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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 20, Marzo de 2004

../images/blanco.gifAl filo de la navaja



Oscar Vargas Ortiz

Bolivia se encuentra hoy en una coyuntura histórica sumamente crítica y peligrosamente grave, tan grave que puede definirse en esta etapa “el ser o dejar de ser” la nación boliviana.
Por eso, cuando estamos caminando sobre el filo de la navaja, es imperiosamente necesario que la clase dirigente -política, cívica, empresarial, sindical- del país, haga un alto para reflexionar con seriedad y responsabilidad acerca de su obligación, ineludible e impostergable, de asumir de una vez su deber de pensar y actuar con patriotismo para por lo menos precautelar la sobrevivencia de Bolivia, que está pendiendo de un hilo en la vorágine de este atropellador mundo globalizado.
Y me refiero concretamente a la clase dirigente, que se ha apoderado -por las buenas o las malas, legal o ilegalmente- del poder de manejar los destinos de la nación, ejerciendo ese poder en muchos casos con irresponsabilidad criminal, siguiendo tan solo el mandato de consignas políticas ajenas al interés boliviano y satisfaciendo al mismo tiempo arbitrarios y delictivos apetitos personales.
Y hago mención expresa a la clase político-partidista, porque son muchísimos los dirigentes demagogos que con una notable astucia depositan sobre las espaldas del pueblo -que ni autoridad tiene y que ni poder de decisión tiene- la carga de la responsabilidad de todo mal que se hace y deshace en el país ...para eludir sus propias culpas sobre el caos general que estamos viviendo.
Este peligroso juego se ha jugado en Bolivia desde el inicio de la República, y por eso esta nación, antes rica y respetada, ha ido destruyéndose internamente, mientras los responsables del mal manejo de la ‘cosa pública’ han gozado siempre de impunidad. Esta perniciosa costumbre ha ocasionado también que la República esté hoy al límite de lo imposible, en un estado de quiebra económica y financiera, en un caos político y social, y en una falta de valores casi absoluta, como un cuerpo enfermo y sin defensas orgánicas, al borde de la muerte.
Ante esta preocupante situación de peligro para la existencia de la Bolivia de Bolívar, la clase dirigente, en todos sus estratos, está, pues, en la obligación de anular sus vicios y corregir sus malas costumbres y acciones para encaminar sus pasos, de ahora en adelante, por el camino correcto que asegure no sólo la salvación de la patria, sino también la grandeza de la nación y el bienestar del pueblo boliviano bajo el modelo de administración que el Estado necesite.

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