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Cierto optimismo con respecto a la situación de Bolivia a futuro, es el
detectado por el informe nacional de Desarrollo Humano 2004, del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un 49% de los bolivianos opina
que la situación del país en 2025 será mejor que ahora. Asimismo, existe un
97% que en la actualidad está orgulloso de ser boliviano.
El informe titulado Interculturalismo y globalización, la Bolivia posible,
se presentará hoy en Cochabamba y aborda como temas principales la
tolerancia intercultural, el gas como motor de cambios económicos y las
nuevas tecnologías como uno de los nexos que permiten ingresar en la
globalización.
La posibilidad de un Presidente indígena para el país, no es bien recibida
por los pobladores de los llanos orientales; el 43% manifiesta su rechazo.
Al contrario, en el altiplano es un 52% el que lo acepta. En los valles,
aunque las posiciones no están muy definidas existe una leve inclinación
favorable.
Sin embargo, no sólo el sector geográfico determina el rechazo o no de un
Presidente indígena, también lo hace el nivel socioeconómico; señal de ello
es que el 40% de los sectores altos y medios, lo reprueban. “A más pobres,
más simpatía tienen por un líder político indígena situado en la cúpula del
Estado”, indica el informe.
Y es que los bolivianos toleran más a quienes comparten los mismos
referentes, mientras que guardan grandes distancias con quienes son
diferentes. Los índices de alta tolerancia son reducidos, apenas llegan al
36% en los sectores socioeconómicos altos y medios, contrastando con los de
baja tolerancia que llegan hasta un 81% en las diferentes regiones, espacios
étnicos o niveles socioeconómicos.
El interculturalismo entendido como una manera de atenuar la beligerancia de
las diferencias propias de la diversidad cultural del país, y como una forma
de aprender a intercambiar y convivir en una comunidad nacional, es la que
promueve este informe del PNUD.
Debido a esa diversidad existe una ‘sed de nación’, lo que no implica que
exista una cohesión nacional, menciona el documento. Ello se hace evidente
cuando la población responde sobre su identidad mestiza. Un 76% de los
bolivianos lo admite, pero si se trata del grupo aimara, sólo un 64% lo
hace; mientras que los quechuas, un 89%, sí se consideran mestizos. Estas
diferencias hacen pensar en que la unidad nacional continúa siendo un tema
pendiente, señala el reporte.
En otro ámbito, el de las nuevas tecnologías, los bolivianos aspiran a
conectarse a Internet si tuvieran las posibilidades. Las limitaciones que
mencionan tienen que ver con el precio elevado y por la falta de
conocimiento, entre las más importantes. El 21% de la población es reacio a
la red de redes, este grupo lo componen sobre todo, dice el informe, los
sectores de bajos recursos, personas mayores y residentes de las áreas
rurales.
A pesar de que sólo un 3% de los bolivianos posee una conexión a Internet en
su casa, un 25% lo ha usado alguna vez. El reporte le atribuye ese
porcentaje a la proliferación de cafés Internet, desde los cuales se puede
acceder a la gran red por precios bajos. Es que los bolivianos buscan dar el
salto tecnológico, pero no se atreven a correr el riesgo, es otro de los
resultados de este estudio.
“Un Estado marginado de
sus funciones económicas”
“¿Falló la implementación de las reformas liberales o estuvo errada su
propia concepción?” se preguntan los autores del informe.
La conclusión a la que llegan es que hubo dos omisiones fundamentales en la
aplicación de las medidas de transformación: se marginó excesivamente al
Estado de sus funciones económicas, y por otra parte, se incorporó de manera
muy marginal y escasa el uso de nuevas tecnologías en la productividad.
Por ello, el reporte del PNUD sugiere un fortalecimiento del estado, de
manera que se convierta en un agente activo de la recuperación productiva,
promueva un pacto fiscal para recaudar más y se transforme en un aliado
efectivo de los sectores privados. Lo que es corroborado por un 61% que ve
al estado como principal responsable del desarrollo del país.
