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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 23, Marzo de 2004

La cuestión del mar levanta olas y propuestas


Textos y fotos : Javier Méndez V.

Un fantasma juguetea en el desierto de Atacama. Es la demanda marítima boliviana. Una de las instituciones chilenas que mejor ha comprendido el alcance del problema (y de su solución) es el Instituto de Estudios Internacionales (INTE), que depende de la Universidad Arturo Prat. En un seminario de un nombre tan serio como "Propuestas de integración Bolivia-Chile en el siglo XXI", se reunieron el 8 y 9 de marzo ex cancilleres, periodistas, historiadores, politólogos y sociólogos. Curiosamente, el imaginario citadino de Iquique, donde se iniciaron estas iniciativas de integración, gira alrededor de los héroes de la batalla naval librada durante la guerra del Pacífico entre las débiles embarcaciones de madera Esmeralda y Covadonga y los blindados peruanos Huáscar e Independencia. Y Prat es el nombre del héroe, cuya querida presencia se esparce en plazas, calles, paseos... y en la misma universidad.
Las iniciativas de integración han sido intensas en el último lustro. En La Paz hubo un encuentro de intelectuales chilenos y bolivianos; la CAF auspició reuniones en Caracas donde se ajustó el Proyecto Trinacional de Desarrollo Integrado del Occidente de Bolivia, el Norte de Chile y el Sur del Perú. Participaron el Instituto Prisma de Bolivia, Flacso de Chile y Cepei del Perú.
Hace cuatro años, en Iquique, hubo un encuentro del Consejo de Rectores por la Integración Centro-Oeste de Sudamérica (Cricos); ese mismo año, otra cita de intelectuales chilenos y bolivianos, en la misma ciudad. Ahí se estableció por qué es importante construir los corredores bioceánicos.
Carlos Martínez, ex canciller y presidente de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, afirma que los estados brasileños de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Acre y Rondonia son los que más necesitan llegar, por el Pacífico, hasta los mayores consumidores de soya: los países del Asia-Pacífico. Brasil usa ahora tres rutas de navegación sobre el Atlántico: el estrecho de Magallanes, el canal de Panamá y Océano Índico. Un barco que zarpa de Antofagasta debe recorrer 9.026 millas hasta Yokohama (Japón); en cambio, si lo hace desde Recife (Brasil), vía el canal de Panamá, habrá recorrido 10.096 millas. Esa diferencia implica nueve días de navegación a favor del puerto de Antofagasta. Casi sin excepción, los intelectuales chilenos dicen que Bolivia podría aprovechar el tratado de libre comercio que tiene con EE UU, usando los puertos para exportar. "Claro, los yanquis también aprovecharían para traer sus cosas. ¿Qué les importa Chile, con 18 millones de consumidores, o Bolivia, con 8 millones? ¡Lo interesante está en los 200 millones de Brasil!", exclama el alcalde de Arica, Jorge Valcarce. Pero no es nomás hacer corredores. Lo sabe bien Jorge Soria, alcalde de Iquique, que hace 40 años empezó a trazar mapas con posibles vías de salida por rutas que enlazan Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia y, finalmente, los puertos brasileños de Santos y Paraguaná.
Desde que era un niño, el presidente de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz, José Jordán, escucha del tramo final del corredor Tambo Quemado-Puerto Suárez., que tiene 600 kilómetros. En realidad, es una aspiración cruceña que viene desde el siglo XIX, formulada en el Memorándum de 1904, que aconsejaba mirar hacia el Atlántico y se oponía al famoso Tratado de 1904 firmado entre Bolivia y Chile.
El balance político y comercial, que empezó a agitarse hace cinco años con la compra de aviones F16 por parte del gobierno chileno y la consiguiente protesta de Perú, se vio alterado con el descubrimiento de la gran reserva boliviana de gas. Con una economía que crece a más del 7,4% según datos de la Comunidad Andina de Naciones, Chile necesitará cada vez más gas. De ahí la estrategia boliviana de considerar los 56 trillones de pies cúbicos de reserva como un recurso de negociación para la demanda marítima.
Actualmente, la postura centralista de Santiago difiere de la más integradora del norte chileno. "A mucha gente no le interesa tener frontera con Perú. Mejor si Bolivia está en medio", comentaba informalmente un académico. Entre mesiánico y optimista, otro vaticinó: "Con una salida concesionada por 99 años, se puede esperar que el edificio de las soberanías se caiga. Y van a caer. El problema se va a solucionar".

