Un fantasma juguetea en el desierto de Atacama.
Es la demanda marítima boliviana. Una de las instituciones chilenas que
mejor ha comprendido el alcance del problema (y de su solución) es el
Instituto de Estudios Internacionales (INTE), que depende de la Universidad
Arturo Prat. En un seminario de un nombre tan serio como "Propuestas de
integración Bolivia-Chile en el siglo XXI", se reunieron el 8 y 9 de marzo
ex cancilleres, periodistas, historiadores, politólogos y sociólogos.
Curiosamente, el imaginario citadino de Iquique, donde se iniciaron estas
iniciativas de integración, gira alrededor de los héroes de la batalla naval
librada durante la guerra del Pacífico entre las débiles embarcaciones de
madera Esmeralda y Covadonga y los blindados peruanos Huáscar e
Independencia. Y Prat es el nombre del héroe, cuya querida presencia se
esparce en plazas, calles, paseos... y en la misma universidad.
Las iniciativas de integración han sido intensas en el último lustro. En La
Paz hubo un encuentro de intelectuales chilenos y bolivianos; la CAF
auspició reuniones en Caracas donde se ajustó el Proyecto Trinacional de
Desarrollo Integrado del Occidente de Bolivia, el Norte de Chile y el Sur
del Perú. Participaron el Instituto Prisma de Bolivia, Flacso de Chile y
Cepei del Perú.
Hace cuatro años, en Iquique, hubo un encuentro del Consejo de Rectores por
la Integración Centro-Oeste de Sudamérica (Cricos); ese mismo año, otra cita
de intelectuales chilenos y bolivianos, en la misma ciudad. Ahí se
estableció por qué es importante construir los corredores bioceánicos.
Carlos Martínez, ex canciller y presidente de la Academia Chilena de
Ciencias Sociales, afirma que los estados brasileños de Mato Grosso, Mato
Grosso do Sul, Acre y Rondonia son los que más necesitan llegar, por el
Pacífico, hasta los mayores consumidores de soya: los países del
Asia-Pacífico. Brasil usa ahora tres rutas de navegación sobre el Atlántico:
el estrecho de Magallanes, el canal de Panamá y Océano Índico. Un barco que
zarpa de Antofagasta debe recorrer 9.026 millas hasta Yokohama (Japón); en
cambio, si lo hace desde Recife (Brasil), vía el canal de Panamá, habrá
recorrido 10.096 millas. Esa diferencia implica nueve días de navegación a
favor del puerto de Antofagasta. Casi sin excepción, los intelectuales
chilenos dicen que Bolivia podría aprovechar el tratado de libre comercio
que tiene con EE UU, usando los puertos para exportar. "Claro, los yanquis
también aprovecharían para traer sus cosas. ¿Qué les importa Chile, con 18
millones de consumidores, o Bolivia, con 8 millones? ¡Lo interesante está en
los 200 millones de Brasil!", exclama el alcalde de Arica, Jorge Valcarce.
Pero no es nomás hacer corredores. Lo sabe bien Jorge Soria, alcalde de
Iquique, que hace 40 años empezó a trazar mapas con posibles vías de salida
por rutas que enlazan Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y, finalmente,
los puertos brasileños de Santos y Paraguaná.
Desde que era un niño, el presidente de la Cámara de la Construcción de
Santa Cruz, José Jordán, escucha del tramo final del corredor Tambo
Quemado-Puerto Suárez., que tiene 600 kilómetros. En realidad, es una
aspiración cruceña que viene desde el siglo XIX, formulada en el Memorándum
de 1904, que aconsejaba mirar hacia el Atlántico y se oponía al famoso
Tratado de 1904 firmado entre Bolivia y Chile.
El balance político y comercial, que empezó a agitarse hace cinco años con
la compra de aviones F16 por parte del gobierno chileno y la consiguiente
protesta de Perú, se vio alterado con el descubrimiento de la gran reserva
boliviana de gas. Con una economía que crece a más del 7,4% según datos de
la Comunidad Andina de Naciones, Chile necesitará cada vez más gas. De ahí
la estrategia boliviana de considerar los 56 trillones de pies cúbicos de
reserva como un recurso de negociación para la demanda marítima.
