Momento crucial
Francisco Justiniano Suárez
Es un concepto generalizado que el presidente Carlos Mesa está atravesando
uno de los peores momentos de su mandato y que ha ingresado a una zona de
turbulencia política proclive a afectar la estabilidad de su gobierno. Se
observa un virtual distanciamiento con sectores políticos que inicialmente le
brindaron su apoyo como el MBL y el MAS, junto a un claro enfriamiento en sus
relaciones con los partidos de la anterior coalición gubernamental, lo cual
vaticina que se van a enrarecer aún más las relaciones entre el Poder Ejecutivo
y el Parlamento, con la implicaciones que ello conlleva, especialmente en la
aprobación y revisión de normas legales.
Las exigencias sectoriales de transportistas, maestros, médicos, cívicos, grupos
indígenas, cocaleros, los Sin Tierra, y otros sectores, complican el horizonte
político de la actual gestión de gobierno, especialmente en el campo económico,
resultando virtualmente insalvables para un Estado como el nuestro, que está a
un paso de la quiebra con un déficit fiscal que fluctúa entre el 8 y 9 por
ciento del presupuesto y que sólo sabe Dios por qué hasta ahora no hemos caído
en una vorágine inflacionaria con toda sus consecuencias.
En medio de todo esto vemos al gobierno del presidente Mesa trastabillar en los
temas de política económica, hasta ahora no puede llegar a un acuerdo con las
transnacionales ni con los sectores sociales en el tema de la controvertida Ley
de Hidrocarburos; en el tema impositivo también ha tenido que dar marcha atrás
por presiones empresariales y de los municipios.
Por otro lado, estamos conscientes de que Carlos Mesa no apelará a la represión
cuando los sectores sociales convulsionen el país, por lo que es muy posible que
a corto plazo el historiador, critico político, intelectual, eximio comunicador
social y sobretodo un hombre animado de los mejores propósitos como es el
Presidente Mesa, se vea obligado a dejar voluntariamente su cargo si la
situación se torna insostenible.
Pero esto sería desastroso, lo peor que le podría pasar al país es que una
situación de convulsión generalizada abra paso a una intervención militar que
significaría retroceder y volver al pasado, pues todos sabemos que cualquier
democracia por más defectuosa que sea es más conveniente que el mejor de los
regímenes autocráticos y totalitarios; de ahí que consideramos que ha llegado el
momento de que los partidos políticos antiguos así como los nuevos, que tienen
su tónica de acción en el Parlamento, deben hacer un gesto patriótico para
coordinar las acciones con el Poder Ejecutivo, especialmente en los temas de
política económica, puesto que al gobierno le resulta más fácil llegar a un
acuerdo con los sectores políticos que con los sectores sociales, por su
intransigencia e intolerancia, a los cuales les pedimos serenidad y madurez en
sus demandas, porque puede que el gobierno de Mesa no sea lo ideal, pero después
de él nadie sabe qué pasará y muy posiblemente lo que ocurra sea peor que lo que
muchos pensamos.
Entonces, corresponde reflexionar y hacer nuestra parte a fin de que el proceso
democrático no se trunque y el país se desintegre, puesto que no tenemos otro.
¡Hasta la próxima!
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