 

Loreto Correa

La historiadora critica la actuación errática de la Cancillería boliviana. La historia debe escribirse de nuevo

«Hay un doble discurso en la política chilena»

Vivió en Bolivia durante mucho tiempo. Escribió "Los laberintos de la tierra. Gasoductos y sociedad en el oriente boliviano". Desde la cátedra en universidades cruceñas, esta historiadora chilena palpó la demanda boliviana. Desde hace unos meses volvió a Chile, donde también se dedica a la enseñanza y la investigación. Forma parte de una nueva generación de intelectuales críticos ante las políticas externas de Chile y Bolivia.
"Veo un doble discurso por parte de la política exterior chilena. Su experiencia reciente como una de las responsables en la Cumbre Iberoamericana de Presidentes le mostró que, en los foros internacionales, Chile se muestra favorable a la integración y al trabajo común con los países del continente. "Pero cuando las papas queman y la situación lo compromete directamente, no se define".
Un día antes de su intervención en el seminario de integración, revisaba algunos textos y encontró una frase del ex canciller José Miguel Insulza, pronunciada en Buenos Aires. El candidato a la presidencia de la OEA dijo que las mejores relaciones con Bolivia eran las no relaciones. "Me causó espanto", confiesa Correa. "Años después, en un foro internacional que representa a miles de millones de personas, Lagos le dice al presidente Mesa que quiere relaciones 'aquí y ahora'".
Considera que Chile va en una bitácora de vuelo ‘a mil por hora’. Por eso se perdieron valores como la solidaridad y la institucionalidad. El desarrollo vertiginoso no ha ido aparejado con una modernización de las mentalidades. “Hemos crecido como una especie de monstruo, con manos muy largas y una cabeza muy chica”, sostiene. Lamenta que los mercados chilenos lleguen a Asia, pero no pueda mirar al norte. “Es una locura, una esquizofrenia. Nos preocupa más lo que diga el tratado de Corea que llevarnos bien con los bolivianos”, de quienes se dice que son unos corruptos y que no van a madurar nunca. “Están así porque quieren", son los comentarios escuchados por Correa en su país. Considera que lo más necesario es elaborar una política de Estado coherente. “Así, Bolivia pedirá cosas concretas y Chile deberá negociar”, dice.

Para ambos lados

+ Un arbitraje debe resolver el tema del Silala. También se debe elaborar textos educativos conjuntos. El continente no puede esperar su absorción para replantear relaciones interamericanas.
-- La Cancillería boliviana inventa conceptos a cada paso: soberanía perforada, soberanía relativa. A ratos, pide un enclave. Los medios también deben preocuparse.

 

Iván Witker

Este politólogo afirma que el debate bilateral es pasional. La historia común “no es problema para avanzar”

«No hay conflicto pendiente con Bolivia»

Antes de pensar en un tratado, el interlocutor debe tener capacidad efectiva de gobernabilidad. Es una de las tesis planteadas por Iván Witker, politólogo con un doctorado en comunicación.
Se muestra escéptico ante el hecho de que la condición mediterránea de un país cause atraso económico. “El ejemplo más cercano en el tiempo es Haití. Con más de dos terceras partes de su territorio con libre acceso al mar, no logra superar gravísimos problemas sociales”, afirma.
Pondera la creatividad con la que puertos como Hamburgo, Rotterdam y Gdansk ayudan a países mediterráneos “sin recurrir a la impractibable fórmula de correr límites fronterizos ni crear ambiguas situaciones jurídicas”.
Lamenta que los medios de comunicación hayan ignorado la Conferencia de Almaty, realizada en Kazajstán en agosto de 2003. Fue una conferencia ministerial de países en desarrollo sin litoral y de tránsito. Participaron 82 países, que discutieron fórmulas para facilitar el acceso al mar.
Sin embargo, en la declaración de Almaty se menciona que una de las causas de la falta de competitividad en el comercio internacional es el costo de transporte que pagan los países mediterráneos.
Witker afirmó, durante su participación en uno de los paneles del seminario de integración, que no hay conflicto entre ambas partes. “Para que haya conflicto tiene que haber animadversión cultural entre ambas partes, actitud que no es predominante ni en Chile ni en ninguna de las dos Bolivias”. Jurídicamente, niega la existencia de un litigio. Loreto Correa, sin embargo, planteó que sí existía un litigio con Bolivia.
Witker criticó la versión de analistas chilenos que sugieren “invertir en democracia en el país vecino, porque si les va mal a ellos, nos irá mal a nosotros”. Según el politólogo, no hay evidencias de que si a un país le va mal, ocurra lo mismo con el vecino. También señaló que la Cancillería chilena no previó la existencia de un clima internacional apropiado para demandas como la boliviana. Concluyó el analista afirmando que una solución es crear espacios interregionales de integración: es decir, primero la economía.

