe para dar paso al análisis, la autocrítica, la tolerancia y la integración


Gustavo Aimone, oficial de la Armada chilena, escucha atentamente a los panelistas que discuten sobre educación. Se levanta y propone: “Hemos elaborado un texto conjunto con Perú. Hagamos lo mismo con Bolivia”. La historiadora Loreto Correa establece que no es gratis, no es fácil, pero hay que hacerlo.
Una de las proposiciones más contundentes fue formulada por el historiador boliviano Fernando Cajías. “La enseñanza de la historia debe iniciar un cambio de mentalidades. Es necesario acabar con los fundamentalismos surgidos del complejo de la derrota y del complejo de la victoria”.
Lo que Cajías sustenta es una historiografía de ruptura para cambiar los mitos históricos que se imparten desde el aula. Si bien la historia se enseñó como una herramienta para construir una identidad nacional, actualmente ya no puede ser su único rol. “Ataquemos los currículos y la formación docente. Esto implica un trabajo sobre la naturaleza de lo latinoamericano, pero no como experiencia del pasado sino como identidad en construcción”, afirma. En el caso de la guerra del Pacífico, hay que incorporar a Perú. Y los medios de comunicación social deben sumarse al esfuerzo, dice.
Otro historiador chileno, Leonardo Jeffs, considera que la enseñanza de la historia en su país se detiene en las batallas y en la exaltación de los héroes. Esta visión descuida las causas profundas de la guerra y sus consecuencias actuales.
Con un cambio en la manera de enseñar la historia, se podría entender todo el trasfondo económico que hubo en esta contienda. “Muchos le llamaron la guerra del guano y del salitre. Habría que ver las consecuencias no solamente territoriales, que se presentan, sino las consecuencias en las relaciones entre estos pueblos. Quedan heridas profundas que se mantienen a lo largo del tiempo”.
Eso ha llevado, en el caso del Perú, a tener un largo período de ruptura de relaciones diplomáticas con Chile, desde 1910 hasta 1928. Desde 1918 no hubo ni relaciones consulares. “Hay responsabilidades para la élite boliviana en la pérdida del Litoral. Los historiadores que abordaron el tema, como don Roberto Querejazu, deberían ser más conocidos en Chile”, comenta Jeffs. La autocrítica debe ser profundizada en ambos países. Si bien otros autores como Sergio Carrasco creen que un texto único sería complicado, se puede trabajar en un texto que presente todas las versiones.
Orietta Ojeda, profesora de historia y geografía, enriquece el enfoque con la introducción de los conceptos de cultura de paz como transversales en la educación. “Tenemos que hacer una historia común. ¿Cuántos valores democráticos enseñamos? ¿Cómo se enseña a los chicos la tolerancia y la democracia?”, cuestiona.
Como académica de la Universidad Mayor, Ojeda ha trabajado intensamente en el tema. Cita al educador Francisco Piñón: “Para navegar las aguas turbulentas del cambio al que estamos sometidos, es necesario embarcarnos en la estrategia de la integración. Y si la integración es el puerto seguro, la educación es el instrumento de navegación”.
El tema preocupa a la Unesco desde 1991. El peruano Mario Cabañaro propone, desde Tacna, señalar lo que nos une y dejar de considerar la historia de los invadidos y de los vencedores por separado. “Además, la historia de los invadidos es más difícil de escribir que la de los vencedores”, sentencia.

Hubo chilenos en la creación de las normales bolivianas

La discusión histórica acerca de la soberanía boliviana en la zona marítima es un tema que ha enfrentado a historiadores de ambos lados de la frontera.
Orietta Ojeda ha encontrado, en los archivos del Instituto Nacional de Chile, los registros de un joven del puerto de Cobija que estudiaba en esa institución, donde trabajó el cruceño Gabriel René Moreno. “Ese estudiante estaba registrado como boliviano”, sostiene Ojeda.
La investigadora comparte, con su colega boliviana Dora Cajías, el interés por los profesores chilenos que en el pasado diseñaron y formaron escuelas normales bolivianas. El Colegio Primario Modelo de Oruro fue fundado y dirigido por Vicente Riquelme. Julio Soto fundó la Escuela Normal de Preceptores para Indígenas de La Paz. Leónidas Banderas fue asesor y fundador de la Escuela Normal de Sucre. También hubo misiones pedagógicas que llegaron a Chile y Bolivia desde Bélgica.

