Lechín. Seducido por la literatura
La gula del picaflor del cochabambino Juan Claudio Lechín obtuvo el Premio Nacional de Novela 2003. Fue elegida entre 30 obras presentadas al certamen. El escritor trabajó en este relato durante cuatro años. Cuenta los orígenes de esta historia y otros detalles de su vida
Ricardo Herrera
Juan Claudio Lechín cree que la literatura, la
que mayor trascendencia tiene, debe explorar el alma humana y provocar en el
lector el goce y el placer de sentirse testigo de una historia. Con esa premisa
fue hilvanando durante cuatro años un relato en el que se entrelazan otras
historias, que tiene como escenario un peculiar congreso de seductores de todo
el país reunidos en la ciudad de La Paz. El resultado de ese trabajo es una
novela que bautizó con el nombre de La gula del picaflor y que fue elegida por
el jurado calificador de la sexta versión del Premio Nacional de Novela.
Un par de horas después de conocerse el fallo, el escritor conversó con Brújula.
-¿Cuándo decidió enviar su novela al concurso ?
- Ya había terminado la novela y la convocatoria al premio aún no había cerrado
y como siempre competir en un certamen como el Nacional de Novela es importante
decidí mandar el texto.
Tuve la suerte de que el jurado sé inclinara por mi novela. Por lo que sé, y
para mi satisfacción, no ganó por unanimidad, lo que significa que hay una
excelente literatura en Bolivia que es capaz de competir por los primeros
lugares. Creo que en Bolivia hay extraordinarios escritores poco promocionados y
poco leídos y este premio es una buena oportunidad para que se difundan.
- ¿Tenía la seguridad que iba a ganar?
- Tenía seguridad en el trabajo que había realizado. Cuando uno entrega una
novela a un jurado queda librado a lo que este decida. No es como en una carrera
de 100 metros planos donde gana el más veloz. Tiene que ver además de los gustos
personales la tendencia literaria que ellos prefieran o decidan premiar. Hay
algunos a los que les gustan más las novelas psicológicas, las de juegos de
palabras o las de investigación del lenguaje. En fin, cada jurado tiene una
forma de ver las cosas distintas, por eso creo que he tenido suerte y he gozado
de la aprobación de la mayoría de ellos.
- Se dice que después de ganar un premio literario el escritor debe enfrentarse
a un jurado mucho más implacable que es el lector ¿Usted qué opina?
- El lector es más llano a aceptar las historias. Se entrega con mayor facilidad
a lo que se le ofrece, mientras que el jurado es mucho más difícil de convencer,
porque tiene gustos literarios definidos y más rigurosos.
¿Qué expectativas tiene del lector de su novela?
- Tengo la esperanza de que el lector de La gula del picaflor pueda sumergirse
en la historia y en el mundo que la novela le propone. Ojalá le satisfaga, lo
entretenga y sobre todo que goce de su lectura.
- ¿Cómo fue hilvanando la personalidad de cada uno de los seductores
representantes de cada región del país?
- Yo amo al país completo. No amo mi región o mi tribu, sino que creo que la
mayor riqueza que un país como Bolivia tiene es su diversidad. Cada forma
cultural que existe en este país tiene inmensas contribuciones a la vida. Ese
disfrute, ese gozar de cada uno de mis hermanos me llevó a tener una idea de
cómo piensan y sienten. De tal manera al construir cada uno de los personajes
había un gusto y un reconocimiento de cada región y cada forma de ser. Por otro
lado fue un reto traducir la forma de ser de cada región y cada manera de
pensar. Ahora los lectores dirán si lo he logrado o no.
- Además, las tácticas que tiene un seductor de La Paz no deben ser las mismas
que uno, por ejemplo, de Tarija.
- Lo que pasa es que entre ellos hay algo que los une. Todo seductor busca en
cada mujer un amor que nunca van a poder lograr. Un seductor es por su propia
naturaleza un hombre insatisfecho y un ser profundamente solitario. Lo que los
diferencia es quizá la manera en que cada uno se va aproximando al amor. En la
novela usted va a poder ver que el tarijeño o el pandino se desenvuelven en el
campo. El potosino y el cochabambino se desenvuelve en la ciudad y el paceño y
el chuquisaqueño se desenvuelven a nivel internacional y el cruceño es una
verdadera sorpresa. Cada geografía va determinando las maneras y los lenguajes
para seducir.
