La ‘industria
de la lástima’
está en auge
Riesgo. Un 40% de la explotación infantil la propician los padres, dice Defensoría
Darwin Pinto Cascán
16 menores privados de libertad realizan
terapia ocupacional
Riesgo. De 2002 a la fecha han muerto 26 niños trabajadores en las
rotondas
La pasta dental que se ha puesto en los párpados y alrededor de la boca, le
quema la piel como si una avispa embravecida por el terrible sol del mediodía le
acabara de picar. Mientras espera a que el semáforo cambie su verde dinámico al
rojo de la inmovilidad, (que será la señal para el inicio de su número artístico
con limones robados del árbol de algún vecino), olvida los problemas de falta de
dinero en su casa del barrio Urkupiña, siete anillos alejado de la plaza
principal, donde vive con seis hermanos, un padre sin empleo desde hace dos años
y una madre que hace lo que puede lavando ropa ajena para que no los echen del
cuarto de alquiler donde habita la familia. Ignora que su oficio no es el del
hombre que pintándose la cara hace reír a los niños en una carpa de circo
imaginaria (como él piensa, cuando se describe como un ‘payasito’). Quizá
también desconoce que sus piruetas inexpertas de niño de nueve años provocan la
compasión de los conductores (su público) y esa reacción echa a andar los
engranajes de la ‘industria de la lástima’, con la que mantiene a su familia.
De lo que sí está seguro es que por su labor de niño artista al día ganará entre
Bs 20 y 25 para llevar a casa, comprar pan, café y cenar en familia. Pero lo más
peligroso es que ignora que su “público” no sólo le puede dar el dinero para
ganarse la vida, sino que también lo puede matar. Él no sabe (como no sabe leer,
ni escribir, aunque sí sabe contar hasta 12) que en 2002 murieron 7 niños limpia
parabrisas y malabaristas en las rotondas del segundo anillo, que en 2003
fallecieron 18 de sus ‘colegas’ atropellados por vehículos, mientras que en 2004
ya falleció otro menor en esas circunstancias y dos fueron hospitalizados, según
datos de la Defensoría de la Niñez, que es la que paga las curaciones, según su
director, Julio César Rendón.
Luz roja: Juan (nombre ficticio) salta a la vía del segundo anillo en la rotonda
de la avenida Paraguá para ganarse un buen sitio antes de iniciar su número. Se
acomoda frente a los vehículos que ronronean con el motor hirviendo, hace la
venia de respeto a su público improvisado, y con los limones magullados de tanta
labor, eclipsa al sol por fracciones de segundos a cambio de unos centavos.
"A los padres de estos niños parece que sus hijos no les importan. Cuando alguno
muere, lo primero que hacen es presionar a la Defensoría para cobrar los $us
3.000 del SOAT. El 40% de los niños que trabajan en las rotondas son explotados
por sus padres", dice Rendón.
Griselda (40, nombre ficticio), madre de uno de los menores que llega hasta una
rotonda con una bolsa llena de sopa para darle a uno de sus tres hijos, dice que
no se trata de explotación. "No hay plata. A ellos es más fácil que les den
dinero", afirma.
Rendón discrepa: "Los padres envían o prestan a sus hijos a terceros. Mientras
más niños mejor, los visten con andrajos miserables para inspirar compasión y
recibir más dinero. Eso es una industria de la lástima", afirma, y agrega que en
el caso de las muertes de estos menores en las rutas, también tienen
responsabilidad aquellos ‘bienechores culpables’ que desde sus vehículos dan
dinero. Eso, más la crisis económica ha hecho que los malabares, limpiar
parabrisas y cantar en buses se haya incrementado, por lo que en las calles hay
al menos 500 menores trabajando a diario, dice. "No podemos prohibir que los
niños pidan dinero y que aquellos que tienen les den, pero sí podemos preservar
su vida. Pedimos a la Policía que en las rotondas no permitan que los niños
corran riesgos y que la gente no les dé dinero", afirma.
La Defensoría tiene Bs 1 millón para la inserción laboral por tres meses de esos
menores, siempre que tengan más de 14 años. Se los capacita en jardinería y por
Bs 700 trabajan en Ornato de la Alcaldía.
El código Niño, Niña y Adolescente fija que todo menor tiene derecho a la
protección laboral (art.125), que 14 años es la edad mínima para trabajar (art.126)
y que se prohíben trabajos peligrosos y atentatorios a la dignidad (art. 133).
Luz verde: Juan extiende la mano sucia de tanto esfuerzo y por una ventanilla
emerge su primera moneda del día.
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