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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 16, Marzo de 2004  

>>    Castigo a la corrección

Tal vez no sea el castigo a la corrección. Tal vez pueda hablarse, asimismo, de castigo al sentido del deber y de la responsabilidad y hasta de castigo incluso al patriotismo. Y si no llega a ser castigo, por lo menos hay margen amplio para pensar en privilegios, a la par de odiosos, absurdos, y por supuesto, para hablar de ellos.
Nos referimos al tratamiento que de tanto en tanto se da en nuestro país a los contribuyentes, a los que proveen los fondos de que se nutre el erario nacional. Con periodicidad que ya se ha convertido en hábito fiscal, los mecanismos recaudadores de tributos, y por supuesto quienes los manipulan, salen con medidas de las que se habla a voces, y que no tienen otro objetivo que echar en el olvido las deudas de los morosos del Estado bajo el sistema del borrón y la cuenta nueva.
Muy lindo, incuestionablemente, para los morosos, para los que se han hecho a la costumbre de no tributar y algunos simplemente porque no les da la real gana. Mas, ¿acaso no suena a injusta discriminación, aquello del borrón y la cuenta nueva, para los que puntualmente se ponen al día con sus cargas tributarias? ¿Cuál el beneficio para los que se acogen al marco de la legalidad?
Para nadie es un secreto aquello de que en Bolivia hay sectores, numerosos y de muy holgada posición económica, que están eximidos del régimen tributario o que disfrutan de un tratamiento especial que les permite ponerse al día con cuatro reales, mientras otros asumen las cargas ominosas. ¿Hasta cuándo la política de manga ancha para unos, mientras para otros se reserva la angosta? ¿Cuándo se impondrá en nuestro país la voluntad de medir a todos con un mismo rasero o por lo menos de acuerdo con las posibilidades económicas reales de cada cual?
Mucho se habla de falta de conciencia tributaria a la hora de poner en la picota del escarnio a los “paganinis” de siempre. Nos atrevemos a pensar que más que de falta de conciencia tributaria se debe hablar de un sentimiento de rechazo frente a la falta de equidad de nuestros regímenes impositivos. Es universal y por lo tanto definitivo aquello de que, cuando la ley es pareja, nadie se queja.
Incorpórese a todos los contribuyentes sin excepción para aliviar al erario nacional de sus crónicas apreturas. Lógrese que paguen todos y veráse que el flujo de tributos no sólo que se hace permanente sino que además adquiere real volumen. Hoy por hoy el contribuyente regular se resiste pensando que no tiene por qué pagar mientras los privilegiados se la pasan de lo lindo sin que nada ni nadie los afecte económicamente. ¿Son los que pagan sus tributos los tontos? ¿Los vivos son los que no pagan? Lastima pensar que correspondemos al primer grupo, es decir a los tontos que pagamos.

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