Entre la espada y la pared
Francisco Justiniano Suárez
En el momento político actual el presidente Mesa y su gobierno se encuentran
en una situaciónmuycomplicada. Esinocultable que ennuestro país existen dos
polos radicalmente opuestos con sus propias áreas de influencia muy bien
demarcadas y con puntos de vista fuertemente encontrados. Por un lado están los
que expresan una posición política extremista resultante de una combinación de
izquierdismo trasnochado, indigenismo -particularmente ‘quichuista’ y ‘aimarista’-
que defiende con intransigencia nuestros recursos naturales, particularmente el
gas, con una actitud poco menos que beligerante en relación con Chile por la
cuestión marítima; que protege a ultranza los cultivos de la hoja de coca y sus
especulativas potencialidades de ‘industrialización’; partidarios además, de una
Constituyente que tendría –para ellos– una representatividad indígena de por lo
menos el 50 por ciento; que sustenta, asimismo, una actitud contraria a la
globalización e incluso a la exportación de recursos naturales; en fin, una
posición que se siente respaldada por la efectividad de los movimientos sociales
traducidos en paros y bloqueos.
Por el otro lado están los partidos políticos que podríamos llamarlos clásicos,
cuyos principales exponentes son el MNR y el MIR, que respaldan una posición
democrática representativa, con una actitud de cordialidad en el relacionamiento
con el mundo occidental y en particular con el gigante del Norte, manteniendo
una propuesta ‘erradicadora’ de la coca dentro de los términos de la Ley 1008, y
propugnando una apertura a las propuestas de globalización de la economía con
algunas observaciones para proteger el mercado interno, con una identificación
más clara de la exportación de productos naturales, en particular del gas, y
proponiendo exportarlo por donde más convenga al país. En lo político y en
relación con el tema de la Constituyente, sostiene la elección de los
representantes por medio del voto popular y secreto, sin corporativismo de
ningún tipo; en lo económico, mantiene el esquema neoliberal con algunas
variantes adaptadas al país y con cierto toque social expresado en el Bonosol,
en el SUMI y en la Participación Popular.
Entre estos dos extremos trata de equilibrar su posición el Presidente, siendo
que uno de los temas que pondrá a prueba toda su capacidad será la nueva Ley de
Hidrocarburos, porque por un lado están las presiones de la izquierda radical y,
por el otro, las presiones de las transnacionales y de los países amigos que
están representados en ellas, las de los partidos tradicionales que han
permitido que éstas inviertan en el país, y la presión ejercida por el concepto
de la seguridad jurídica, esta vez con repercusión internacional.
Para el Presidente será muy difícil, por no decir casi imposible, satisfacer a
ambos sectores, en el afán de mantenerse en el poder. No hay que perder de vista
que el conflicto adquirirá características regionales ya que hay dos regiones en
el país claramente identificadas con una u otra posición: el Occidente que apoya
la posición indigenista- izquiedista, mientras que el Oriente y el Sur, la
llamada media luna, coinciden a favor del otro factor de presión.
Lo cierto es que todos -y no solamente el Presidente Mesa– nos encontramos en
una situación muy difícil, en una especie de callejón sin salida, donde si no
predomina la sensatez y la tolerancia junto a mucha habilidad de parte del
gobierno, a la par de eficiencia administrativa,como sentencia el dicho popular,
nos iremos al bombo. ¡Hasta la próxima!
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