Carlos Valverde “Estoy desperdiciando mi vida”
Crítico. Sin pelos en la cabeza ni en la lengua, Carlos dice lo que piensa sin importar lo demás. Esa es la democracia, apunta
Vanessa Canudas
Polémico. Confiesa que su trabajo es una
adicción que no puede controlar. Cree que la crisis de los 40 le llegó tarde
Crítico, duro, irónico... Todos los días desde
las seis de la mañana empieza a analizar la actualidad local y nacional.
Fanático de su trabajo, enamorado de su familia; adicto a la lectura y a la
buena música. No tiene preferencias por las comidas ni por las bebidas; no fuma,
no toma café, no bebe, excepto un par de cervezas y un buen mate. Su única
adicción es su trabajo. Carlos Valverde Bravo dedica al menos 15 horas al día a
empaparse de su mayor debilidad: las críticas informativas.
- ¿Por qué es tan rebelde a la hora de criticar?
- No interpreto otra forma de hacer periodismo si no es a partir de la rebeldía,
de lo que está mal y lamentablemente en Santa Cruz y Bolivia casi todo está mal.
A veces me molesta no poder dar una buena noticia en toda la semana, y no es que
tenga una fijación de buscar lo malo porque yo miro nueve noticiarios por día,
reviso las agencias de información, las revistas y los semanarios del país.
Muchas veces me hago la burla de las páginas sociales, uso ese escape para
reírme de la realidad, y claro, a lo mejor quien recibe la burla no se debe
sentir nada bien, pero me doy cuenta que de esa manera salimos de las malas
noticias.
- ¿Y usted se critica?
- Sí, soy muy crítico. Si siento que algo hice mal estoy pensando en lo que pude
hacer mejor.
- ¿Tiene amigos?
- Sí, los de la infancia: Germán Moreno y Nelson Escalante. Después conocí a
Tito Telchi y Ronald Méndez. También están los Chabacanos. Mi hermano también es
un buen amigo.
- ¿Y enemigos? ¿Alguna vez lo han querido agredir?
- El otro día me llamaron para amenazarme, me dijeron: "Cuidao que hablés mal de
Toño Araníbar". Me pareció tan pobre, para Toño Araníbar no para mí. No creo que
tenga enemigos debe haber mucha gente que no le gusta lo que yo digo, pero esa
es la democracia. Nunca he hecho nada por hacer daño a nadie. Lo que sí, tengo
marcadísimas diferencias con Johnny Fernández, me parece que es lo peor que le
ha podido pasar a Santa Cruz desde que se fundó. En otra ocasión, un muchacho,
que se atribuía el nombre de Nación Camba, me llamó para amenazarme pero quedó
en nada.
- ¿Qué tiempo le dedica a su familia?
- Poco. El otro día recibí el reclamo de mis hijos porque no estoy viviendo. Lo
único que hago es trabajar y leer. Creo que estoy desperdiciando mi vida, no
vale la pena tanto trabajo. Sé que hay que estudiar pero no es correcto que los
sábados y domingos los use para eso. Lo único que hago es mirar televisión,
diría que ya es una adicción porque no puedo ser un buen padre. Estoy actuando
mal. Eso sí, los sábados vamos a comer donde mis padres y los domingos
almorzamos juntos, pero tras el último bocado es la necesidad de irse para
seguir en la computadora.
- ¿Y no ha pensado en cambiar el ritmo de su trabajo?
- Pudiera dedicarle menos tiempo, pero ya es adicción. No sé cómo librarme de
esto. No se puede vivir así. Salgo a la calle, no a distraerme, sino a captar la
mayor información que pueda. Esto tiene que ser enfermizo, no es normal. Quizás
es la crisis de los 40 que me llegó tarde. Eso sí debo resaltar que siempre mis
hijos me han sensibilizado. No creo en Dios, pero creo que son un milagro de la
vida y de la naturaleza.
- ¿Y en qué cree?
- En el hombre, en el ser humano, en la posibilidad de mejorar. Por eso soy
rebelde porque sé que vale la pena y no es porque esté pensando en ser candidato
político, esa vida terminó para mí.
- ¿A quién se parecen sus hijos?