Actualmente, la postura centralista de Santiago difiere de la más
integradora del norte chileno. "A mucha gente no le interesa tener frontera
con Perú. Mejor si Bolivia está en medio", comentaba informalmente un
académico. Entre mesiánico y optimista, otro vaticinó: "Con una salida
concesionada por 99 años, se puede esperar que el edificio de las soberanías
se caiga. Y van a caer. El problema se va a solucionar".
Loreto
Correa
La
historiadora critica la actuación errática de la Cancillería boliviana. La
historia debe escribirse de nuevo
«Hay un doble discurso en la
política chilena»
Vivió en Bolivia durante mucho tiempo.
Escribió "Los laberintos de la tierra. Gasoductos y sociedad en el oriente
boliviano". Desde la cátedra en universidades cruceñas, esta historiadora
chilena palpó la demanda boliviana. Desde hace unos meses volvió a Chile,
donde también se dedica a la enseñanza y la investigación. Forma parte de
una nueva generación de intelectuales críticos ante las políticas externas
de Chile y Bolivia.
"Veo un doble discurso por parte de la política exterior chilena. Su
experiencia reciente como una de las responsables en la Cumbre
Iberoamericana de Presidentes le mostró que, en los foros internacionales,
Chile se muestra favorable a la integración y al trabajo común con los
países del continente. "Pero cuando las papas queman y la situación lo
compromete directamente, no se define".
Un día antes de su intervención en el seminario de integración, revisaba
algunos textos y encontró una frase del ex canciller José Miguel Insulza,
pronunciada en Buenos Aires. El candidato a la presidencia de la OEA dijo
que las mejores relaciones con Bolivia eran las no relaciones. "Me causó
espanto", confiesa Correa. "Años después, en un foro internacional que
representa a miles de millones de personas, Lagos le dice al presidente Mesa
que quiere relaciones 'aquí y ahora'".
Considera que Chile va en una bitácora de vuelo ‘a mil por hora’. Por eso se
perdieron valores como la solidaridad y la institucionalidad. El desarrollo
vertiginoso no ha ido aparejado con una modernización de las mentalidades.
“Hemos crecido como una especie de monstruo, con manos muy largas y una
cabeza muy chica”, sostiene. Lamenta que los mercados chilenos lleguen a
Asia, pero no pueda mirar al norte. “Es una locura, una esquizofrenia. Nos
preocupa más lo que diga el tratado de Corea que llevarnos bien con los
bolivianos”, de quienes se dice que son unos corruptos y que no van a
madurar nunca. “Están así porque quieren", son los comentarios escuchados
por Correa en su país. Considera que lo más necesario es elaborar una
política de Estado coherente. “Así, Bolivia pedirá cosas concretas y Chile
deberá negociar”, dice.
Para ambos lados
+ Un arbitraje debe
resolver el tema del Silala. También se debe elaborar textos educativos
conjuntos. El continente no puede esperar su absorción para replantear
relaciones interamericanas.
-- La Cancillería boliviana inventa conceptos a cada paso: soberanía
perforada, soberanía relativa. A ratos, pide un enclave. Los medios también
deben preocuparse.
Iván
Witker
Este
politólogo afirma que el debate bilateral es pasional. La historia común “no
es problema para avanzar”
«No hay conflicto pendiente
con Bolivia»
Antes de pensar en un tratado, el interlocutor
debe tener capacidad efectiva de gobernabilidad. Es una de las tesis
planteadas por Iván Witker, politólogo con un doctorado en comunicación.
Se muestra escéptico ante el hecho de que la condición mediterránea de un
país cause atraso económico. “El ejemplo más cercano en el tiempo es Haití.
Con más de dos terceras partes de su territorio con libre acceso al mar, no
logra superar gravísimos problemas sociales”, afirma.
Pondera la creatividad con la que puertos como Hamburgo, Rotterdam y Gdansk
ayudan a países mediterráneos “sin recurrir a la impractibable fórmula de
correr límites fronterizos ni crear ambiguas situaciones jurídicas”.
Lamenta que los medios de comunicación hayan ignorado la Conferencia de
Almaty, realizada en Kazajstán en agosto de 2003. Fue una conferencia
ministerial de países en desarrollo sin litoral y de tránsito. Participaron
82 países, que discutieron fórmulas para facilitar el acceso al mar.
Sin embargo, en la declaración de Almaty se menciona que una de las causas
de la falta de competitividad en el comercio internacional es el costo de
transporte que pagan los países mediterráneos.