Los desafíos

  • El Premio Nacional de Literatura, Jorge Edwards, señala que se sabe tanto de Bolivia como del Tíbet o Azerbaiyán. Propone salir de la cultura de guerra que ha formado la educación.
  • La educación para la paz no se ha instaurado con decisión en los países sudamericanos. En Europa, sus frutos ya son visibles.
  • Historia, Geografía y Ciencias Sociales deben llevar adelante una relación dialógica, unida a textos y didáctica de la enseñanza destinados a conseguir un futuro de entendimiento, propone la historiadora Ojeda.

En el curso

Bolivia
Se insiste en la mutilación injusta del ‘usurpador chileno’ que arrebató las riquezas a una nación poco organizada y débil. Se entendió la historia como elemento de identidad nacional. Es necesario usarla como instrumento de creación de una conciencia latinoamericana que está en formación.

Chile
La glorificación de los héroes es frecuente. Se alude a la astucia de los chilenos, que supieron volcar la ‘superioridad enemiga’ en algunos combates. Hay resistencia a hablar del tema marítimo. No se reconoce que el tratado de 1904 no ha sido una solución real.

Perú
No es raro que se critique a Bolivia por haber dejado solo a Perú en la contienda. Como consecuencia, hay autores peruanos que se desentienden del problema surgido por la mediterraneidad boliviana. También se rinde culto al héroe y a la noción de patria.
 


Personajes de ambos lados de la frontera que viven y aman en Chile, pero llevan en sus vidas las huellas del enfrentamiento de hace 125 años

Dicen que en Calama, el 6 de Agosto se celebra más que el 23 de Marzo. De sus 130.000 habitantes, 30.000 son bolivianos. O descienden de ellos, como Alejandro González, dueño de un alojamiento. “Soy chileno. Me enorgullece contar que mi madre usaba una pollera y un sombrero blanco. Tengo en mi memoria el sabor de sus comidas”. El tema del mar lo apasiona. Leyó durante cuatro meses, dos horas al día, la historia del conflicto. Quedó cautivado con la vida de una espía chilena que enamoró a un marino peruano. Así, la armada chilena sabía dónde atacar. Como éstas, hay decenas de historias que esperan en los cafés, en los restaurantes y en las calles del norte chileno.

 

Cultura. Grover Ayala llevó varias veces Los Kjarkas a Chile. Llegó a detener un show porque presentaba folclore boliviano sin aclarar el origen.

 

 

 

 

Dirigente. Lourdes Vargas conoció el mar en Miami. “No paré de llorar”. Es presidenta de los empresarios de la Zona Franca de Iquique

 

 

 

 

Trayectoria. Wilson Carrizo es chileno y boliviano. Pasó por la Tahuichi y jugó en Bolívar. Dirige la escuela de fútbol Deportistas para Cristo. Vende libros en la plaza de Calama.

 

 

 

 

Bisnieta. Es chilena. “El Héroe” dice al referirse a su bisabuelo. En la casa de la viuda de Abaroa, convertido en hotel por María Angélica Abaroa, hay decenas de fotografías del siglo XIX, entre las que creció su hija Katia Siglic Abaroa.

 

 

 

 

La casa. La quinta del prócer en Calama sigue produciendo maíz y alfalfa. El dueño, Juan Abaroa, es un gran exportador de carne. Estaba ausente y no permitió fotos del interior, que aún conserva los muebles de la época.

 

 

 

 

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