No todo es negocio

+ Se rechaza el corredor argumentando que se cortaría la soberanía, cuando la continuidad fue cortada en el sur por un empresario extranjero.
-- La inesperada irrupción de la mediterraneidad boliviana en la agenda chilena fue parecida a lo que ocurrió en México, que celebraba el TLC cuando apareció el ancestral problema de Chiapas.

 

 

Sergio González | Director del Instituto de Estudios Internacionales (U. Arturo Prat)

«Las barreras del mar para Bolivia van a caer»

 

- ¿Existe una visión diferente desde el norte chileno hacia la integración?
- Un trabajo que realiza el INTE es la aproximación de las posiciones a través de la paradiplomacia. Somos agentes facilitadores de la sociedad civil. La posición geoestratégica de Arica, Iquique y Antofagasta, otorgan una mirada diferente de las relaciones internacionales. Bolivia es estratégica para atravesar el centro del continente. Somos parte de la región centro oeste sudamericana. Sin embargo, aún no hay pavimento entre Huara y Colchane, aunque se trata de una demanda que tiene un siglo.
- ¿Qué papel le corresponde a las instituciones académicas?
- Hay que homologar títulos. Se necesitan postgrados de integración. El Consejo de Rectores por la Integración del Centro Oeste Sudamericano integra a 30 universidades. Carreras como Derecho o Ingeniería pueden ser muy parecidas.
- Mencionaba usted ‘capitales’ para la integración. ¿Cuáles son?
- Para que haya un proyecto político, debe haber un capital cultural. El capital psicosocial son las ganas de integrarnos, de ver el mundo de una nueva manera. Eso configura un capital simbólico, que reconozca el mundo andino, cruceño, aimara y del norte grande chileno. Luego, un capital cívico: leyes, normas. Finalmente, todo eso formará un capital sinergético, que es lo que permitirá plantear proyectos de desarrollo.
- ¿Es posible alcanzarlos?
- Hay que persistir, aunque nos quedemos sin amigos. Se deben enterrar conceptos decimonónicos y avanzar con la brújula en una mano y el ancla en la otra.

 

Julio Garret Ayllón / Ex Canciller

Soberanía de facto, necesaria

Chile es un país vulnerable en recursos energéticos. El 25% de sus necesidades se resuelve con recursos importados como el gas de Argentina. Eso hace posible una complementación económica. Bolivia puede tener un puerto con soberanía de facto y no de derecho. Se puede concesionar un sector que luego se transformará en enclave con soberanía de facto, por un plazo renovable de 99 años. Nuestro país necesita un puerto de exportación de productos. Esta es una opción perfectamente posible. No perjudica a Chile.

 

Antonio Araníbar Quiroga / Ex Canciller

La opción es trinacional

La mediterraneidad es un problema político, histórico y económico. No es jurídico, porque el Tratado de 1904 sigue vigente. Ecuador y Perú lograron resolver sus diferencias con el “kilómetro de la paz”. Argentina y Chile resolvieron sus problemas gracias a la intervención papal. Se debe pensar en un enfoque trinacional con beneficios mutuos. Entre Bolivia, Chile y Perú se puede estructurar una opción cooperativa. Los bolivianos no podemos seguir usando anteojeras políticas ni ideológicas al tratar este problema.

 

 

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