La propuesta no será posible sino con el gas natural, visto como foco
central de generación, acumulación y difusión de conocimiento en la economía
boliviana. Esto porque los recursos generados por la exportación y
explotación de este recurso energético deberían servir para alentar
actividades económicas de alto impacto en las exportaciones, el crecimiento,
el empleo, la reducción de la pobreza y el incremento del desarrollo humano.
La actividad relacionada con el gas deberá llevar hacia un desarrollo de
destrezas propias de una industria de alto desempeño técnico y humano.
No por nada, la importancia que le asignan los bolivianos a este
hidrocarburo está relacionada con su impacto en el desarrollo social, y es
también por ese motivo que un acuerdo o pacto entre bolivianos que aborde el
tema del gas es ‘muy importante’ para un 84% de la población.
Fernando
Calderón | Sociólogo
Informe de cielo y
purgatorio
El informe pretende ser una respuesta a mediano plazo a la coyuntura
actual, tratando de cruzar entre interculturalismo e inserción activa a la
globalización. El problema central de corto plazo es cómo se resuelve el
déficit fiscal, qué medidas económicas apuntan para resolverlo y cómo avanza
en la línea de una nueva Bolivia, ese es el corazón del asunto. Habrán
algunos cambios en la política tradicional del país, si se logra concentar
los impuestos con cierto grado de consenso y con cierto grado de equidad.
Con menor costo social, no a los grupos más activistas, sino a los más
pobres, porque los de El Alto no son los más pobres, son los del norte de
Potosí. Si se lograra hacer eso, la sostenibilidad de las medidas
económicas, se estaría fomentando un mínimo grado de mayor equidad entre
distintos grupos interculturales.
Los problemas de coyuntura son en realidad problemas de estructura. Si
nosotros resolvemos genuinamente el plebiscito del gas, con base a una
concertación, resultado de una genuina deliberación con transparencia y
podemos conciliar intereses, habremos avanzado un poco. Esta es la línea de
avanzada. Sé que esto es muy difícil porque el sistema de intereses es
brutal, en algún momento, cuando hacíamos los estudios sobre las
transnacionales y los precios del gas, empecé a rayarme porque no confiaba
en nadie. Nunca sabíamos que cuando estábamos con un interlocutor estábamos
hablando con un representante de determinado interés o de otro interés,
aunque éste sea ultraizquierdista o ultraindigenista.
El único camino que hay en esto, y no hay otro, si se quiere llegar a un
nuevo acuerdo es resolver desde las pequeñas cosas de la coyuntura, como
esta ley que nos tiene bloqueados a todos, con un sentido de equidad, un
sentido de transparencia, con sentido de institucionalidad y con sentido de
estabilidad. Si logramos hacer eso, vamos a ganar todos. Y eso es muy
difícil.
Cuando preguntamos sobre los impuestos, todos quieren que el otro pague
impuestos. Aquí hay un problema de poder concertar y como los canales
políticos están bloqueados, hay una crisis de gobernabilidad entre el
Parlamento y el Ejecutivo, esto se hace muy difícil y probablemente
podríamos haber hecho un informe sobre este infierno. Hemos hecho un informe
con pretensiones de cielo y purgatorio.
Podía haber pintado, con una crudeza empírica brutal que eso no es viable y
que necesitamos un ciclo autoritario y que la economía se vaya al bombo.
Si esto se bloquea, si esto se desestabiliza, si esto llega a fragmentarse,
los intereses corporativos y sentidos de unidad nacional, en el ejército, en
las potencias extranjeras van a actuar, y van a dar una receta que nosotros
mismos no hemos podido darnos. Hemos visto eso en Haití, que mal que mal no
somos tan diferentes.
Es muy delicado lo que estamos viviendo. Lo que hay que aprender, y esta es
mi respuesta general, es lo que yo le llamo el síndrome Melgar, que hace
referencia a ese maravilloso jugador de fútbol que sabía jugar un partido,
adelantar, atrasar y regular lo que era posible y lo que le convenía más a
su equipo. Cómo logramos tener ese sentido común en la política en el corto
plazo.