Witker afirmó, durante su participación en uno de los paneles del seminario
de integración, que no hay conflicto entre ambas partes. “Para que haya
conflicto tiene que haber animadversión cultural entre ambas partes, actitud
que no es predominante ni en Chile ni en ninguna de las dos Bolivias”.
Jurídicamente, niega la existencia de un litigio. Loreto Correa, sin
embargo, planteó que sí existía un litigio con Bolivia.
Witker criticó la versión de analistas chilenos que sugieren “invertir en
democracia en el país vecino, porque si les va mal a ellos, nos irá mal a
nosotros”. Según el politólogo, no hay evidencias de que si a un país le va
mal, ocurra lo mismo con el vecino. También señaló que la Cancillería
chilena no previó la existencia de un clima internacional apropiado para
demandas como la boliviana. Concluyó el analista afirmando que una solución
es crear espacios interregionales de integración: es decir, primero la
economía.
No todo es negocio
+ Se rechaza el corredor
argumentando que se cortaría la soberanía, cuando la continuidad fue cortada
en el sur por un empresario extranjero.
-- La inesperada irrupción de la mediterraneidad boliviana en la
agenda chilena fue parecida a lo que ocurrió en México, que celebraba el TLC
cuando apareció el ancestral problema de Chiapas.
Sergio
González | Director del Instituto de Estudios Internacionales (U. Arturo
Prat)
«Las barreras del mar para Bolivia van a caer»
- ¿Existe una visión diferente
desde el norte chileno hacia la integración?
- Un trabajo que realiza el INTE es la aproximación de las posiciones a
través de la paradiplomacia. Somos agentes facilitadores de la sociedad
civil. La posición geoestratégica de Arica, Iquique y Antofagasta, otorgan
una mirada diferente de las relaciones internacionales. Bolivia es
estratégica para atravesar el centro del continente. Somos parte de la
región centro oeste sudamericana. Sin embargo, aún no hay pavimento entre
Huara y Colchane, aunque se trata de una demanda que tiene un siglo.
- ¿Qué papel le corresponde a las instituciones académicas?
- Hay que homologar títulos. Se necesitan postgrados de integración. El
Consejo de Rectores por la Integración del Centro Oeste Sudamericano integra
a 30 universidades. Carreras como Derecho o Ingeniería pueden ser muy
parecidas.
- Mencionaba usted ‘capitales’ para la integración. ¿Cuáles son?
- Para que haya un proyecto político, debe haber un capital cultural. El
capital psicosocial son las ganas de integrarnos, de ver el mundo de una
nueva manera. Eso configura un capital simbólico, que reconozca el mundo
andino, cruceño, aimara y del norte grande chileno. Luego, un capital
cívico: leyes, normas. Finalmente, todo eso formará un capital sinergético,
que es lo que permitirá plantear proyectos de desarrollo.
- ¿Es posible alcanzarlos?
- Hay que persistir, aunque nos quedemos sin amigos. Se deben enterrar
conceptos decimonónicos y avanzar con la brújula en una mano y el ancla en
la otra.
Julio Garret Ayllón / Ex
Canciller
Soberanía de facto, necesaria
Chile es un país vulnerable en
recursos energéticos. El 25% de sus necesidades se resuelve con recursos
importados como el gas de Argentina. Eso hace posible una complementación
económica. Bolivia puede tener un puerto con soberanía de facto y no de
derecho. Se puede concesionar un sector que luego se transformará en enclave
con soberanía de facto, por un plazo renovable de 99 años. Nuestro país
necesita un puerto de exportación de productos. Esta es una opción
perfectamente posible. No perjudica a Chile.
Antonio Araníbar Quiroga / Ex
Canciller
La opción es trinacional
La mediterraneidad es un problema
político, histórico y económico. No es jurídico, porque el Tratado de 1904
sigue vigente. Ecuador y Perú lograron resolver sus diferencias con el
“kilómetro de la paz”. Argentina y Chile resolvieron sus problemas gracias a
la intervención papal. Se debe pensar en un enfoque trinacional con
beneficios mutuos. Entre Bolivia, Chile y Perú se puede estructurar una
opción cooperativa. Los bolivianos no podemos seguir usando anteojeras
políticas ni ideológicas al tratar este problema.