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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 16, Marzo de 2004

Tolerancia. En octubre de 2003 fue puesta a prueba en Bolivia

Tolerancia, gas y nuevas tecnologías para bolivia


Informe. El PNUD presentará su reporte nacional sobre Desarrollo Humano titulado Interculturalismo y globalización, la Bolivia posible. La población manifiesta cierto optimismo con respecto al futuro


T. Imaña /E. La Fuente

VER INFOGRAFÍA

Cierto optimismo con respecto a la situación de Bolivia a futuro, es el detectado por el informe nacional de Desarrollo Humano 2004, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un 49% de los bolivianos opina que la situación del país en 2025 será mejor que ahora. Asimismo, existe un 97% que en la actualidad está orgulloso de ser boliviano.
El informe titulado Interculturalismo y globalización, la Bolivia posible, se presentará hoy en Cochabamba y aborda como temas principales la tolerancia intercultural, el gas como motor de cambios económicos y las nuevas tecnologías como uno de los nexos que permiten ingresar en la globalización.
La posibilidad de un Presidente indígena para el país, no es bien recibida por los pobladores de los llanos orientales; el 43% manifiesta su rechazo. Al contrario, en el altiplano es un 52% el que lo acepta. En los valles, aunque las posiciones no están muy definidas existe una leve inclinación favorable.
Sin embargo, no sólo el sector geográfico determina el rechazo o no de un Presidente indígena, también lo hace el nivel socioeconómico; señal de ello es que el 40% de los sectores altos y medios, lo reprueban. “A más pobres, más simpatía tienen por un líder político indígena situado en la cúpula del Estado”, indica el informe.
Y es que los bolivianos toleran más a quienes comparten los mismos referentes, mientras que guardan grandes distancias con quienes son diferentes. Los índices de alta tolerancia son reducidos, apenas llegan al 36% en los sectores socioeconómicos altos y medios, contrastando con los de baja tolerancia que llegan hasta un 81% en las diferentes regiones, espacios étnicos o niveles socioeconómicos.
El interculturalismo entendido como una manera de atenuar la beligerancia de las diferencias propias de la diversidad cultural del país, y como una forma de aprender a intercambiar y convivir en una comunidad nacional, es la que promueve este informe del PNUD.
Debido a esa diversidad existe una ‘sed de nación’, lo que no implica que exista una cohesión nacional, menciona el documento. Ello se hace evidente cuando la población responde sobre su identidad mestiza. Un 76% de los bolivianos lo admite, pero si se trata del grupo aimara, sólo un 64% lo hace; mientras que los quechuas, un 89%, sí se consideran mestizos. Estas diferencias hacen pensar en que la unidad nacional continúa siendo un tema pendiente, señala el reporte.
En otro ámbito, el de las nuevas tecnologías, los bolivianos aspiran a conectarse a Internet si tuvieran las posibilidades. Las limitaciones que mencionan tienen que ver con el precio elevado y por la falta de conocimiento, entre las más importantes. El 21% de la población es reacio a la red de redes, este grupo lo componen sobre todo, dice el informe, los sectores de bajos recursos, personas mayores y residentes de las áreas rurales.
A pesar de que sólo un 3% de los bolivianos posee una conexión a Internet en su casa, un 25% lo ha usado alguna vez. El reporte le atribuye ese porcentaje a la proliferación de cafés Internet, desde los cuales se puede acceder a la gran red por precios bajos. Es que los bolivianos buscan dar el salto tecnológico, pero no se atreven a correr el riesgo, es otro de los resultados de este estudio.

