La comunidad internacional busca cómo hacer las paces
Distanciados. Bush y el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en una gala en la sede de la organización, en septiembre
AFP. Washington
Guerra. Partidarios y detractores de la
invasión han encontrado beneficios y perjuicios en el nuevo Irak, pero las
divisiones continúan a flor de piel. Las elecciones en EEUU marcan el ritmo de
la diplomacia
Un año después de sus discordias sobre la guerra
contra Irak, EEUU y muchos de los países que se opusieron intentan
trabajosamente hacer las paces.
Las sonrisas en los encuentros oficiales están cuidadosamente medidas y todos
los matices de la paleta de la diplomacia son utilizados por ambos bandos para
sacar tajada sin resignar sus convicciones.
Tanto para Washington como para quienes encabezaron la oposición a la guerra,
Berlín, Moscú y París, la consigna es dar la vuelta una página particularmente
difícil de la historia internacional reciente.
Un año después del inicio de la guerra, la evolución de la situación parece
haberle dado a cada parte buenas razones para afirmarse en sus convicciones.
La ausencia de armas de destrucción masivas en Irak reconforta a los que se
opusieron al conflicto y en cambio querían continuar con el proceso de
inspecciones iniciado por la ONU.
Washington, en tanto, se ufana de haber derribado a uno de los peores tiranos
del mundo; cosa que no es negada ni por la comunidad internacional ni por la
mayoría de los iraquíes.
La monumental tarea de reconstruir Irak, condujo a Washington a retomar el
camino de las Naciones Unidas. Ese paso fue tomado a regañadientes por la
administración del presidente George W. Bush que no fue apoyada por la ONU
cuando pidió su aval para invadir ese país.
París y Berlín, tras discusiones sobre la transición, anhelan, sin embargo,
abiertamente el éxito de los estadounidenses en instalar en Bagdad un gobierno
representativo. El canciller alemán Gerhard Schroeder acabó siendo recibido en
febrero en la Casa Blanca.
Francia, colocada en la lista negra por Washington durante muchos meses, volvió
a caer en gracia debido a su compromiso político y militar en Haití. Países como
Brasil, Chile y Canadá, que tenían frías relaciones con Estados Unidos a causa
de Irak, también se involucraron con Washington cuando se desató la crisis en
Haití.
A ocho meses de las elecciones en las que Bush intentará conseguir otro mandato,
la evolución de esa situación no resulta indiferente a EEUU.
El gobierno es censurado por la oposición demócrata por el débil apoyo
internacional que recibió la guerra contra Irak y por los costos de la
reconstrucción de ese país.
“Hay voluntad de evitar nuevos conflictos tanto entre estadounidenses y europeos
como entre los mismos europeos”, dijo Simon Serfaty, del Centro de Estudios
Estratégicos de Washington. Agregó que al reaproximarse a Washington, los países
europeos, muy divididos en torno a Irak, logran disimular sus querellas
internas.
Sin embargo advirtió que “esta tregua está basada también en la espera de las
grandes decisiones electorales”, y especialmente la de la elección presidencial
de EEUU.
De hecho, la actualidad está marcada por ‘la incertidumbre’ sobre las futuras
opciones de Washington y detrás de las sonrisas “hay un aire de continua
desconfianza en una parte y la otra”, dijo este analista.
En el mundo árabe y particularmente en gobiernos pro EEUU como El Cairo o Riyad,
se está en camino de dar vuelta la página tras los enfrentamientos de 2003, dijo
Judith Kisper, del independiente Consejo de Relaciones Exteriores.
Con el retorno de la soberanía iraquí y el involucramiento de la ONU, las
tensiones se han atenuado y la cuestión israelo-palestina vuelve a ocupar el
primer plano de la escena en el Medio Oriente, dijo Kisper.
La ONU recupera
el aliento
Un año después del inicio de la guerra de Irak la
ONU comenzó a recuperar el peso perdido durante el conflicto, aunque todavía
arrastra secuelas por el brutal atentado contra su sede en Bagdad en agosto
pasado.
Aquel ataque, en el que murieron 22 personas, supuso un duro golpe para el ánimo
de la organización, que ya atravesaba una crisis de credibilidad después de que
EEUU lanzó la guerra sin su consentimiento.
Defensores y detractores de la invasión escenificaron en la sala del Consejo de
Seguridad uno de los enfrentamientos diplomáticos más tensos de los últimos
años, ante la incapacidad de ponerse de acuerdo sobre la necesidad de usar la
fuerza para ‘desarmar’ al régimen de Saddam Hussein.
El propio secretario general de la organización, Kofi Annan, reconoció que la
incapacidad del Consejo para autorizar o detener la guerra fue un ‘fuerte golpe’
para la ONU.
La situación cambió el 15 de noviembre, cuando EEUU llegó a un pacto con el
gobierno provisional de Irak para la devolución del poder a los iraquíes y poner
fin a la ocupación a el 30 de junio. El acuerdo supuso un reconocimiento a la
tesis de la ONU, y el inicio de su nueva implicación en el proceso político del
país.
Un primer paso será el envío de un equipo técnico a Irak para evaluar la
viabilidad de celebrar elecciones antes o después del 30 de junio.
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