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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 15, Marzo de 2004

../images/blanco.gif¿Neoliberalización de la política?



Erika Brockmann Quiroga

La política sí importa” es la premisa de una corriente que comienza a ocuparse de la crisis de intermediación de los partidos políticos e ingobernabilidad de las democracias latinoamericanas. Iniciativas como el Foro Interamericano sobre partidos políticos realizado hace semanas en Cartagena muestran que la política importa y preocupa. El ‘mea culpa’ por la desatención a lo político es el tono que hoy impregna el discurso de burócratas y líderes de organismos internacionales. En Bolivia, esta nueva ola de revalorización de la política aún no encuentra condiciones favorables para ser debatida a profundidad.
Desde la aplicación entusiasta de políticas de ajuste estructural, y la liberalización de la economía, el paisaje se inundó no sólo de mercado sino también de la idealización unilateral de la sociedad civil y de una tecnocracia despolitizada y despartidizada. Los partidos y los políticos eran los villanos de la película; sospechosos, indeseables, protagonistas de memorables escándalos que hicieron de los 90 la década de la antipolítica.
¿No será que los poderosos intereses económicos transnacionales, emblemas del neoliberalismo, pusieron en marcha una exitosa estrategia de desprestigio que diluyó la confianza puesta en el sistema de partidos cuya función suprema es hacer de lo estatal y lo público el centro ordenador de los desequilibrios del mercado y la sociedad? Independientemente de esta temeraria hipótesis, no se trata de victimizar a la ‘clase política’; aceptemos que los actores políticos, los reformadores no se reformaron a sí mismos, actuaron también de modo ‘antipolítico’ en su mala hora.
La paradoja de estos tiempos dislocados es que, mientras en el ámbito de la economía se cuestiona la ortodoxia neoliberal, a contra ruta, el reflujo neoliberal y populista en contra de los partidos se hace sentir más que nunca. La apertura del sistema de representación dispuesta en la Reforma Constitucional, y la demanda de suspender toda subvención estatal a los partidos políticos son medidas desregulatorias aplicadas al ámbito de la política que debemos asumir y entender como oportunidad.¡Cuidado con la privatización de la política! advierten unos al señalar que su ejercicio sería privilegio de grupos oligárquicos o de quienes financien a candidatos que representen intereses particulares. En democracias desarrolladas la actividad política se entiende como bien público a protegerse y los partidos políticos de varios países de la región levantan la cabeza, luego de radicales cambios internos para renovarse y desterrar sus propias ‘oligarquías’.
Esperemos que, la gradual recuperación de la economía, ayude a que las organizaciones políticas reasuman su rol articulador de soluciones en democracia. Cuando todos aplauden la neoliberalización de la política. ¿Podrán los partidos políticos, dirigentes y militantes sobrellevar esta ineludible transición que nos impone el ciclo pendular de la historia? El tema apasiona, su análisis continuará.

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