A la caza de guiones. Hollywood necesita ideas frescas
Director. Martin Scorsese negocia para dirigir el remake de Infernal Affairs, el filme de gánsters cantoneses.
Página 12 ©Copyrigut
Tras el éxito de El Aro, el remake estadounidense de un policial de terror
japonés, Hollywood no para
de comprar guiones originales asiáticos para rehacerlos a su manera. En
especial, los productores corren
como locos en busca de filmes de terror y violencia. ¿Sequía creativa o romance
bicultural?
Mientras su biografía sobre Howard Hu- ghes entra en posproducción, Martin
Scorsese negocia para dirigir el remake de Infernal Affairs, el filme de
gánsters cantoneses que está estrenándose en diversos países occidentales. Cruda
e ingeniosa, la película cuenta una historia de infiltraciones cruzadas, con un
policía que se introduce en los grupos criminales y un mafioso que hace lo
propio en las fuerzas de seguridad de la ex colonia inglesa. La versión de
Scorsese (que casi con certeza será protagonizada por Brad Pitt) ya ha sido
bautizada, al parecer sin intenciones irónicas, Pandillas de Hong Kong.
¿Homenaje o robo? “Se han quedado sin ideas”, brama el escéptico director de
fotografía de Infernal Affairs Chris Doyle, el legendario ojo de Wong Kar Wai.
No parece haber pasado tanto tiempo desde que Hollywood lanzara su persecusión
sobre Hong Kong y desapareciera llevándose a John Woo, Jet Li y Jackie Chan.
Pero esta vez los estudios salieron de shopping por todo el territorio de Asia.
Gracias a un puñado de productores asiático- americanos que trabajan en Los
Angeles (principalmente Roy Lee y su compañía Vértigo), los derechos para
reediciones se están vendiendo como pan caliente. Hasta el momento, la mayor
venta fue la del filme japonés de terror Ringu, que fue rehecho con el título La
llamada. Ringu no se estrenó en Estados Unidos ni tuvo distribución alguna, lo
que constituye un triste síntoma del aislamiento cultural norteamericano. El
resultado, sin embargo, arrasó con la taquilla, vendió dos millones de DVD el
día de su lanzamiento y tiene ahora una secuela en camino. El Aro preparó el
terreno para la venta acelerada de ideas y guiones asiáticos; Miramax (que
desató la estampida en 2001) compró My Wife is a Gangster (Corea) para Queen
Latifah y ¿Bailamos? (Japón) para Jennifer López y Richard Gere, y la
tragicomedia coreana My Sassy Girl acaba de ser adquirida por la compañía
productora de Madonna.
Los tiburones de Hollywood están especialmente dispuestos a abalanzarse sobre
cualquier película de terror del estilo de Phone, que fue comprada recientemente
por Dreamworks. Hamish McAlpine (distribuidor londinense de Infernal Affairs)
observa que, desde El Aro, los productores que no tienen un remake asiático en
carpeta parecen no estar trabajando. “Por otro lado, todos tienen miedo de
proponer una idea original: lo único que quieren son franquicias y dinero
fácil”. Hay otra buena razón que explica por qué Hollywood se ha vuelto loco por
Oriente. Se llama China. Warner acaba de cerrar un acuerdo para abrir complejos
de exhibición en toda la República Popular y Rupert Murdoch lleva años tratando
de hacerse de una porción de la torta. Chris Doyle, que también fotografió Hero,
de Zhang Yimou, abriga pocas dudas al respecto. “Hero probó que se podía hacer
dinero en China con una producción estilo Hollywood”, dice. En honor a la
verdad, el tráfico entre Hollywood y Oriente ha sido en general de doble mano.
No es ningún secreto que Kurosawa reexportaba películas de cowboys a los EEUU
bajo la forma de historias de samuráis. Infernal Affairs, por otro lado, tiene
algo más que un toque del Fuego contra fuego de Michael Mann.
Parece altamente posible que una compañía china compre un estudio del tamaño de
la Universal Pictures o incluso la mismísima Disney. “Va a ser una operación
masiva”, dice Blake Murdoch, jefe del departamento asiático del Hollywood
Reporter, una de las revistas de la industria. “Se viene un boom de la
construcción de cines en Corea y China, y a pesar de las advertencias de que
está por explotar, la burbuja cinematográfica coreana sigue creciendo”. Aunque
algunos temas son intraducibles de una cultura a la otra, advierte Blake, es
sorprendente, a veces, cuántos sí son traducibles. Montado en esta tendencia
reciente está Je-yong Lee, el sosegado director cuyo Untold Scandal (una versión
coreana de Las relaciones peligrosas exquisitamente traspuesta a la escena
imperial del siglo XVIII) rompió récords de taquilla en su país y tuvo gran
éxito en el último festival de Berlín. El imperativo económico de quedarse con
un pedazo de la creciente economía coreana y la atracción natural que siente
Hollywood hacia su nueva y dinámica industria cinematográfica han capturado a
las mentes ejecutivas de Hollywood. De una manera u otra, la industria
norteamericana debe posicionarse para ganar el premio mayor: China.
Quizás el actual torrente de remakes hollywoodenses termine por hacerse de una
gran reserva de talentos, pero una vez que los expertos asiáticos estén en su
lugar e impartan órdenes en el mayor mercado del mundo, tal vez Hollywood se
descubra cambiado, cambiado para siempre y desde adentro. En realidad, es la
historia más antigua del mundo: una historia de amor. Hollywood, sean cuales
sean sus impuras motivaciones, se ha enamorado de Oriente.
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