- ¿En qué se inspiró para escribir La gula del picaflor?
- En realidad, tenía la idea de escribir sobre un congreso de seductores y
después a través de la imaginación fui buscando conocer el alma humana. En
realidad, yo diría que esta novela es un camino de búsqueda más que de certeza.
Todos los personajes que aparecen en la novela son producto de una construcción
de la imaginación y no de la experiencia. Salvo uno, que está inspirado en un
amigo que entrevisté y que me contó algunos pasajes de su vida, pero ya en el
proceso de la escritura su historia original fue cambiando.
-¿Cómo ubicaría esta novela en el contexto de sus otros trabajos literarios?
- Como suele suceder, este es un trabajo más maduro. Creo que tiene mayor rigor.
Creo que la inspiración llega, pero hay que trabajar mucho para conseguirla. El
haber estudiado, trabajado y militado en el teatro me ayudó mucho en la
construcción de los personajes de la novela. Del mismo modo que haber aprendido
a realizar guiones cinematográficos. Gracias a esa experiencia conseguí
personajes limpios y elocuentes.
- ¿Tiene algún género literario preferido?
- Yo amo el teatro, me ha ayudado mucho, pero creo que mi casa es la novela.
- ¿Y cómo le gusta que sea su casa?
- Lo que le hace falta a la novela contemporánea es dramaturgia. Las novelas
actuales se van más por la búsqueda de tejidos de la palabra o giros
psicológicos. Para mí 'la gran novela' es la del siglo XIX, que narra historias,
que es un poco lo que enseña el teatro. Uno debe narrar historias que reflejen
el alma humana y creo que ese debe ser el camino de la novela. Claro que esto es
mi visión personal.
- Ha dicho que el dinero del premio lo invertirá en promocionar su novela. ¿Cómo
piensa hacerlo?
- Pienso invertir el dinero del premio en la novela, porque es como tener un
hijo que se ha graduado y hay que ayudarlo a que ponga su consultorio. Entonces,
le voy a dar un empujoncito más con la plata que la misma novela se ha ganado.
Espero promocionarla en el Perú, Argentina y México. Después seguirá
vagabundeando, tratando de seguir su camino.
- ¿Por qué demoró cuatro años en terminarla?
- Creo que es importante dejar descansar un relato por un tiempo, porque uno
cuando lo vuelve a retomar lo hace con mayor objetividad y permite mejores
correcciones y un mejor acabado. Creo que esta novela le va a gustar a la gente,
porque está bien trabajada y lo único que le puedo ofrecer al lector es un
trabajo honesto.
- ¿Cuántas horas le dedica a la escritura?
- Soy un escritor muy solitario, no puedo escribir con bulla, ni con
preocupaciones, por eso me fui a la Costa peruana a encerrarme a escribir La
gula del picaflor. Comenzaba a escribir a las ocho de la mañana sin parar hasta
las cuatro o cinco de la tarde. Después hacía ejercicio para desahogar todos
esos demonios interiores que había acumulado en esas horas de trabajo. Recién
comía a las siete de la noche y a las diez ya estaba en cama de nuevo para
reiniciar al día siguiente. Esto lo hacía todos los días menos domingo, que como
mandan las sagradas escrituras es el día de descanso.
- ¿Ha leído a los anteriores ganadores del Premio Nacional de Novela? ¿Cuál le
agrada?
- Sí los he leído. Ramón Rocha me gusta mucho, Gonzalo Lema es extraordinario y
por supuesto El delirio de Turing, de Edmundo Paz Soldán, creo que es una gran
novela. Los he leído a los tres con mucho placer y creo que el goce es lo que
define al lector de una novela. Lo más importante es disfrutarla y que la novela
lo lleve a uno a mundos imaginarios como si fueran auténticos.
- Cuáles fueron sus primeras lecturas y qué lo decidió a seguir el camino de la
literatura?
