La angustia de escribir. Un pedido de un Nobel Imre Kertész
Liquidación es el primer libro que Kertész escribió después de recibir el Premio Nobel en 2002. Dice que escribe sin ideología porque los valores no sirven para sobrevivir en estos tiempos
La Nación © Copyrigth
Al húngaro Imre Kertész la historia le pasó literalmente por encima, como un
caballo desbocado, pateándole a discreción. El Premio Nobel, en el 2002 nació en
Budapest en 1929, fue deportado al campo de exterminio de Auschwitz con apenas
15 años y liberado ya en 1945 del de Buchenwald.
La semana pasada estuvo en Madrid y en Barcelona presentando su nueva novela,.
Su primera obra tras el galardón sueco se titula Liquidación y, en castellano,
la editan de forma simultánea dos editoriales: Alfaguara y Círculo de Lectores.
La primera edición tendrá 10.000 ejemplares. Su primera novela, Sin destino, ya
lleva vendidas 40.000 copias.
Es que, después de los nazis y los comunistas, ahora le toca sobrevivir al Nobel.
¿Es más sencillo? "Es más fácil -bromeó-, pero no es sencillo."
Otra cosa es que el premio lo predisponga para responder a cualquier cuestión de
política internacional. "El Nobel no me ha vuelto más sabio ni más inteligente”,
dijo. Para lo que sí le ha servido este premio es para viajar, aunque no mucho
("durante cuarenta años no tuve pasaporte, y ya no estoy para muchos trotes") y
para darse a conocer internacionalmente.
Liquidación culmina su proyecto literario iniciado con Sin destino, en el que
aborda la influencia de la historia en los destinos individuales. El siglo XX
fue el de la brutal perversión del lenguaje, que se contagió de las ideologías y
se convirtió en algo muy peligroso. Por eso, la literatura de Kertész despoja al
lenguaje de todo resquicio de ideología. El llama a esto lenguaje atonal, es
decir, sin valores de los que agarrarse, "porque no sirven para sobrevivir en un
campo de concentración".
Cuando se le pregunta por su estado de ánimo al escribir Liquidación, responde:
"La angustia es tanto más fuerte cuanto más pasión tiene uno por la vida." Su
novela aboga por un ajuste de cuentas con el pasado, individual y colectivo.
"Sólo después podremos hacer una auténtica liquidación, que no es más que
mirarnos de frente. La dictadura conduce a una vida alienada, en la que uno no
reconoce sus propios actos ni asume responsabilidades. Sólo cuando nos asumimos
a nosotros y a nuestras angustias puede empezar la libertad. Y los pueblos
también tienen que hacer ese ajuste de cuentas, porque si no enfermarán."
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