‘Chonchocorito’
Tomás Molina Cespedes
Dentro del penal de Palmasola, uno de los más grandes de Latinoamérica, hay
una sección llamada ‘Chonchocorito’ que es un recinto de alta seguridad. Es
decir una cárcel dentro de otra.
‘Chonchocorito’, tiene 10.000 m2 de extensión y se halla rodeado por un muro de
ladrillo y hormigón armado de seis metros de altura. En su interior hay una
serie de edificaciones, separadas del muro perimetral por dos barreras de malla
olímpica. La infraestructura de seguridad de esta sección es óptima.
En la edificación central de ‘Chonchocorito’, llamado así por su semejanza en
seguridad con el Penal de Chonchocoro de La Paz, viven aislados 124 presos, los
más peligrosos de Palmasola. También en este recinto funciona la Sección de
Ambientamiento que alberga a 230 presos. En total en ‘Chonchocorito’ hay 354
internos.
Por las características de ‘Chonchocorito’ uno diría que Santa Cruz cuenta con
una de las mejores cárceles de alta seguridad de Bolivia. Sin embargo no es así,
prueba de ello es que periódicamente las autoridades del Ministerio de Gobierno,
en resguardo de la seguridad ciudadana, se ven obligadas a ordenar el traslado
de presos peligrosos a Chonchocoro de La Paz. ¿Cuál la razón de esta
incongruencia? La única explicación es que falla el personal de guardia. De nada
sirve la infraestructura de seguridad de una cárcel cuando la vigilancia de la
misma no está en manos de guardias idóneos. Lamentablemente Bolivia, desde su
fundación, no cuenta con una guardia penitenciaria especializada. Los mismos
policías que controlan el tráfico vehicular o la seguridad en las calles o
campos deportivos, cumplen periódicamente tareas de vigilancia en las cárceles
de acuerdo a su orden de destino anual.
Es hora de contar con policías especializados en la vigilancia de los penales,
tarea que estamos impulsando con la comprensión del Comando General de la
Policía y el apoyo de la cooperación internacional.
‘Chonchocorito’, con una guardia profesional, con un director (gobernador)
propio y sin teléfonos en su interior, puede convertirse en una verdadera cárcel
de alta seguridad para presos peligrosos.
* El autor es el Director General de Régimen Penitenciario.
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