¿Quién ganó y quién perdió en España?
Mario Rueda Peña
Tras los atentados terroristas de Madrid, el Partido Socialista Obrero
Español (PSOE) trocó su papel de contendiente electoral por el de pescador en
río revuelto.
Faltaban apenas 48 horas para que el pueblo acudiera a las urnas y había que
atrapar todo cuanto en las aguas ensangrentadas por los 200 muertos y más de un
millar de heridos ayudase a condicionar a la masa votante en contra del
candidato del Partido Popular. Así que en las principales ciudades de España
lanzó a pequeñas multitudes contra las sedes de la sigla gobernante, izando
pancartas que acusaban a Aznar de la tragedia. Al fin y al cabo, la masacre era
la réplica del extremismo islámico a la participación de España en la cuestión
de Irak…
Anteriormente, el Partido Popular había cometido un descomunal despropósito. Se
esforzó por concentrar la atención del pueblo en ETA. Alegó que la condenable
masacre era obra del terrorismo endógeno y no de Al Qaeda. La primera
posibilidad perjudicaba al PSOE, más aún si éste, en su desesperada búsqueda de
votos, había cortejado a grupos ultranacionalistas sindicados de mantener nexos
con los violentistas nativos. La segunda amenazaba a Aznar y a su candidato
presidencial, como que se fueron electoralmente al diablo, cuando el cúmulo
indiciario le dio la razón al PSOE. El voto pánico revertiría en contra suya el
cuadro de las preferencias político-partidarias cuyas cifras, hasta antes del
atentado, les favorecía, por cierto no en términos de mayoría absoluta, pero en
porcentajes suficientes como para formar gobierno con aliados de agrupaciones
políticas menores. El shock por lo ocurrido en Atocha sacó de su escondrijo
hogareño a esa porción de la masa votante que en España quería darle las
espaldas a las urnas porque ya no cree en nada ni en nadie. Lo demás lo hizo la
incontinencia emocional sucedánea de las bombas, los muertos y heridos. Los
indecisos fueron a las urnas no solo con lágrimas en los ojos, sino también con
la firme determinación de sacar del Palacio de la Moncloa a Aznar y sus hombres,
a quienes responsabilizaban por lo sucedido. No influyeron para nada los éxitos
del gobierno centro-derechista en cuanto a ingresos y empleos, cuyos índices
habían mejorado en forma ostensible. En las urnas, los tímpanos de los electores
seguían vibrando con las explosiones de Atocha, bloqueando el paso a fragores
asociados a tan buenos parámetros.
¿Quién ganó y quién perdió en España?. La victoria real correspondió al
terrorismo internacional. En menos de 48 horas, no solo puso a la patria de
Cervantes con las manos en alto, sino la hizo girar de la derecha (Partido
Popular) al centro-izquierda (Partido Socialista). De paso, la obligó a cambiar
de actitud gubernamental respecto a los violentistas de ETA, que le deben a
España miles de muertos. De ahora en adelante, los nacionalistas vascos y
catalanes adquirirán mayor gravidez en la política española. Eso de que “los
enemigos de mis enemigos son mis amigos” bien podría estar rigiendo para
‘etarras’ e islámicos extremistas. ¿Cómo descartar un entendimiento u alianza
táctica entre terroristas españoles y árabes (marroquíes, particularmente)?
Repetimos, en España, ganó el terrorismo. Ahora tiene el camino abierto para
hacer lo mismo en los países miembros de la coalición bélica que invadió Irak.
Sin duda que ya ha colocado a los propios Estados Unidos en la mira, donde a
fines de este año se realizarán elecciones presidenciales. Sabe que el hombre es
un animal asustadizo. Ha comprobado que en medio de detonaciones, muertos y
heridos, es el instinto y no la razón el que le marca el voto en las urnas.
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