¿Qué piensas juventud?
Paquita A. Lavayén
Estamos viviendo una época de relajamiento moral increíble y alarmante. Ahora
ya todo lo que se refiere al sexo sin atajo ni vergüenza, se lo toma como la
cosa más natural; lamentablemente, la juventud actual no tiene reparo en mostrar
(por sólo dar un ejemplo) un órgano masculino hecho de algún material, el que lo
maneja diestramente una jovencita; lo toma entre sus manos al mismo tiempo que
rompe el sobre de un preservativo, lo muestra al público en la televisión y
enseña cómo colocarlo listo para el acto sexual; ¡Qué barbaridad!
¿Será que nosotros, las de anteriores generaciones, éramos muy pudorosas o
pechoñas, como dirían ahora, o tal vez tontas, ingenuas o beatas? Nada de eso;
simplemente, nos valorábamos como mujeres dignas y conservábamos con orgullo
nuestro señorío como correspondía a las mujeres de esa época cuando valían por
sus virtudes y recato sin que tuvieran necesidad de mostrar, impúdicamente
provocativos, sus cuerpos semidesnudos lo que actualmente es el principal
atributo que ostentan para demostrar su condición de tales.
Actualmente, el amor libre se enseñorea entre la mayoría de los jóvenes a tal
extremo que ya no se conserva la virginidad hasta llegar al matrimonio (eso ya
es antiguo); tan sólo la unión de parejas que se atraen sexualmente y, cuando
ésta acaba por algún motivo, se separan sin el menor escrúpulo.
Estoy segura de que esta falta de moral es debido a que el materialismo ha
invadido la mente de los jóvenes. El santo temor a Dios no existe; el
conocimiento de la religión está fuera de moda y la reemplaza el libertinaje con
algunas excepciones, por supuesto.
Si alguna joven queda esperando familia luego de sus relaciones con su novio, no
importa; para eso está el aborto; matan a ese hijo que se está formando en sus
entrañas, sin ningún remordimiento, y siguen su vida como si nada hubiese
sucedido.
Es lamentable que esta criminal decisión la tomen algunos jóvenes al truncar la
vida de esa inocente criatura fruto de un amor pasajero, sin tener en cuenta que
algún día, Dios nos juzgará por los actos que hubiésemos cometido en nuestras
vidas y allí, solos, ante Su Divina Majestad, lloraremos por nuestros pecados
contra sus leyes, o nos regocijaremos si hemos vivido cristianamente.
Él nos creó a su imagen y semejanza, dotándonos de un alma inmortal y de un algo
espiritual que se llama conciencia, la cual nos permite distinguir entre el bien
y el mal, dejando a nuestro libre albedrío escoger entre el camino pecaminoso
ancho y llano, que si bien nos da felicidad en esta vida, nos conduce hacia la
perdición de nuestras almas. El segundo, a pesar de ser angosto y sembrado de
espinas, alcanza del Señor, el premio que Él prometió a los bienaventurados: el
cielo.
Con estas reflexiones sólo deseo que la juventud de hoy se acerque a Cristo, que
es nuestro verdadero guía en este mundo, para poder merecer su salvación.
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