Fuerzas políticas y sociales
Rodrigo Barahona Lara
Lo que acontece actualmente en el Parlamento, con los denominados diputados y
senadores ‘transversales’, que no son más que residuos de la estructura
‘partidocrática’ que gobernó el país desde 1982, es el reflejo de la
descomposición política en niveles nunca antes vistos.
El Parlamento se halla en una fase de reacomodo de piezas y reconsideración de
visiones de mundo, en el cual predominan las fuerzas políticas centrífugas,
aquellas que aún se resisten a abandonar la vieja lógica de gobernar,
caracterizada por la toma de decisiones en bloque a sola determinación del viejo
caudillo o la cúpula del partido gobernante. Pero también están las otras
fuerzas, las que recién ingresaron al sistema de la democracia representativa,
las que de manera irreverente se sustentan en las fuerzas sociales, que sirven
como caja de resonancia en caso de que se reactiven los viejos procedimientos
parlamentarios.
Ambas fuerzas, políticas y sociales, son actores colectivos con sus propias
peculiaridades. Las fuerzas políticas tradicionales, o lo que aún queda de
ellas, se basan en principios como la lealtad, la disciplina y la actuación en
bloque, sin considerar las objeciones de conciencia de los militantes que no
están de acuerdo con las decisiones adoptadas. La base social de los partidos
tradicionales está constituida por personas con lógicas aspiraciones de tipo
individual (‘pegas’, poder, prestigio), en caso de darse un triunfo que lleve al
solio presidencial a la agrupación que representan.
Las fuerzas políticas tradicionales, incluidas aquellas que absorbieron a
sectores sociales marginados de la sociedad, como UCS y Condepa, se desempeñaban
no obstante bajo cierta racionalidad y compromiso con la democracia
representativa y la preservación del Estado de Derecho. Como van las cosas, ni
el Estado de Derecho tiene asegurada ahora su continuidad (en el altiplano
paceño hay comunidades que no cuentan con policías, alcaldes ni jueces). Menos
aún la democracia de la que nos jactábamos porque creíamos que había llegado a
su mayoría de edad. Los acontecimientos del año pasado se encargaron de romper
con el mito de la ‘democracia consolidada’.
Por su parte, las fuerzas políticas ‘asistémicas’, que llegaron al Parlamento a
través del conducto callejero, han ingresado al juego de la disputa por el
poder. Su fortaleza, según ellos, se encuentra en los denominados ‘movimientos
sociales’, que son comportamientos colectivos unificados y permanentes,
orientados a la acción y en procura del cambio parcial (reformista) o total
(revolucionario) de las estructuras de la sociedad. Si las fuerzas tradicionales
están apegadas a los cánones de la democracia liberal, las segundas lo están a
la democracia sindical y el ‘comunitarismo’, con un liderazgo que recae en las
figuras de dirigentes de línea dura que acicatean a segmentos sociales
postergados.
El resultado es un nuevo campo de lucha donde se disputan las fuerzas políticas
(tradicionales y ‘asistémicas’) y unas fuerzas sociales que salieron airosas en
octubre de 2003, pero que ahora están desacreditadas frente a la ciudadanía por
sus métodos de confrontación (paros, bloqueos, violencia).
* barahonalara@yahoo.es
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