- Mis primeras lecturas fueron las historias de Emilio Salgari, cuando tenía
seis o siete años. Después, en mi adolescencia, leí a Hesse, Borges, Cortázar,
pero siempre tuve el temor de dedicarme de lleno a la literatura, de agarrar y
decir éste es el camino. Después de mucho tiempo y de pasar muchas vicisitudes
me decidí hace cuatro años que esa era mi senda. De ahí es que empecé a escribir
La gula del picaflor como el trabajo de todo el día y ya no como un trabajo de
fin de semana. Este año estoy acabando un ensayo y una vez lo concluya iniciaré
otra novela; que es un proyecto acariciado por muchos años. Es un relato
histórico, que se desarrolla el siglo XVII, cuando se produjo en Potosí una
situación de falsificación de las monedas de plata que puso a temblar a la
corona española. Durante muchos años he leído y estudiado la época para poder
ofrecer algo que sea bueno y entretenido.
- ¿De qué trata el ensayo en el que está trabajando?
- Es una vieja preocupación de por qué Bolivia y América Latina no pueden
incorporarse al desarrollo de los países grandes. A pesar de tener elites de
gente que ha estudiado afuera y pueblos extraordinarios. El ensayo lo va
explicar en mayor detalle, pero yo pienso que durante siglos la cultura que
rigió el planeta fue la cultura del mar Mediterráneo. Luego en el siglo XVI y
XVII la cultura regente, la que determinó el curso de los acontecimientos
mundiales fue la germánica, la del norte de los Pirineos. A partir de ahí
imperios y gobiernos han estado regidos por esa cultura. Para ellos operar la
modernidad es parte de su psicología cultural. Considero que América Latina debe
adquirir esa psicología cultural. Por ejemplo, la cultura del norte de los
Pirineos es una cultura que rinde culto al trabajo, al ahorro y la cultura del
mediterráneo, que es la que nosotros tenemos, le rinde culto al dispendio y eso
determinan que tengamos gran dificultad para incorporarnos a los países con
mayor desarrollo.
- ¿El apellido Lechín no lo ha marcado?
- Me ha ayudado mucho. En algunos casos me ha marcado, porque es inevitable,
pero fundamentalmente mi padre era un hombre honesto, extraordinario y lo único
que he conseguido con eso ha sido ayuda y simpatía de la gente. Mi madre era
cruceña y gracias a ello también he recibido inmensa receptividad no sólo en
Santa Cruz, sino también en el resto del país.
- La semana anterior se incorporó como integrante del programa de televisión
Quinto elemento de P.A.T. ¿Qué le animó a participar de ese proyecto?
- Pienso que en este momento que está viviendo el país es importante que se
abran nuevos espacios de discusión sobre los problemas nacionales. Bolivia está
pasando un momento en el cual, a mi entender, se ha ido fragmentando la
concepción de nación y eso parece no ser lo más relevante para las distintas
fracciones que están emergiendo en el país con mucha fuerza. Cada fracción está
preocupada de si misma y no del país. Creo que las partes pueden existir cuando
existe un todo, pero las partes están condenadas al fracaso cuando no existe un
vientre que los arrulle en el mismo proyecto. Este programa es un espacio
importante para discutir sobre este y otros temas con cuatro mujeres
maravillosas.
Perfil
Escritor y
empresario exitoso
Juan Claudio Lechín nació en la ciudad de
Cochabamba el 17 de marzo de 1956 es hijo del desaparecido líder sindical Juan
Lechín Oquendo y de la cruceña Nora Weisse. Está casado con Mónica Silez desde
hace 17 años y tiene tres hijos: Camila, Juan Gabriel y Florencia.
Estudió primaria y secundaria en Bolivia y en varios países de América Latina.
Se graduó en la Universidad de Boston en Economía en 1984. Después se dedicó a
estudiar historia Colonial y Republicana de Bolivia. Su primera novela fue El
festejo del deseo, editada en 1991 gracias a que obtuvo el Premio Gutentagh. Con
la obra de teatro Fernando el Caótico ganó el Premio Municipal de Literatura de
Santa Cruz en 1998, el Municipal de Literatura de La Paz y el de Directores de
Teatro Independientes. Algunos de sus cuentos recibieron menciones especiales en
certámenes nacionales.
Ha trabajado también en la empresa privada por varios años dirigiendo una
compañías en el rubro de plásticos, luego una de lácteos y otra de video
comercial. Fue director de la Cámara de Exportadores, trabajó como asesor de
Gravetal Bolivia y desde hace cuatro años se ha dedicado de lleno a la
literatura. El miércoles pasado inició su participación como panelista del
programa de televisión Quinto elemento que se emite por la red P.A.T.
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