Antisemitismo
Mónica Schwartz
Alguna vez, alguien me dijo que la mejor manera de combatir el antisemitismo
era no dándole importancia. Probablemente, esta sería una reacción sensata,
sobreentendiendo que el fanatismo, y no otra cosa, es lo que promueve estas
manifestaciones. A modo personal, como judía, he sabido mantenerme indiferente,
pero, las expresiones de esta naturaleza no han cesado. Hace un mes, aparecieron
esvásticas nazis en las puertas y paredes de la sede social de la comunidad
judía de La Paz, y un mensaje que decía ‘Palestine Free’ (Palestina libre), y
‘Juden Raus’ (judíos fuera), aludiendo al mismo mensaje que despertó a los
ciudadanos judíos alemanes la noche de los cristales rotos, cuando comenzó,
quizás, la peor de las tragedias para la humanidad. El antisemitismo, como tema,
es de lo más desalentador. Si le sirve de interés a alguien, será solo a los
historiadores y a los mismos judíos, que tienen que lidiar con él. Ser judío es
difícil. Hace más de dos mil años que son perseguidos y nadie, ni siquiera sus
perseguidores, sabe por qué. ¿Habrá alguien, todavía, capaz de justificar este
fenómeno patológico?
Así como no nos representa aquel judío, un demente, que mató a Isaac Rabin,
tampoco nos representa Caifás o cualquiera de los Sumos Sacerdotes, oligarcas
corruptos que pertenecían al grupo de los saduceos ricos, pro-Roma en su
política, que pagaban coimas a Pilatos para que los invistiera con sus rangos.
Jesús, en todo caso, era un judío valeroso que tuvo el ánimo para enfrentarse
con Caifás y encararle su actitud, contraria a las leyes judaicas, y su
corrupción. Si abrimos las páginas del registro de los premios Nobel del mundo,
vamos a encontrar largas listas de hombres y mujeres judíos que, en todas las
áreas de la vida, han contribuido de forma positiva al mundo entero, al progreso
de la humanidad. Y el estado de Israel, hoy tan asediado, Jerusalén, el lugar
donde el Rey Salomón le dio a nuestro pueblo ese gran templo y años de paz y
crecimiento, estaba en un estado de completo abandono hasta que fue cedido a los
judíos, lo cual sucedió después del genocidio de seis millones de inocentes, que
quizás el mundo pueda o quiera olvidar, pero que significan seis millones de
razones para cada uno de nosotros, dentro o fuera de Israel, para luchar por
nuestro derecho a existir en este planeta. Israel, a pesar de la hostilidad, el
terrorismo, las guerras y el duelo, es hoy un estado progresista y luminoso,
pobre en recursos naturales pero próspero en logros impresionantes a nivel
científico y tecnológico. Miles de jóvenes del Tercer Mundo han sido y son
entrenados en la agricultura, la medicina y en la dirección de organizaciones
sociales. Los judíos hicieron crecer flores en un desierto, pero la persecución
también nos enseñó que debemos defendernos. Ése, y ningún otro, es el motivo que
tiene Israel para actuar como lo hace militarmente.
* Directora del Jardín Amanecer Montessori – Presidenta del Círculo Israelita de
Santa Cruz.
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