Preso en su propio laberinto
Carlos Dabdoub Arrien
A propósito de una última encuesta sobre el gobierno del actual Presidente de
la República, han surgido diferentes opiniones que, en todo caso, llevan a una
conclusión: el Poder Ejecutivo –al igual que los anteriores– está preso en su
propio laberinto; es decir, cohabita con un Estado que defiende a ultranza el
andinocentrismo, bajo la presión de políticos, fuerzas sociales y económicas
próximos al Palacio Quemado.
Ejemplos recientes lo demuestran. Veamos. ¿Qué hacía el Canciller de Bolivia en
la Asamblea de la Paceñidad, apoyando un brote chauvinista reaccionario por
impedir que el Congreso de la República sesione en cualquier lugar del país en
caso de sentirse amenazado? ¿No es lesivo que el propio Ministro de Educación
salga en los canales de la televisión cruceña hablando en una lengua que no es
nativa de Santa Cruz? ¿Es integradora la actitud del Presidente de Bolivia
cuando ,en su mensaje de fin de año, usa sólo símbolos tradicionales de una
cultura propia de las tierras altas, desdeñando la diversidad a la que hace
referencia la Constitución? ¿Qué pasó con los parlamentarios que en sus regiones
se desgarran las vestiduras por la descentralización o la autonomía
departamental, mientras que al unísono aprueban el artículo 1º de la nueva Carta
Magna, reconociendo el unitarismo a secas, el statu quo.
A ello sumemos la crucifixión de los jubilados en Santa Cruz, que buscan desde
hace tiempo el que reconoce a sus derechos, incumplidos por la burocracia
estatal o la protesta del Colegio de Abogados contra la posesión irregular en
reparticiones públicas de profesionales enviados por el gobierno, desconociendo
el mérito de los que trabajan acá. ¿Qué decir de la falta de recursos en la
Policía, Migración y Correos en esta región, mientras ingentes montos se
centralizan, o de los arteros insultos que reciben los cruceños y sus
instituciones a través de medios oficialistas de comunicación, no sólo de La
Paz, alimentando un resentimiento hacia la gente oriental azuzado por
autoridades y dirigentes de la sede gubernamental, llamada ‘el crisol de la
bolivianidad’? ¿Por qué nos ‘tabean’ Mutún, el alcohol carburante, la tierra
para los lugareños que no la tienen y se quieren repartir Isiboro Sécure?
¿Acaso es justo que otros decidan sobre el destino del gas que hay en el Chaco,
cuando nunca nos preguntaron si se podía exportar la plata, el estaño o el
litio? ¿Quiénes vendieron a Chile la costa del Pacífico o el Acre a los
brasileños? ¿Alguien puede asegurar que en la Constituyente -en la que los
cambas serán una minoría nacional diferenciada-, se aprobarán las autonomías, un
proyecto rechazado públicamente por el occidente boliviano?
Frente a lo anterior, la gente se inclina a pensar que lo dicho por un notable
historiador cruceño contemporáneo cobra cada vez más fuerza: “No es que Santa
Cruz quiera separarse, lo que pasa es que no lo quieren”.
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