“Un Estado marginado de sus funciones económicas”

“¿Falló la implementación de las reformas liberales o estuvo errada su propia concepción?” se preguntan los autores del informe.
La conclusión a la que llegan es que hubo dos omisiones fundamentales en la aplicación de las medidas de transformación: se marginó excesivamente al Estado de sus funciones económicas, y por otra parte, se incorporó de manera muy marginal y escasa el uso de nuevas tecnologías en la productividad.
Por ello, el reporte del PNUD sugiere un fortalecimiento del estado, de manera que se convierta en un agente activo de la recuperación productiva, promueva un pacto fiscal para recaudar más y se transforme en un aliado efectivo de los sectores privados. Lo que es corroborado por un 61% que ve al estado como principal responsable del desarrollo del país.
La propuesta no será posible sino con el gas natural, visto como foco central de generación, acumulación y difusión de conocimiento en la economía boliviana. Esto porque los recursos generados por la exportación y explotación de este recurso energético deberían servir para alentar actividades económicas de alto impacto en las exportaciones, el crecimiento, el empleo, la reducción de la pobreza y el incremento del desarrollo humano. La actividad relacionada con el gas deberá llevar hacia un desarrollo de destrezas propias de una industria de alto desempeño técnico y humano.
No por nada, la importancia que le asignan los bolivianos a este hidrocarburo está relacionada con su impacto en el desarrollo social, y es también por ese motivo que un acuerdo o pacto entre bolivianos que aborde el tema del gas es ‘muy importante’ para un 84% de la población.

Fernando Calderón | Sociólogo

Informe de cielo y purgatorio

El informe pretende ser una respuesta a mediano plazo a la coyuntura actual, tratando de cruzar entre interculturalismo e inserción activa a la globalización. El problema central de corto plazo es cómo se resuelve el déficit fiscal, qué medidas económicas apuntan para resolverlo y cómo avanza en la línea de una nueva Bolivia, ese es el corazón del asunto. Habrán algunos cambios en la política tradicional del país, si se logra concentar los impuestos con cierto grado de consenso y con cierto grado de equidad. Con menor costo social, no a los grupos más activistas, sino a los más pobres, porque los de El Alto no son los más pobres, son los del norte de Potosí. Si se lograra hacer eso, la sostenibilidad de las medidas económicas, se estaría fomentando un mínimo grado de mayor equidad entre distintos grupos interculturales.
Los problemas de coyuntura son en realidad problemas de estructura. Si nosotros resolvemos genuinamente el plebiscito del gas, con base a una concertación, resultado de una genuina deliberación con transparencia y podemos conciliar intereses, habremos avanzado un poco. Esta es la línea de avanzada. Sé que esto es muy difícil porque el sistema de intereses es brutal, en algún momento, cuando hacíamos los estudios sobre las transnacionales y los precios del gas, empecé a rayarme porque no confiaba en nadie. Nunca sabíamos que cuando estábamos con un interlocutor estábamos hablando con un representante de determinado interés o de otro interés, aunque éste sea ultraizquierdista o ultraindigenista.
El único camino que hay en esto, y no hay otro, si se quiere llegar a un nuevo acuerdo es resolver desde las pequeñas cosas de la coyuntura, como esta ley que nos tiene bloqueados a todos, con un sentido de equidad, un sentido de transparencia, con sentido de institucionalidad y con sentido de estabilidad. Si logramos hacer eso, vamos a ganar todos. Y eso es muy difícil.
Cuando preguntamos sobre los impuestos, todos quieren que el otro pague impuestos. Aquí hay un problema de poder concertar y como los canales políticos están bloqueados, hay una crisis de gobernabilidad entre el Parlamento y el Ejecutivo, esto se hace muy difícil y probablemente podríamos haber hecho un informe sobre este infierno. Hemos hecho un informe con pretensiones de cielo y purgatorio.
Podía haber pintado, con una crudeza empírica brutal que eso no es viable y que necesitamos un ciclo autoritario y que la economía se vaya al bombo.
Si esto se bloquea, si esto se desestabiliza, si esto llega a fragmentarse, los intereses corporativos y sentidos de unidad nacional, en el ejército, en las potencias extranjeras van a actuar, y van a dar una receta que nosotros mismos no hemos podido darnos. Hemos visto eso en Haití, que mal que mal no somos tan diferentes.
Es muy delicado lo que estamos viviendo. Lo que hay que aprender, y esta es mi respuesta general, es lo que yo le llamo el síndrome Melgar, que hace referencia a ese maravilloso jugador de fútbol que sabía jugar un partido, adelantar, atrasar y regular lo que era posible y lo que le convenía más a su equipo. Cómo logramos tener ese sentido común en la política en el corto plazo.

 

 

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