Dato que no deben ignorar
Mario Rueda Peña
De una última encuesta se infiere que en Bolivia la mayoría social del país
da las espaldas a los partidos políticos y a dirigentes de sectores
corporativos. El sondeo fue realizado por la Universidad de San Francisco de
Asís en las ciudades de El Alto y La Paz, abarcando un universo social de 750
personas.
Cabe recordar que algunos analistas coinciden en afirmar que a raíz del ‘octubre
negro’, ambas ciudades constituyen la clave de la ‘nueva Bolivia’ que estaría
emergiendo en el horizonte nacional. En consecuencia, lo menos que se puede
suponer es que hoy gocen de un altísimo índice de popularidad cuantos allí
actuaron en primera línea para hacer posible semejante alumbramiento.
Pero los resultados de la encuesta demuestran que en El Alto el tipo de la
película no es ni Evo Morales, ni Quispe, ni Solares ni De la Cruz. Al 95% de la
gente de El Alto no le es para nada confiable ni le cae simpático el casi
siempre rabioso y máximo dirigente de la COB. Apenas le apoya el 4,5% de los
encuestados. No le va mejor a Felipe Quispe, que se apunta solo el 5,5%. El
menos favorecido es De la Cruz, con apenas un 2.8%. Evo Morales baja al 12,8% en
tanto que Tuto Quiroga asciende al 28,1%. Los partidos políticos tradicionales
(MNR, ADN, MIR, NFR, etc.) continúan achicándose. Ninguno supera el 8%.
El tipo de la película en dichas urbes altiplánicas es Carlos D. Mesa, con un
apoyo de más del 70%, porcentaje que ya le habían acreditado anteriores
encuestas. Esto explica por qué nadie le rechiflara, sino aplaudiera, cuando
hace poco realzó con su presencia los actos conmemorativos de la fundación de El
Alto.
En síntesis, la mayoría silenciosa de La Paz y El Alto descalifica y rechaza a
dirigentes de sectores corporativos a raíz de los esfuerzos que despliegan por
hundir al país en el caos social y le echa cruces a los viejos y nuevos partidos
cuyos representantes en el Parlamento no hacen lo que deben respecto a las
medidas propuestas para resolver el grave asunto del déficit fiscal. Acaso
aquella mayoría alcance un índice mucho mas alto todavía en las demás ciudades
del país. Los ciudadanos que la conforman anhelan paz social y normalidad
política , así como políticas estatales que permitan dejar atrás la crisis,
mejorando los ingresos y el empleo.
Claro, estamos ante una mayoría silenciosa no organizada. Por tanto, pasiva,
pero que estampa con bilis en su registro memorístico los nombres de las figuras
y siglas a castigar con el voto cuando acuda a las urnas, por actuar a
contrapelo de sus intereses y expectativas.
Naturalmente que el objetivo de algunos es hacer que el crédito de Mesa se
achicharre en el fuego de la convulsión social que le preparan sectores
descalificados por la mayoría silenciosa del país. Pero serán más bien ellos
quienes se incineren en aquel caldero si el Presidente de la República enfrenta
la emergencia con la decisión, responsabilidad e idoneidad que de él espera el
pueblo. El 70% de apoyo popular a Mesa , índice no alcanzado desde 1982 por
ninguno de sus predecesores en la Presidencia de la República, constituye un
dato que ni los partidos ni los sectores corporativos pueden ignorar.
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