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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 18, Marzo de 2004

../images/blanco.gifPreso en su propio laberinto



Carlos Dabdoub Arrien

A propósito de una última encuesta sobre el gobierno del actual Presidente de la República, han surgido diferentes opiniones que, en todo caso, llevan a una conclusión: el Poder Ejecutivo –al igual que los anteriores– está preso en su propio laberinto; es decir, cohabita con un Estado que defiende a ultranza el andinocentrismo, bajo la presión de políticos, fuerzas sociales y económicas próximos al Palacio Quemado.
Ejemplos recientes lo demuestran. Veamos. ¿Qué hacía el Canciller de Bolivia en la Asamblea de la Paceñidad, apoyando un brote chauvinista reaccionario por impedir que el Congreso de la República sesione en cualquier lugar del país en caso de sentirse amenazado? ¿No es lesivo que el propio Ministro de Educación salga en los canales de la televisión cruceña hablando en una lengua que no es nativa de Santa Cruz? ¿Es integradora la actitud del Presidente de Bolivia cuando ,en su mensaje de fin de año, usa sólo símbolos tradicionales de una cultura propia de las tierras altas, desdeñando la diversidad a la que hace referencia la Constitución? ¿Qué pasó con los parlamentarios que en sus regiones se desgarran las vestiduras por la descentralización o la autonomía departamental, mientras que al unísono aprueban el artículo 1º de la nueva Carta Magna, reconociendo el unitarismo a secas, el statu quo.
A ello sumemos la crucifixión de los jubilados en Santa Cruz, que buscan desde hace tiempo el que reconoce a sus derechos, incumplidos por la burocracia estatal o la protesta del Colegio de Abogados contra la posesión irregular en reparticiones públicas de profesionales enviados por el gobierno, desconociendo el mérito de los que trabajan acá. ¿Qué decir de la falta de recursos en la Policía, Migración y Correos en esta región, mientras ingentes montos se centralizan, o de los arteros insultos que reciben los cruceños y sus instituciones a través de medios oficialistas de comunicación, no sólo de La Paz, alimentando un resentimiento hacia la gente oriental azuzado por autoridades y dirigentes de la sede gubernamental, llamada ‘el crisol de la bolivianidad’? ¿Por qué nos ‘tabean’ Mutún, el alcohol carburante, la tierra para los lugareños que no la tienen y se quieren repartir Isiboro Sécure?
¿Acaso es justo que otros decidan sobre el destino del gas que hay en el Chaco, cuando nunca nos preguntaron si se podía exportar la plata, el estaño o el litio? ¿Quiénes vendieron a Chile la costa del Pacífico o el Acre a los brasileños? ¿Alguien puede asegurar que en la Constituyente -en la que los cambas serán una minoría nacional diferenciada-, se aprobarán las autonomías, un proyecto rechazado públicamente por el occidente boliviano?
Frente a lo anterior, la gente se inclina a pensar que lo dicho por un notable historiador cruceño contemporáneo cobra cada vez más fuerza: “No es que Santa Cruz quiera separarse, lo que pasa es que no lo quieren”.

www.nacioncamba.org

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