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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 20, Marzo de 2004

../images/blanco.gifSilencios



Marcos Grisi Reyes Ortiz

Extraño el silencio. Extraño el dulce encuentro con mi alma y extraño el sosiego de mis pensamientos. Y es que hay mucho ruido, que me pierde, me evade, me confunde...
En estas cavilaciones voy pensando en los diferentes tipos de silencios que existen. Y sorprendido encuentro que hay tantas formas de silencio como formas de ruido.
Existe, por ejemplo, el silencio enamorado, cuando dos corazones afines se encuentran, y sus dueños se miran intensamente y se abrazan, sin hablar. No hay necesidad de conversación, ni de hacer reír, ni de caer simpático. Simplemente, en silencio, se abrazan, y se llenan de amor.
También están los silencios acompañados de sufrimiento del alma, como cuando el hijo no vuelve a casa, o el padre no se recupera de su enfermedad en la cama del hospital, o el ser amado no vuelve a la cama.
Hay silencios impresionantes de descubrimiento propio, como cuando nos damos cuenta de que un pequeño deseo hecho realidad se convierte en una pequeña pesadilla. Y no queda otra que quedarnos callados, porque fue nuestro deseo.
También están los silencios de grito cuando es tanto el shock de lo que presenciamos que quedamos boquiabiertos. Es la única vez que abrimos la boca para quedarnos callados
¿Y qué de los silencios complicados? Son de esos que surgen porque sabes algo y si rompes el silencio puedes lastimar a alguien. No puede decirse que este silencio sea de complicidad, porque no estás rompiendo el silencio por encubrir sino por no lastimar. Es un silencio... complicado.
Los feos son los silencios cómplices. No me miren a mí, yo no fui y no sé nada. Tampoco vi nada. Y si estaba ahí era por casualidad, tampoco tengo por qué meterme en la vida de los demás, ése es su problema.
¿Existen los silencios imposibles? Claro que sí, y son la consecuencia de los silencios enamorados. Es el silencio que debería producirse entre dos jóvenes que se entregan uno al otro, en una explosión pura e intensa, para fundirse en un solo cuerpo y perderse como una sola alma. Ese instante debería ser el más sutil y hermoso de los silencios... Pero no lo es, porque como todos sabemos, el sexo es todo menos silencioso. Mucho menos, el sexo intenso.
Pero de todos los silencios el más hermoso es el del bebé recién nacido durmiendo, en el cuarto de la clínica, cuando ya todas las visitas se fueron, y queda la madre sola con esa hermosa criatura regalo de Dios. Es un silencio de gratitud, de amor, en el que el brillo de los ojos de madre posados sobre la carita del bebé, con lágrimas de felicidad, le dice en voz muy baja, casi imperceptible para no romper el silencio: “Te amo”. Éstas son las únicas palabras que no rompen el hechizo y permiten que el silencio siga existiendo.

marcosgrisi@hotmail.com

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