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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 16, Marzo de 2004

../images/blanco.gifAntisemitismo



Mónica Schwartz

Alguna vez, alguien me dijo que la mejor manera de combatir el antisemitismo era no dándole importancia. Probablemente, esta sería una reacción sensata, sobreentendiendo que el fanatismo, y no otra cosa, es lo que promueve estas manifestaciones. A modo personal, como judía, he sabido mantenerme indiferente, pero, las expresiones de esta naturaleza no han cesado. Hace un mes, aparecieron esvásticas nazis en las puertas y paredes de la sede social de la comunidad judía de La Paz, y un mensaje que decía ‘Palestine Free’ (Palestina libre), y ‘Juden Raus’ (judíos fuera), aludiendo al mismo mensaje que despertó a los ciudadanos judíos alemanes la noche de los cristales rotos, cuando comenzó, quizás, la peor de las tragedias para la humanidad. El antisemitismo, como tema, es de lo más desalentador. Si le sirve de interés a alguien, será solo a los historiadores y a los mismos judíos, que tienen que lidiar con él. Ser judío es difícil. Hace más de dos mil años que son perseguidos y nadie, ni siquiera sus perseguidores, sabe por qué. ¿Habrá alguien, todavía, capaz de justificar este fenómeno patológico?
Así como no nos representa aquel judío, un demente, que mató a Isaac Rabin, tampoco nos representa Caifás o cualquiera de los Sumos Sacerdotes, oligarcas corruptos que pertenecían al grupo de los saduceos ricos, pro-Roma en su política, que pagaban coimas a Pilatos para que los invistiera con sus rangos. Jesús, en todo caso, era un judío valeroso que tuvo el ánimo para enfrentarse con Caifás y encararle su actitud, contraria a las leyes judaicas, y su corrupción. Si abrimos las páginas del registro de los premios Nobel del mundo, vamos a encontrar largas listas de hombres y mujeres judíos que, en todas las áreas de la vida, han contribuido de forma positiva al mundo entero, al progreso de la humanidad. Y el estado de Israel, hoy tan asediado, Jerusalén, el lugar donde el Rey Salomón le dio a nuestro pueblo ese gran templo y años de paz y crecimiento, estaba en un estado de completo abandono hasta que fue cedido a los judíos, lo cual sucedió después del genocidio de seis millones de inocentes, que quizás el mundo pueda o quiera olvidar, pero que significan seis millones de razones para cada uno de nosotros, dentro o fuera de Israel, para luchar por nuestro derecho a existir en este planeta. Israel, a pesar de la hostilidad, el terrorismo, las guerras y el duelo, es hoy un estado progresista y luminoso, pobre en recursos naturales pero próspero en logros impresionantes a nivel científico y tecnológico. Miles de jóvenes del Tercer Mundo han sido y son entrenados en la agricultura, la medicina y en la dirección de organizaciones sociales. Los judíos hicieron crecer flores en un desierto, pero la persecución también nos enseñó que debemos defendernos. Ése, y ningún otro, es el motivo que tiene Israel para actuar como lo hace militarmente.

* Directora del Jardín Amanecer Montessori – Presidenta del Círculo Israelita de Santa Cruz.

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