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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 20, Marzo de 2004  

>>    Una ciudad para superhombres

Tenemos la impresión, que compartimos con muchas personas, de que esta ciudad nuestra de Santa Cruz de la Sierra, ha sido construida, crece y se desarrolla bajo el criterio de que sus ocupantes, todos sus ocupantes, fueron, son y serán en el futuro, superhombres.
Sólo pueden disfrutarla, recorrerla, descubrirla en su permanente agigantamiento quienes están en el uso pleno y absoluto de sus fuerzas, de sus posibilidades físicas. O porque faltan normas urbanísticas, o porque no nos da la real gana de cumplirlas o porque no hay autoridad que las haga cumplir, cada cual, en su calidad de propietario, concibe, diseña y ejecuta su sitio de residencia según su capricho.
De esta manera arbitraria tenemos, por ejemplo, en una sola cuadra, tres, cuatro o cinco niveles diferentes en las aceras. El dueño de la casa con que empieza la cuadra, fija el nivel de su acera, pero a su vecino se le antoja elevar el suyo tres centímetros y al de más allá bajarlo dos. Así, las aceras de esta nuestra ciudad Santa Cruz de la Sierra, deben ser las más desniveladas del mundo, con bordes que aquí sobresalen, con planos más bajos allá, alturas y bajuras, en fin, a gusto y sabor de cada cual.
Y como tenemos que incluir en nuestro sitio de residencia un garaje para poner lejos de los ladrones nuestro motorizado, entonces cada propietario da la forma, la altura, la filigrana del acceso vehicular. No son pocos, además, los propietarios que mantienen años de años a cielo abierto los canales de drenaje de sus aguas servidas domiciliarias.
Terribles trampas los desniveles, trampas mortales muchos de ellos. Los cortos de vista, que somos legión, muchas veces, incontables, hemos caído en estas trampas con serias consecuencias, con daños físicos graves, algunos de ellos realmente irremediables.
Pero no son solamente los cortos de vista los que están amenazados por estas trampas. Con la mala, con la insuficiente calidad del alumbrado público que sumerge en penumbra espesa a barrios enteros durante las noches, quién, por muy vista de águila que tenga, puede considerarse protegido frente a la infinidad de las trampas callejeras. ¡Nadie, sin duda!
Un inválido en su silla de ruedas está imposibilitado de circular por sus propios medios en esta ciudad diseñada para superhombres. Es que al terminar la cuadra no se ha tenido el cuidado de hacer un declive suave para que, con su propia fuerza, el inválido impulse su silla de ruedas y suba o baje de la acera. El inválido y su silla no tienen cabida en esta ciudad que es sólo para los saludables y los fuertes.

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