- Los tres son diferentes. Carlitos es muy responsable, su calidad humana es
impresionante. Natalia ha sido rebelde, es muy Valverde. En cambio Daniela es
creativa, buena y dulce. Cuando nació era tanta mi emoción que le di la
bienvenida en media página del periódico y le llevé la banda a la clínica.
- ¿Y cómo es su relación con su esposa?
- Llevamos 26 años juntos, toda una vida. A los 10 días de habernos arreglado yo
le propuse matrimonio. Enamoramos cinco años. Ella es muy especial, muy buena
persona, honesta e íntegra. Estoy absolutamente seguro que el casarme con ella
ha sido la mejor decisión de mi vida. La quiero y la respeto profundamente.
- ¿A qué se dedica ella?
- Se encarga de ordenarme mis cosas porque yo soy exageradamente desordenado en
mi trabajo. No sé de mis cuentas, no sé cuanto gano porque no me interesa. Si
aparte de hacer lo que me gusta entra plata, bien. Carol tiene una impresionante
habilidad para enseñar. Yo la estoy tentando para que ingrese a la universidad
para ser profesora.
- ¿Por qué usa aro?
- Porque soy libre de usarlo. Siempre me gustó, yo veía a los artistas y a los
hippies y los envidiaba sanamente.
- ¿Y su hijo usa aro?
- Sí, y también tiene el pelo largo como yo lo tuve, pero igual se le está
cayendo.
- ¿Entonces él sigue sus pasos?
- Ojalá que no, que él haga lo que quiera. A veces la sociedad nos condiciona
mucho: "Sos el hijo de Carlos Valverde. Entonces tenés que ser como era tu
padre". Cuando me di cuenta que eso era un error comencé a ser más libre. Sé que
mi padre es un gran tipo, muchos lo respetan, pero no soy igual que él.
- ¿Con qué parte del discurso de su padre se queda?
- Con la honestidad. Le rescato la parte que aquí no le supieron valorar: su
capacidad intelectual. Es muy preparado. Más allá de su valentía, es muy culto y
estudiado, pero la gente se quedó con su coraje.
- ¿Si volviera a nacer haría lo mismo?
- No tengo la soberbia para decir eso. Yo estudiaría sociología o periodismo.
Además me hubiese preocupado por aprender en el colegio. Yo era insoportable.
¡Pobres mis profesoras! Pasé el tercero y cuarto medio con un cuaderno de 20
hojas y me sobró espacio. Eso muestra que mi proceso de aprendizaje empezó
tarde.
- ¿Le molesta que le digan loco?
- No, siempre me lo dijeron. Quizás he tenido mis cosas de loco. Lo que no he
perdido es mi sentido del humor. Mis hermanas y mis hijos me dicen loco. A mi
mujer no le gusta, pero lo debe pensar (ríe).
- ¿Sigue a algún líder?
- Me gusta el Che Guevara pero no por combatiente sino por su pensamiento. He
leído mucho a Martin Luther King. También me gusta Gandhi y Fidel, el de hasta
hace cinco años. No es que los siga, los leo, los trato de conocer. Seguir
personas no es mi pasión. Me gusta seguir ideas. Sigo siendo un socialista
romántico. Lo que sí sigo son cantantes. Me gusta el rock pesado, sea el
nacional, argentino o el inglés.
- ¿Lleva una vida nocturna?
- No hago nada que no sea trabajar. Puedo contar con los dedos de las manos las
veces que he ido a tomar un café. Me encanta el cine y no voy porque no me doy
tiempo.
- ¿Cómo le gustaría terminar su vida?
- No lo he pensando nunca. Por lo menos deseo tener una vejez con dignidad. Sé
que terminaremos juntos los dos, ella y yo. Lo demás no importa...
perfil
De
corazón albiverde
Nació el 16 de marzo de 1957 en Santa Cruz. Es
hijo de Carlos Valverde Barbery y Nelly Bravo. Salió bachiller del colegio
particular mixto Vallegrande. Egresado de la facultad de Derecho de la Uagrm. Su
gran frustración es no haber sido docente universitario. Hace 22 años que está
casado con Carol Nállar. Tiene tres hijos: Carlos Moisés (19), Natalia (17) y
Daniela (11). Es fanático de Oriente Petrolero.
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