Crist muestra su humor gráfico en la Casa
Dibujos. Crist regalará carteles autografiados hoy en la apertura de su muestra
Pablo Ortiz
Exposición. El dibujante argentino expone
desde hoy en la Raúl Otero Reiche. Son 40 dibujos de formato mediano que
reflejan la técnica y experiencia del santafesino. Colabora con Clarín y EL
DEBER
Una imagen puede valer mil palabras, pero en el
oficio de Cristóbal Reinoso, puede también ocasionar mil carcajadas. Desde hace
tres décadas el santafesino publica a diario un cuadro de humor gráfico en
Clarín, el diario de habla hispana de mayor circulación. Ahora Crist está en
Santa Cruz de la Sierra para exponer desde hoy en la Casa Municipal de Cultura
Raúl Otero Reiche, una selección de 40 trabajos que tienen como mayor reto no
incluir textos.
La muestra se hace posible gracias a las gestiones del dibujante de El Duende y
su camarilla, Gaspar (Óscar Barbery), que conoció a Crist hace un año. El
cruceño logró involucrar en el proyecto a EL DEBER y entre ambos hicieron
posible esta muestra. “No quería venir de turista, sino mostrar mi trabajo”,
dijo el argentino.
Al principio, Crist había realizado una selección de las caricaturas que publica
a diario en Clarín, pero a último momento se decidió por dibujos que envía a los
salones o concursos internacionales de humor gráfico. “Son mudos, no tienen
palabra ni el compromiso de ser graciosos. Es humor, pero es universal, porque
el reto es que se entiendan en todas partes, para eso se hacen en estos salones.
Luego se da la vuelta, que te invitan como jurado”, dice.
Para preparar al público cruceño para su llegada, Crist decidió publicar a
diario un dibujo en la contratapa de la sección Escenas. Eso le planteó el reto
de empaparse de la realidad nacional. Es así que añadió a su repertorio chistes
sobre el Carnaval cruceño, la rotonda de la Santos Dumont, la exportación de gas
o la venida de Maradona a Bolivia. “La capacidad para hacerlo me lo ha dado el
oficio de trabajar desde hace 30 años para Clarín. Trabajo desde Córdoba
exactamente igual que para EL DEBER. Leo el diario a través de Internet, leo La
Nación, veo El Mundo de España y al lado tengo el televisor. Finalmente mi
trabajo es periodístico. Lo mismo hice con EL DEBER, lo único que traduje más o
menos el lenguaje. Al principio lo consultaba con Gaspar, pero luego tomé
confianza y los mando directo”, añade.
Dice además que traducir la actualidad a lo gráfico es un oficio que se aprende.
Comenta que, en sus primeras colaboraciones con Clarín, no sabía trabajar para
un diario, que daba lo mismo si sus trabajos se imprimían con La Biblia, con
Playboy o con el boletín oficial del gobierno.
“Cuando aprendés el oficio, tenés que entender que el dibujo acompaña a la
primera plana. Creo que, en el caso de Clarín, el diario tiene dos primeras
planas, la de las catástrofes, donde se dice que perdió la selección, que el
presidente dijo tal cosa o que se robaron esta otra y, del otro lado, la versión
edulcorada que lo dicen los chistes. Creo que el trabajo nuestro es edulcorar la
primera plana. Es como los remedios para los chicos, que son amargos y le ponen
un poquito de edulcorante para que se los tomen. Ahora, quién nos da a nosotros
el digestivo para aguantar, no sé, pero siempre hay una vueltita para que la
noticia sea graciosa”, explicó.
En los últimos dos meses, su material de inspiración ha sido la realidad
boliviana que se refleja a través de las páginas de EL DEBER. Sobre ella asegura
que se ha enterado que el gobierno quiere aumentar los impuestos, que se buscan
mercados y puertos para el gas, y otras temáticas que, al fin y al cabo, no se
diferencian demasiado de las cosas que pasan en otros países de América Latina.
“No hay una realidad que no se parezca. Allá, en Argentina han pasado todas las
cosas y más o menos el lenguaje que hago es el mismo. Tenemos la misma forma de
reaccionar o de reirnos. Las noticias son muy parecidas”, añade.
Desde hace muchos años, Crist no hace historietas (serie de viñetas unidas por
un tema y personajes que se repiten y desarrollan acompañando a la trama).
Considera que las historietas limitan la creatividad gráfica, porque obliga al
dibujante a repetir los personajes y lo que él busca es innovar constantemente.
“A mí me interesa mucho la parte plástica del oficio. Soy más dibujante que un
caricaturista o historietista”, definió.
Una de sus últimas experiencias como historietista se publicó en Hortensia, en
el año 1972. Se llamaba García y la máquina de hacer pájaros, nombre que después
le pediría prestado Charly García para su tercera banda de rock (luego de Sui
Generis y Porsuigieco). “Esa historieta la escribía como una carta. No tenía ni
siquiera pensado los finales y a veces incluso los dejaba abiertos. La respuesta
de la gente fue lo más lindo. Pero después no la hice más, me cansé”, explicó.
La muestra se abre al público hoy a las 20:00. Durante la inauguración, Crist
regalará afiches autografiados a los presentes.
“El dibujo es una carrera, el
humor es una actitud”
Para Crist, el humor gráfico es el idioma
universal, que sólo unos pocos son capaces de crear. Para él hay gente como
Mortillo, Quino, Maitena o Fontanarrosa, que han conseguido convertirse en
universales. Esa es la búsqueda constante de este hombre de 58 años, nacido en
Santa Fe, Argentina.
En 1966, con 20 años cumplidos, publicó su primer dibujo en el periódico Opinión
Deportiva. Luego publicó en Rico Tipo y un año más tarde, apadrinado por Ferro,
debutó en Paturuzu. En 1969 la Revista Gente organizó un concurso buscando al
humorista del año, certamen que ganó Crist con sólo 23 años. Eso le valió
publicar en las revistas deportivas El Gráfico, Sport y Atlántida. En 1972,
radicado en Córdoba, su ciudad adoptiva, comienza a colaborar con la revista
Hortensia y Humor, hasta que la dictadura lo obliga a dejar su país.
“En esos tiempos no sólo era difícil hacer humor, era difícil ser argentino.
Pero de ahí salieron revistas como Humor, Hortensia, de ahí salió toda esta
generación de dibujantes, que por cierto se vio obligada a salir de Argentina”,
explica. El exilio volvió internacional a Crist y los premios le han llegado de
Brasil, Italia e incluso Irán.
Hace dos años comenzó a enseñar su arte a los niños. “Fue una experiencia nueva
porque aprendí más yo que ellos. Todas las cosas elementales del dibujo y la
síntesis se pueden enseñar. Ahora la chispa no es una cosa elemental, eso no se
enseña. Aprendés más en un bar o en la cancha de fútbol que en un aula. El
dibujo puede ser una carrera, pero el humor creo que es una actitud.
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