¿Neoliberalización de la política?
Erika Brockmann Quiroga
La política sí importa” es la premisa de una corriente que comienza a
ocuparse de la crisis de intermediación de los partidos políticos e
ingobernabilidad de las democracias latinoamericanas. Iniciativas como el Foro
Interamericano sobre partidos políticos realizado hace semanas en Cartagena
muestran que la política importa y preocupa. El ‘mea culpa’ por la desatención a
lo político es el tono que hoy impregna el discurso de burócratas y líderes de
organismos internacionales. En Bolivia, esta nueva ola de revalorización de la
política aún no encuentra condiciones favorables para ser debatida a
profundidad.
Desde la aplicación entusiasta de políticas de ajuste estructural, y la
liberalización de la economía, el paisaje se inundó no sólo de mercado sino
también de la idealización unilateral de la sociedad civil y de una tecnocracia
despolitizada y despartidizada. Los partidos y los políticos eran los villanos
de la película; sospechosos, indeseables, protagonistas de memorables escándalos
que hicieron de los 90 la década de la antipolítica.
¿No será que los poderosos intereses económicos transnacionales, emblemas del
neoliberalismo, pusieron en marcha una exitosa estrategia de desprestigio que
diluyó la confianza puesta en el sistema de partidos cuya función suprema es
hacer de lo estatal y lo público el centro ordenador de los desequilibrios del
mercado y la sociedad? Independientemente de esta temeraria hipótesis, no se
trata de victimizar a la ‘clase política’; aceptemos que los actores políticos,
los reformadores no se reformaron a sí mismos, actuaron también de modo
‘antipolítico’ en su mala hora.
La paradoja de estos tiempos dislocados es que, mientras en el ámbito de la
economía se cuestiona la ortodoxia neoliberal, a contra ruta, el reflujo
neoliberal y populista en contra de los partidos se hace sentir más que nunca.
La apertura del sistema de representación dispuesta en la Reforma
Constitucional, y la demanda de suspender toda subvención estatal a los partidos
políticos son medidas desregulatorias aplicadas al ámbito de la política que
debemos asumir y entender como oportunidad.¡Cuidado con la privatización de la
política! advierten unos al señalar que su ejercicio sería privilegio de grupos
oligárquicos o de quienes financien a candidatos que representen intereses
particulares. En democracias desarrolladas la actividad política se entiende
como bien público a protegerse y los partidos políticos de varios países de la
región levantan la cabeza, luego de radicales cambios internos para renovarse y
desterrar sus propias ‘oligarquías’.
Esperemos que, la gradual recuperación de la economía, ayude a que las
organizaciones políticas reasuman su rol articulador de soluciones en
democracia. Cuando todos aplauden la neoliberalización de la política. ¿Podrán
los partidos políticos, dirigentes y militantes sobrellevar esta ineludible
transición que nos impone el ciclo pendular de la historia? El tema apasiona, su
análisis continuará.
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