Un ‘cruco’ andariego
Santiago Paniagua Baigorria
Nació, dio sus primeros ‘pininos’ y se crió en las ‘Lomas del Urubó’, de las
que disfrutó de su micro clima, el sabor a tierra, del privilegio de ser
chacarero, de hacerse hombre de bien en el trabajo de sol a sol, de conquistar
el cariño de su gente y de tantas otras bendiciones… Es su nombre José Manuel
Landívar Languidei; las tres primeras letras de sus apellidos paterno y materno,
son iguales. Esta rara coincidencia, que constituye uno de los episodios del
presente relato, podrá decirse que es ocasional, provocada o la resultante de
sucesos que no tienen reglas para producirse, pero ocurren.
Resulta que un día cualquiera con fecha en blanco, como comido por la tierra,
José Manuel Landívar Languidei desapareció de su rancho sin que nadie sepa de su
destino. La noticia, corrió como reguero de pólvora consternando al vecino donde
cada uno forjó su propia historia. Sin embargo, el hecho al parecer trágico, no
dejó de ser más que otra historia, porque el presunto desaparecido estaba
‘vivito y coleando’ en el villorrio de La Falda, zona de Postrervalle del Carmen
al pie de ‘La Centinela’, de eterna cabellera blanca y junto a ríos y quebradas
sin espumas. Nunca pudo, ni nadie, descifrar el misterio de aquel repentino
cambio de domicilio.
En el nuevo pago, no conocía a nadie más que a margaritas que siempre le
avistaron el destino y que en el caso de su estancia en La Falda, no le
predijeron nada, menos aún que tendría el privilegio de conocer a Genara
Álvarez, una muchacha esbelta, de tez blanca, de ojos glaucos y cabellos
hirsutos como tejidos por la luna. Y sin mayores preámbulos, comenzó el idilio a
primera vista de dos vecinos de distancias remotas, el hombre con dejo a trópico
y la mujer a último valle. Óptima cruza para engendrar hijos de estirpe.
José Manuel Landívar Languidei y Genara Álvarez, fueron expeditos en su camino,
no necesitaron de ceremonias, presbíteros, de testigos ni de registros para
cohabitar pues, antes de lo previsto, les nacieron hijos gemelos: Adelio y
María, hermosos niños. Al parecer, en la práctica resulta mejor el ‘matrimonio a
prueba’ que los solemnes y religiosos porque es expedito, no es burocrático ni
oneroso…
Y fue así que José Manuel Landívar Languidei, un ‘cruco’ andariego y
conquistador, vino y se aquerenció en La Falda, conquistó a Genara, procreó dos
hijos y fundó una digna escuela de vida. Después, como no podía con su genio de
andariego, sin víspera, se fue al Chaco Boreal a combatir por la patria y allí,
debe seguir caminando.
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